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Cuando Aita Barandiarán tuvo que tomar las armas

historias perdidas de álava

Cuando Aita Barandiarán tuvo que tomar las armas

El ambiente anticlerical en Vitoria en 1930 era tan fuerte que algunos religiosos decidieron defenderse y construyen bombas caseras

29.04.14 - 07:18 -
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Cuando Aita Barandiarán tuvo que tomar las armas
José Miguel Barandiarán, en 1989. / Javier Ortuzar

José Miguel Barandiarán está considerado como el patriarca de la cultura vasca. El decía que para conocer una cultura hay que vivirla y que antes que con la cabeza hay que pensar con los pies. Barandiarán es posiblemente uno de los mejores testigos del siglo XX y sus diarios nos permiten evocar momentos olvidados de la historia vasca y vitoriana, donde residió. Hay un episodio que ha pasado desapercibido y que él nos lo relata con una gran pasión: el advenimiento de la II República y el miedo que recorrió casas parroquiales, conventos y seminarios ante la agresividad desatada contra todo lo que oliera a incienso.

El anticlericalismo, no el ateísmo o el laicismo, sino la persecución religiosa fue uno de los estigmas de la II República. Muchos historiadores, al analizar este período, creen que la Iglesia apostó por sobrevivir y se convirtió en aliado del franquismo. Según algunas fuentes, en los primeros meses de Guerra Civil murieron ante los pelotones de milicianos 4.100 sacerdotes, 2.350 religiosos, 283 religiosas, 13 obispos y miles de católicos por llevar simplemente un rosario entre sus manos. Hubo un oasis, el País Vasco. El PNV trató de evitar esa persecución y lo consiguió en parte, pero no siempre. Franco fusiló aquí al menos a 16 sacerdotes considerados nacionalistas vascos. Pero si la Iglesia se defendió y se unió a los que no la perseguían, se le olvidó denunciar la tremenda violencia ejercida por el bando nacional, un pecado que ha pesado siempre en su historia.

El 12 de diciembre de 1930, concluidos los sucesos de Jaca –un frustrado golpe militar desde la izquierda- algunos jóvenes armados llegaron a las puertas del Seminario de Vitoria que había sido inaugurado unos meses antes.

Cuando una delegación del Seminario fue a felicitar las pascuas al obispo Mateo Múgica éste les indicó la posibilidad de armarse. El 12 de enero Barandiarán toma la decisión de pedir permiso al obispo para llamar al somatén –civiles armados ante situaciones de peligro- a criados y sirvientes del Seminario del que era vicerrector. De hecho, tomaron las armas para defender los bienes y los religiosos.

El 14 de abril de 1931 se proclamó la República. El día 18 se obligaba a los somatenes a entregar las armas. El 12 de mayo de 1931, Barandiarán escribe en su diario: “Ayer corrieron graves rumores acerca de la situación política de Madrid. Los periódicos de anoche daban cuenta de motines, incendios de conventos, etc., ocurridos en la capital de España. Los superiores del Seminario de Vitoria, vivamente impresionados por estas noticias, hablaban de cerrar el seminario. Yo me opuse a ello. Temían también por lo que podría ocurrir anoche mismo en el Seminario puesto que los comunistas de Vitoria celebraban un mitin. Yo fui a la cama a la hora de otros días. Me hallaba dormido cuando un superior me llama por teléfono. El timbre me despierta. Me pongo al habla. Me dice: “Creo que es cosa de estar alerta. He visto que un hombre atravesaba el patio del Seminario. Venga a la habitación de don Félix Zatarain donde estamos congregados”. Eran las doce de la noche. Se oyen varias descargas de arma de fuego hacia el Prado. Me visto, me armo y me apresto a salir de mi habitación cuando llegan a la puerta tres superiores que creen que las detonaciones que se han oído han sido producidas por mí. Proyectando luz al patio con un reflector veo que un perro anda sobre unos botes de hojalata. Me acuesto. A las tres de la madrugada se ha vuelto a oír otra detonación hacia el Prado. Durante el día fabrico bombas de mano, por si ocurre algo que haga que los necesitemos”.

Y el día 20 del mismo mes vuelve a insistir sobre el tema:

“Para que se vea cómo están los ánimos, servirá esta muestra: un señor de la ciudad me ha dicho ‘dígame cuántas armas necesitaría para repartirlas entre individuos de su confianza, que yo me encargo de proporcionárselas”.

En estas notas Barandiarán apunta el ambiente político que se respira dentro del centro eclesiástico durante la República:

“Acerca del Seminario de Vitoria corren los más disparatados rumores, que la disciplina anda por los suelos, que se hace política nacionalista, que yo he realizado una labor política que ha cambiado profundamente el Seminario….Por lo que se refiere a la disciplina, es verdad, tratándose de las comunidades de Filosofía y Teología. En cuanto a la política puede decirse que la gran mayoría de los alumnos son nacionalistas, si bien no se observa gran efervescencia política entre ellos….Por otra parte, el año pasado,cuando el advenimiento de la República con sus acometidas contra la Iglesia…los grupos políticos llamados católicos y la prensa llamada católica, los personajes representativos del campo político no reaccionaron presto. Solo la prensa nacionalista y los hombres del nacionalismo supieron dar la cara al enemigo y levantaron el espíritu público”.

NOTA: Los testimonios están entresacados de la conferencia de Josemari Vélez de Mendizabal sobre Barandiarán, en un ciclo de los Celedones de Oro , publicados por la Fundación Barandiarán a partir de los diarios del sacerdote. ‘Jose Miguel de Barandiarán. Diario Personal 1917-1936’. Fundación Barandiarán, 2005

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