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Freno a la mutilación femenina en Euskadi

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Freno a la mutilación femenina en Euskadi

El País Vasco aspira a convertirse en la primera región de Europa en desarrollar un programa integral de prevención de la ablación entre las niñas de origen africano

05.11.13 - 00:00 -
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Freno a la mutilación femenina en Euskadi
La antropóloga Adriana Kaplan elaborará el diagnóstico para Emakunde.

Más de 30 millones de mujeres de todo el mundo corren el riesgo de ser víctimas de mutilación genital en la próxima década, según un estudio realizado por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia -Unicef- que cifra en más de 125 millones las niñas y mujeres que viven tras haber sido sometidas a una ablación. En Chad, Gambia, Malí, Senegal, Sudán y Yemen se intenta hoy por hoy erradicar, pero en países como Somalia, Guinea, Yibuti y Egipto esta práctica ancestral considerada una violación de los derechos humanos es todavía defendida como un ritual tradicional y cultural para asegurar la virginidad de la mujer y hacerla casadera. Se trata de una intervención peligrosa que puede originar hemorragias graves, problemas urinarios, infecciones e infertilidad.

En Euskadi, las personas procedentes de algunos de estos países en los que se lleva a cabo la mutilación a las niñas son 11.066, de las que más de 3.100 son mujeres. En su mayoría proceden de Nigeria, Senegal, Mauritania, Camerún y Guinea-Bissáu. En algunas de estas familias, el peso de la tradición es muy fuerte, hasta el punto de que las madres, conscientes del rechazo que suscita la ablación del clítoris en sus países de acogida, recurren a las vacaciones para evitar complicaciones. Se llevan a las hijas a su país de origen para que las abuelas les extirpen parte de sus genitales externos antes de volver. No son delincuentes, crecieron pensando que eso era lo mejor, entienden que es su función y la opinión de sus maridos apenas cuenta. Las pequeñas, incluso, lo esperan con ilusión, porque les han dicho que cambiarán de estatus -pasarán de la niñez a la edad adulta- y que estrenarán ropa nueva. La tasa de fecundidad de las subsaharianas inmigradas residentes en Euskadi es alta. Se calcula que hay casi un 200% de incremento de niñas de 0 a 14 años en los últimos cuatro años. En resumen, el problema está aquí y es hora de abordarlo.

Al llegar a España, la ley castiga a la familia. Manda a los padres a prisión y a las niñas a un centro de menores. Son doblemente víctimas, de la tradición y de la legislación. Pero la ley por sí sola no va a cambiar una tradición milenaria. Se necesita educación y prevención. Por ello, el Instituto Vasco de la Mujer Emakunde trabaja ya en el diseño de acciones para abordar la mutilación genital femenina de manera integral. Con el asesoramiento de la catedrática de Antropología en la Universidad Autónoma de Barcelona Adriana Kaplan y un "abordaje respetuoso" basado en el diagnóstico real de la situación y la formación de profesionales, Euskadi aspira a convertirse en "la primera región de Europa con un programa de prevención integral". La raíz cultural y tradicional de esta práctica hace que la labor preventiva de médicos y educadores resulte esencial para concienciar a las familias. No vale con amenazar con la ley y la cárcel, hay que convencer a madres y padres de que la ablación es mala para la salud de sus hijas, que es un atentado contra su integridad y que tiene profundas secuelas físicas y psicológicas. Por ello, se prevé atender no sólo a las pequeñas, sino también a las mujeres que sufrieron la ablación en su infancia, fuente de tremendos dolores, infecciones y problemas sexuales y de salud de por vida.

"La idea es poder hacer un diagnóstico. De dónde vienen, qué tipo de mutilación tienen, cuántas mujeres, cuántas niñas, en qué municipios. Es importante para posteriormente poder proceder a la formación de profesionales de atención primaria en salud, trabajo social y educación, que son quienes están en contacto con estas mujeres y quienes pueden hacer ese trabajo de prevención de las niñas pero también de atención a estas mujeres que ya están mutiladas. Es utilizar los propios recursos que ya están y son un ámbito privilegiado para trabajar con las familias porque ya están en contacto. Ya sea la escuela, ya sean los trabajadores sociales y, sobre todo, los servicios de salud. A largo plazo, es un tema de ahorro de dinero. Cuando viene una niña con este problema se producen más complicaciones y sus madres también", explica Adriana Kaplan, directora general de la Fundación Wassu-Universitat Autònoma de Barcelona, que trabaja mano a mano con el colectivo Wassu Gambia Kafo, su contrapartida en Gambia.

Un rito ancestral

La mutilación genital femenina no tiene un origen religioso, sino un sentido ritual. Se cree que la tradición viene de la época faraónica. Existe mutilación tipo 1 -clitoridectomía, el corte del capuchón del clítoris-, tipo 2 -ablación del clítoris y los labios menores- y tipo 3 -la infibulación, la forma más severa, produce desgarros y múltiples complicaciones en el parto. Consiste en coser también los labios mayores y abrir dos orificios para la orina y la sangre menstrual-. En muchos casos, es un ritual de iniciación que marca el paso de la niñez a la edad adulta, otorgando identidad étnica y de género y favoreciendo la cohesión social. En otros, se entiende que es el modo de garantizar el control de la sexualidad femenina. También responde a la creencia de que los genitales son sucios y antiestéticos. O a la opinión errónea de que aumenta la fertilidad y da seguridad en el parto. En el menor de los supuestos se interpreta como una obligación religiosa. Entre las medidas puestas en marcha en los últimos tiempos por el equipo que dirige Adriana Kaplan y que han demostrado su eficacia están, por ejemplo, la de una carta oficial y sellada que las familias que vuelven a África de vacaciones deben llevar para enseñar a sus mayores, para que entiendan que en España se considera un delito. Kaplan consiguió hace cuatro años un compromiso por parte del Ministerio de Salud y la Vicepresidencia del Gobierno de Gambia con objeto de diseñar un plan conjunto para prevenir las prácticas de mutilación femenina. Fue un gran avance en un país que una década atrás había prohibido cualquier trabajo de sensibilización sobre la ablación femenina.

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