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Comienza la excavación arqueológica en el túnel de San Adrián

Entrada a la cueva de San Adrián, parte de El Camino de Santiago.
Entrada a la cueva de San Adrián, parte de El Camino de Santiago. / Lobo Altuna
  • Los sondeos realizados han sacado a la luz fases de ocupación intensa de la cueva durante la Edad del Bronce y, por debajo de estas ocupaciones, se han descubierto fases aún más antiguas, que llegan hasta el final de la última glaciación (12.000 años a. C.), indica la Sociedad Aranzadi

La Sociedad de Ciencias Aranzadi ha iniciado la excavación arqueológica en la cueva de San Adrián-Lizarrate, a 1.000 metros de altitud en la sierra de Aizkorri. El túnel natural constituye un paso estratégico que comunica Álava y Gipuzkoa y, desde tiempos prehistóricos, fue zona de paso entre el interior de la Península Ibérica y Europa, según indica la sociedad.

Durante la Edad Media se construyó a través de la cueva una calzada para comunicar los reinos de Castilla y de Francia. Debido a su carácter estratégico, esta vía acogió el Camino de Santiago y la cueva fue fortificada en sucesivas ocasiones hasta su abandono a finales del siglo XIX. Actualmente, todavía pueden observarse las ruinas de diferentes construcciones y estructuras fortificadas, que han enmascarado el potencial prehistórico de la cueva.

Desde 2008, la Sociedad de Ciencias Aranzadi, con el apoyo de la Diputación Foral de Gipuzkoa, el ayuntamiento de Zegama y la Parzonería General, desarrolla trabajos arqueológicos destinados a evaluar, registrar y poner en valor el potencial arqueológico de San Adrián. Como resultado de estos trabajos la asociación ha podido reconocer "diversas fases de ocupación de la cueva, llegando hasta los tiempos prehistóricos".

Los sondeos y excavaciones arqueológicas realizados han sacado a la luz fases de ocupación intensa de la cueva durante la Edad del Bronce, lo que constituyó "el hábitat más importante conocido para la época en Gipuzkoa". Los restos recuperados comprenden estructuras, fragmentos cerámicos, útiles en sílex, huesos y restos vegetales, que permiten conocer los modos de vida y el entorno natural de estos agricultores y ganaderos prehistóricos.

Recientemente, por debajo de estas ocupaciones se han descubierto fases aún más antiguas, que llegan hasta el final de la última glaciación (12.000 años a. C.), indica la Sociedad Aranzadi. En esta época, los cazadores-recolectores del Magdaleniense Final "dejaron multitud de restos, de huesos de presas cazadas y de útiles en sílex, dando "testimonio de sus recorridos entre el valle del Ebro y la costa cantábrica", a través de esta cueva.