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La ciudad que revivió de la basura

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La ciudad que revivió de la basura

Bernard P. Grenfell y Arthur S. Hunt encontraron en los antiguos vertederos de Oxirrinco miles de papiros que reflejan la vida diaria de los griegos en el Egipto de los siglos I a VI

28.06.13 - 00:01 -
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En 1896 Bernard P. Grenfell y Arthur S. Hunt, dos jóvenes estudiosos formados en la Universidad de Oxford, llegaron a El-Bahnasa, a unos 150 kilómetros al sur de El Cairo y junto a un brazo del Nilo conocido como Canal de José, una localidad sin mayor interés pero bajo la que yacían los restos de la antigua Oxirrinco. Los eruditos ingleses tenían la intención de encontrar textos literarios griegos perdidos en la Edad Media o literatura paleocristiana, pero pronto se vieron desbordados por los miles de papiros que extrajeron de lo que habían sido los basureros de la ciudad. Toda esta documentación, que continúa publicándose hoy, ofrece un cuadro completo de la vida cotidiana de de la que llegó a ser la tercera ciudad más importante de Egipto.

La localidad nació en el Imperio Nuevo, durante el reinado de Ramsés III, pero fue durante el periodo helenístico cuando creció y adquirió importancia. Oxirrinco vivió su época de máximo esplendor ya bajo el dominio de Roma, entre los siglos I y IV, sobre todo en el III, cuando obtuvo el reconocimiento de 'Gloriosa ciudad de los Oxirrinquitas' y, después, de 'Gloriosa e ilustrísima'. Con una población estimada en torno a los 25.000 habitantes, acogió los Juegos Capitolinos del año 273, lo que atrajo a numerosos turistas y visitantes de todo el Imperio.

En su mejor época, Oxirrinco era una ciudad clásica, con un plano ordenado a partir de calles principales cruzadas en ángulo recto. Tenía un teatro con capacidad para más de 10.000 espectadores, un circo, un praetorium o cuartel militar, gimnasio, termas y templos. Había muchos comercios y artesanos, panaderías y tabernas. La mayor parte de las casas de Oxirrinco eran bajas, de una o dos plantas. Un consejo municipal gobernaba la localidad, aunque la autoridad máxima sobre Oxirrinco y las aldeas que dependían de ella era un estratego, que a su vez obedecía a un epistratego o gobernador de las grandes demarcaciones en las que se dividía Egipto (tres o cuatro, según las épocas). Por encima, estaba el prefecto, el gobernador imperial del país.

La mayoría de los habitantes de Oxirrinco eran griegos egipcios. Los egipcios 'nativos' eran una minoría, no demasiado bien vista por los griegos a pesar de que estos habían 'absorbido' buena parte de sus costumbres, como la de rendir culto a animales sagrados (en su caso el 'Mormyrus Oxyrhynchus', el pez elefante que da nombre a la ciudad). También había romanos -funcionarios, militares, etc.- y judíos. Toda esta gente producía una cantidad enorme de documentación que, como los papeles viejos de todo el mundo, acababa en la basura tarde o temprano. Entre los desperdicios de los vertederos que rodeaban Oxirrinco, se amontonaron más de mil años de papiros bien conservados por la sequedad del suelo.

Grenfell y Hunt llegaron a la localidad en busca de textos literarios griegos perdidos y manuscritos bíblicos canónicos o extracanónicos. Bernard Pyne Grenfell (1869-1926) y Arthur Surridge Hunt (1871-1934) se habían conocido en el Queen's College de Oxford en 1888, al que asistieron gracias a una beca y donde hicieron amistad. Cursaron estudios clásicos y decidieron especializarse en la búsqueda de papiros trabajando para el Egypt Exploration Fund, que destinaba parte de sus fondos a financiar el descubrimiento de papiros clásicos y la arqueología helenística en Egipto. La pareja de investigadores realizó su primera campaña en El-Fayum en 1895, pero decidió trasladarse a El-Bahnasa, es decir, Oxirrinco, para la temporada de excavación de 1896-1897.

La ciudad que revivió de la basura

El perfil de Hunt se recorta sobre la ladera de uno de los montículos de restos en excavación

Cuando Grenfell y Hunt pusieron pie en El-Bahnasa, poco quedaba de la antigua ciudad monumental. Y decir 'poco' es demasiado, porque en realidad solo había una columna que sobresalía de la arena. La mitad de la superficie de Oxirrinco había sido cubierta por la población árabe moderna. En cuanto a la otra mitad, y en palabras de Grenfell, "el hecho de haberse usado durante mil años como cantera de ladrillos y bloques de piedra caliza había reducido los edificios y viviendas a meros cascotes. En las zonas que no se habían empleado como vertedero (…) las hileras de piedras o las extensiones de arena planas señalaban la ubicación original de los edificios, pero apenas quedaba nada de las paredes y, a excepción de un tramo de muralla en la parte noroeste de la ciudad, todas las casas se habían desmoronado hacía tiempo y solo quedaban los cimientos o unos pocos ladrillos".

Montones de basura

En torno a El-Bahnasa había montículos de restos, los basureros antiguos de Oxirrinco. Algunos superaban los diez metros de altura. Uno de ellos era tan grande que sobre él se alzaba la tumba de un santón local. "Los vertederos de la antigua ciudad permanecieron intactos hasta el final del siglo XIX. No parecían muy emocionantes, sólo una serie de montículos cubiertos de arena. Pero ofrecían condiciones ideales para la conservación", escribieron Grenfell y Hunt, según recoge Anne Marie Luijendijk, de la Universidad de Princeton, en el artículo 'Sacred Scriptures as Trash'. Tras excavar parte de la necrópolis grecorromana durante tres semanas sin grandes resultados, los dos arqueólogos decidieron abrir uno de estos montones de desperdicios. El 11 de enero de 1897, al poco de empezar, encontraron una hoja en griego que contenía un texto desconocido: los 'Logia' o 'Dichos de Jesús', parte de un evangelio apócrifo. Le siguió otra hoja con un fragmento del Evangelio de Mateo. Pronto los dos expertos se dieron cuenta de que los montículos contenían papiros, montones y montones de papiros escritos sobre todo en griego y también en latín. "Empezaron a aparecer a un ritmo tan vertiginoso que teníamos dificultades para irle a la zaga", anotaron los excavadores. En tres meses, y con la ayuda de decenas de trabajadores locales, muchos de ellos niños, llenaron 280 cajas de documentos de épocas romana y bizantina.

La pareja volvió a trabajar a El-Bahnasa en los inviernos de 1903 a 1907. Aunque encontraron textos religiosos importantes, como los mencionados 'Logia', y obras clásicas que se consideraban perdidas desde la Edad Media, como los 'Peanes' de Píndaro, la 'Hipsípila' de Eurípides y fragmentos perdidos de Safo, la mayor parte de los manuscritos era de una naturaleza diferente. Había abundante documentación no literaria, tanto privada como oficial: cartas privadas, recados, listas de la compra, denuncias, cartas de recomendación, trabajos escolares, órdenes de arresto, anuncios de objetos perdidos, declaraciones de amor, edictos, peticiones a los dioses (y a los santos, tras la llegada del Cristianismo), contratos, pleitos, recibos y prácticamente cualquier clase de documento que podía generar una ciudad del mundo antiguo.

Grenfell y Hunt se dieron cuenta de que la labor de edición iba a ser descomunal. En el prefacio del primer volumen de 'The Oxyrinchus Papyri', publicado en 1898, señalaban que los 158 documentos reunidos en ese libro eran solo una parte de los cerca de 1.300 depositados en Oxford que habían examinado. "La mayor parte de la colección -detallan- todavía no ha sido desembalada". La pareja de investigadores quiso subrayar a sus lectores la rapidez de la edición, teniendo en cuenta la carga de trabajo: "El intervalo entre la llegada de los papiros a Inglaterra y la terminación de este libro ha sido menor de once meses". En el mismo prefacio, los papirólogos avanzan que habrá más tomos con nuevos textos: "No es muy probable que encontremos otro poema de Safo, o menos aún otra página de 'Logia'. Las probabilidades en contra de que se dé cualquier descubrimiento individual de gran valor son considerables. Pero no tenemos razón para pensar que las sorpresas por venir van a ser mucho menos excitantes que las que ya han pasado". Acertaron. Además de que aparecieron más textos importantes desde el punto de vista literario, desenterraron la vida cotidiana de una ciudad entera durante varios siglos a través de los documentos de sus habitantes.

La ciudad que revivió de la basura

Fragmento de los 'Elementos de geometría' de Euclides que incluye un diagrama

La serie de volúmenes 'Oxyrinchus Papyri' que recoge todos estos documentos ya va por el volumen 72 y todavía queda material inédito. Esta cantidad abrumadora de documentación histórica puede consultarse en la magnífica web 'Oxyrhynchus Online', pero quienes quieran conocer de una forma más sencilla la vida diaria de los oxirrinquitas pueden leer el estupendo libro 'La ciudad del pez elefante' (ed. Debate), del profesor Peter Parsons, papirólogo que coordina desde hace veinte años el equipo editorial del proyecto 'The Oxyrinchus Papyri'.

Una ciudad viva

Como indica Parsons, los papiros de Oxirrinco revelan la realidad cotidiana de una ciudad viva, con sus altibajos, sus crisis y épocas de bonanza, hambrunas y prosperidades, a lo largo de un arco cronológico que va del siglo I al VI. En ellos se reflejan desde grandes acontecimientos políticos, como las visitas del emperador, a pequeñas disputas locales, como una que tiene lugar por la gestión del transporte público en burro. Como todo el mundo, los oxirrinquitas sufren enfermedades y accidentes. Incluidos los de tráfico, pues los vecinos se quejan de que los burros, precisamente, circulan a gran velocidad y se producen atropellos. Hay robos -un ciudadano denuncia que le sustrajeron toda la ropa de casa mientras se encontraba en el gimnasio- y pérdidas, como la del vecino que dejó este aviso en la oficina de los pregoneros: "Si alguien ha encontrado un par de túnicas de niño de color marrón (…), puede dejarlas en la corporación de pregoneros sita en el Tuereo de las Proclamas y será recompensado con dieciséis dracmas, y con dos dracmas más para la diosa". El gimnasio al que asistía el señor al que dejaron sin ropa es mucho más que un local deportivo que hace las veces de centro cultural, sociedad recreativa y biblioteca. En él se puede asistir a un banquete. Así lo refleja un papiro que recoge un encargo a una tahona: "Para el gimnasio, ochenta y dos pasteles".

Entre los papiros también hay contratos de arrendamiento de casas o cartas que aluden a ellos. Llaman la atención las referencias a que, al vencer el alquiler, los inquilinos deben devolver la vivienda con su puerta. Como recuerda Parsons, la buena madera era un bien escaso y muchos se llevaban la puerta de casa 'de recuerdo' cuando se mudaban. Un documento especifica que al acabar el contrato hay que devolver las casas “libres de suciedad y excrementos”.

En sus buenos momentos Oxirrinco recibía muchos visitantes y, como era una ciudad rica, también era punto de partida de viajeros, por lo que se han conservado algunos documentos de identificación, como el que describe a su portador como de "unos cincuenta años de edad, de mediana estatura, tez del color de la miel, cara alargada, cicatriz en el pie izquierdo". Los grandes acontecimientos políticos aparecen reflejados en los textos oficiales, pero rara vez en las cartas privadas: por ejemplo, en una misiva dedicada a comentar el cuidado de una piara de cerdos, la llegada del emperador a Alejandría es comentada de refilón en la posdata. Entre los altos funcionarios la cosa es otro cantar: el 25 de agosto de 117 el prefecto remitía esta circular al estratego de los oxirrinquitas: "Te comunico que, para la salvación de toda la raza humana, el emperador César Trajano Adriano Óptimo Augusto Germánico Dácico Pártico ha heredado el poder de su divino padre. Por ello, mientras rezamos a todos los dioses para que su constante presencia entre nosotros perdure largo tiempo, deberemos llevar guirnaldas durante diez días. Haz pública esta decisión en los distritos que están a tu cargo".

Algunos emperadores visitaron Egipto, estableciéndose temporalmente en Alejandría. El emperador era el juez supremo y a él podían apelar sus súbditos. Marco Aurelio Severo Antonino Augusto (Caracalla) administró justicia en Alejandría, donde recibió a una representación de oxirrinquitas que, según un texto conservado parcialmente, querían resolver un problema que atañía a porqueros y campesinos. Como comenta Parsons con ironía, el soberano del mundo conocido tuvo que deliberar con su consejo acerca de gorrinos que se comen las hortalizas del vecino.

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Los trabajadores buscan papiros entre los restos en uno de los vertederos

Caracalla fue muy querido en Oxirrinco (no así en Roma). Cuando en 212 dictó que todos los habitantes del Imperio, salvo algunas excepciones, pasaban a ser ciudadanos romanos, con todos sus derechos y deberes, muchos oxirrinquitas adoptaron uno de sus nombres, Aurelio, o llamaron así a sus hijos e hijas. En los papiros posteriores a ese año abundan los Aurelios y Aurelias. Una de ellas, Aurelia Taisous, aprovechó su nuevo estatus de ciudadana y quiso acogerse a la ley romana que le permitía solicitar la independencia legal, al tener más de tres hijos, y no tener que depender de un tutor, como dictaban las normas griegas. El 15 de julio de 263 reclamó al prefecto: "Desde hace tiempo, Su Excelencia, existen leyes que conceden a las mujeres a las que se aplica el 'privilegio de los tres hijos' libertad para ser dueñas de sí mismas y gestionar sin necesidad de tutor los negocios que deseen, y mucho más a aquellas que saben leer y escribir. Por eso yo, que he sido bendecida con varios hijos por la fortuna y que, además, sé leer y escribir a la perfección, me dirijo a Su Excelencia con plena confianza, por medio de esta petición, para que me autorice a emprender de ahora en adelante los negocios que desee sin ningún impedimento". El prefecto aprobó la solicitud.

Cartas privadas

Entre los papiros de Oxirrinco hay muchas cartas personales. Son de todo tipo y van desde salutaciones formales a recados, pasando por declaraciones de amor, hasta los asuntos familiares más diversos. Las hay escritas con muy buena letra y gramática impecable, o con faltas de ortografía y escritura torpe. Algunas están redactadas por escribas al dictado del remitente, que suele firmar al final. "Cómprame un par de zapatos de niña hechos con pelo de camello", encarga un tal Ptolomeo en un mensaje breve escrito sobre un trozo de papiro reutilizado (un tipo de 'reciclaje' habitual). Otra petición es de alguien que se quedó sin papel y escribió sobre un trozo de vasija: “Por favor, hermano, cuando vengas tráeme ocho óbolos de papiro para cartas”. Como en todas partes, entre los oxirrinquitas también los había remolones a la hora de contestar a una misiva. Horo escribe a Horión: "Ante todo rezo por tu salud. Esta es la segunda carta que te escribo y tú no me has contestado a ninguna. Yo te quiero como siempre y en cambio tú me ninguneas". Otros se muestran solidarios con sus amigos: "Quédate con el dinero que ha sobrado del pago a los tejedores, que no es mucho y a ti no te irá mal".

Una carta célebre entre los estudiosos de los papiros de Oxirrinco es la de Teón, un escolar enfadado con su padre porque no le ha llevado a Alejandría: "Muy bonito eso de no llevarme contigo a la ciudad. Si no quieres llevarme contigo a Alejandría, no te escribiré más cartas, no hablaré contigo ni te desearé buena salud. (…) Si no haces que vengan a buscarme, no comeré, no beberé. ¡Ya está bien!".

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Este papiro del siglo IV certifica la propiedad de un barco

No faltan las cartas de amor (y de desamor). Sereno escribe a su esposa, Isidora, ausente y, al parecer, muy enfadada: "Todos los días y todas las noches me inclino en tu nombre frente a la diosa Tueris, que te ama. Quiero que sepas que desde el momento en que te alejaste de mí he estado muy triste, sollozando por las noches y afligido durante el día. Desde que nos bañamos juntos el 12 de faofi [9 de octubre], ya no volví a bañarme ni a ungirme hasta el 12 de athir [8 de noviembre]. Me enviaste una carta capaz de hacer temblar a las piedras, pues mucho me emocionaron tus palabras".

Otros resuelven o airean sus negocios y problemas familiares ("tus malditos cuñados están complicándolo todo", se queja Apolonio a Artemas en una carta sobre un negocio familiar de alquiler de camellos) o dan consejos a sus hijos. Como Polonio, que se dirige a su hijo estudiante en otra ciudad: "Procura no pelearte con nadie en la casa; limítate a estudiar y concéntrate en los libros, y ya verás cuánto te sirve lo que aprenderás en ellos".

Dramas familiares

Esta otra carta refleja un drama familiar: "Isidora a Hermías. Haz todo lo posible, déjalo todo y ven mañana. El niño está enfermo, está cada vez más delgado, no come, ya lleva así seis días. Temo que pueda morir antes de que tú hayas vuelto. Y te advierto que si se muere mientras tú no estás no hace falta que vengas, porque me encontrarás colgada". También hay notas de pésame, de las que se conserva incluso un modelo, con los espacios en blanco para poner los nombres del difunto, sus deudos y los condolientes. Sin embargo, esta de Irene a Taonofris y Filón es sincera: "¡Que tengáis ánimo! Me he entristecido y he llorado por el difunto como lloré por Dídimas. (…) Nada puede uno frente a tales cosas. Consolaos, pues, mutuamente. ¡Me despido!".

Entre los textos conservados en los basureros de los oxirrinquitas los hay que conmueven por su sencillez (un niño pequeño escribió sobre un trozo de cerámica "BA BE BI BO BU") mientras que otros, sobre todo los oficiales, impresionan por su autoridad, como esta orden del prefecto Aristio Optato dictada el 16 de marzo de 297: "Se recuerda a los recaudadores de cualquier clase de tributo que deberán estar atentos y vigilar con máximo celo el cumplimiento de esta norma, ya que, si se encontrara a alguno que no lo hiciera, se expondría a ser decapitado".

Quizá Grenfell y Hunt no encontraron todos los papiros 'importantes' que deseaban, pero gracias a su descubrimiento los vecinos de Oxirrinco no se han perdido en el olvido y han vuelto a la vida sobre el papel.

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Los trabajadores en plena faena, sobre uno de los montículos

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