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La espía que Hollywood envió a Vitoria

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La espía que Hollywood envió a Vitoria

Los estudios americanos ambientaron en la Batalla de Vitoria la película musical ‘La espía de Castilla’ (1937)

01.04.13 - 10:07 -
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El General Álava y Wellington preparan la Batalla. En la segunda imagen, prolegómenos de la contienda en un escenario que reproduce el entorno de Júndiz.

La fábrica de los sueños dio a Vitoria una oportunidad de entrar en su historia por la puerta grande. Lástima que 1937 nos queda lejos y las grandes superproducciones hechas en suelo español todavía no habían arrancado. Pero este mismo guión, unos años más tarde, en manos de Samuel Bronston, nos hubiera dejado una antológica como El Cid. Nos queda esta película de época que contiene todos los aditivos de las historias de Hollywood. Efectivamente no se rodó en Vitoria, sino en los estudios norteamericanos, con una ambientación más mejicana que alavesa, pero el nombre de la capital alavesa centra en todo momento el objetivo histórico del film.

‘La Espía de Castilla’ cuenta durante los momentos inmediatamente anteriores a la guerra y después, en plena contienda, una historia sentimental entre la espía española María (encargada de seducir a militares franceses para obtener información) y un espía galo que trabaja para su país, relación difícil de mantener a causa de la situación bélica. La batalla de Vitoria, en 1813, supone el momento culminante de la película, que termina con la unión de ambos y su salida de la ciudad juntos. Además del hecho histórico de la confrontación en la Llanada, hay abundantes alusiones a la invasión francesa y a sus personajes, en especial dedicadas a la situación de los reyes en Francia, al viaje del príncipe Fernando (el futuro Fernando VII) a Bayona y a la llegada a Madrid de José I como rey, con la hostilidad de sus habitantes. A pesar de ser el centro de la acción, la batalla de Vitoria se contempla muy fragmentariamente, casi siempre a través de primeros planos de soldados y cañones, ya que no hay ningún plano general de los combatientes ni del escenario de la lucha. Ello se explica porque, según A. López Echevarrieta (Cine vasco: de ayer a hoy, p. 50-51) el episodio se rodó en un estudio de Hollywood, donde se reconstruyó el escenario de la batalla.

Canción para Hitler

Los personajes principales y la trama fundamental carecen de contenido histórico, aunque la cinta merece un recuerdo por su ambientación, por la alusión a personajes, por los datos que se ofrecen sobre diversos episodios y por la plasmación del hecho histórico de la batalla de Vitoria. Al margen de ese interés para el bicentenario, ‘ La espía de Castilla’ siempre será recordada por la famosa canción ‘Dunkey serenade’ (‘Serenata de las mulas’), con la que finaliza la película después de haber sido el tema musical durante todo su desarrollo. Fue un verdadero hit de la época. No solo se oyó en las emisoras de radio en aquellos tiempos. Según cuenta la secretaria de Hitler, Traudl Junge, en sus memorias, “el Führer casi siempre pedía el mismo repertorio. Operetas de Lehar, canciones de Richard Strauss, Hugo Wolf y Richard Wagner. La ‘Dunkey Serenade’ era el único hit que Hitler toleraba. Con ella solía acabar el concierto”.

‘La espía de Castilla’ es un musical en el que su protagonista, Jeannette MacDonald, está dirigida por su director favorito, Robert Z. Leonard. Tenía entonces 36 años y estaba en la cúspide de su carrera. Según recoge el historiador Jesús Maroto de las Heras en su ‘Guerra de la Independencia, imágenes en cine y televisión’, el film quiso repetir el gran éxito de otro largometraje, Maytime. En este caso se adaptó una opereta de 1912 de Rudolf Friml, ‘The Firefly’. En esta opereta el libreto y las canciones eran de Otto Harbach y su argumento no tenía nada que ver con la Guerra de la Independencia. El guión de la película escrito por Frances Goodrich y Albert Hackett sitúa la acción al principio de la invasión napoleónica, hace un recorrido por toda la guerra y acaba en Vitoria. Como la película está rodada en 1937 es posible que esta orientación se deba a que la Guerra Civil ofrecía cierto interés para las productoras de Hollywood. Se habían rodado o se rodarían en poco tiempo, varias cintas como ‘Bloqueo’, ‘El último tren de Madrid’, etc. En ellas, la industria norteamericana apoyaba claramente a la República española. España se había puesto de moda en las noticias de los periódicos y era posible que el público asociara la lucha contra Napoleón con la guerra que se desarrollaba en esos momentos y que los corresponsales de la prensa relataba a diario. Pero esto no es más que una de tantas hipótesis.

Desafortunadamente, la película no funcionó muy bien en taquilla. Aunque hay que reconocer que la puesta en escena de las acciones de masas está muy cuidada, como por ejemplo, la entrada de los dos reyes a Madrid. Tiene detalles curiosos como la sublevación del 2 de mayo o un ataque de los guerrilleros contra un convoy francés. Los ambientes interiores están también bastante conseguidos. Como es el caso del café donde la cantante actúa en Madrid o en el mismo teatro de Bayona. Los grandes medios norteamericanos se hacen patentes, aunque se percibe cierto aire ‘californiano-mejicano’ en la toma de varios exteriores que pueden no identificarse como genuinamente españoles.

Buena acogida del público

En cambio, en España la película tuvo mejor acogida puesto que el público vernáculo cautivado a finales de los cuarenta por las producciones americanas veía con satisfacción cómo una de ellas reflejaba la lucha contra Francia que en estos momentos tenía una relación conflictiva con la dictadura franquista. El argumento resalta algo que fue una realidad. La presencia de espías no es un descubrimiento moderno. Durante la Guerra de la Independencia, como a lo largo de la historia de la humanidad, la información es fundamental. También para ganar batallas.

En un café de Madrid actúa con gran éxito Nina María Azara (Jeanette Macdonald). Los oficiales franceses que ya ocupan España aplauden fascinados. También acude un noble español, Diego Manrique de Lara (Allan Jones). La cantante recibe en su camerino una nota del marqués de Melito que necesita verla urgentemente. Como uno de sus admiradores es un celoso oficial francés llamado Etienne, Nina María se ve obligada a coquetear con Diego para librarse del galo. La estrategia funciona porque Etienne desafía a Diego al salir del café, pero al mismo tiempo aparece en una carroza el marqués que la lleva a su domicilio ante la sorpresa de Diego.

El marqués de Melito es uno de los responsables del Servicio de Espionaje español y Nina María una de las agentes que procura conseguir informaciones de los oficiales franceses. La última noticia que ella comunica es que Napoleón va a enviar 30.000 soldados a España. Melito quiere enviar a Nina a Bayona para que intente averiguar las intenciones de Napoleón con respecto al rey Fernando ya que han detenido a dos agentes españoles en la ciudad. Si la entrevista de Bayona es una trampa, como sospecha, el viaje del rey que aún no ha salido de Madrid , se suspendería. En Vitoria se alojará en el Toisón de Oro, donde otro agente español le dará más detalles de su misión.

Cuando la cantante emprende el viaje se encuentra con la sorpresa de que cerca de Vitoria, Diego alcanza el carruaje para cortejarla y le comenta que rehusó el duelo con el oficial francés para buscarla y confía en que Nina le dé esperanzas. Uno de los sirvientes de la posada de Vitoria es el contacto que informa a la cantante de la salida del rey de Madrid. Este agente añade que, en Bayona hay otro agente español que es un vendedor de palomas mensajeras que le reconocerá por la palabra ‘Vitoria’. De este segundo contacto recibirá unas palomas para remitir a España la información que consiga. Nina contacta con un oficial de alto rango próximo al emperador y se entera que tiene la misión de ir a Vitoria donde Fernando VII está a la espera de noticias de Napoleón. En un descuido del militar lee una nota del emperador en la que ordena al coronel que arreste a Fernando VII en Vitoria.

Nina regresa a su hotel en Bayona para enviar una paloma mensajera hacia la capital alavesa para que se impida la salida de Fernando VII. Pero alguien ha cambiado las palomas y a su contacto lo han detenido. La protagonista confía en que el oficial español Diego regrese personalmente a Vitoria con el importante mensaje de que le van a tender una trampa al rey español. Pero finalmente Diego resulta ser un espía francés que le confiesa su amor y aunque sospecha de Nina no puede demostrar que es ella la que manda los mensajes. A última hora, Nina ha podido cambiar la nota sobre el rey por una reserva de una cena en un restaurante de Vitoria.

La película refleja después todo lo acontecido en la guerra y se detiene en la próxima batalla, la definitiva que será, obviamente, la de Vitoria. Finalmente, los franceses atrapan a Nina con un documento sobre la distribución de las tropas francesas en la Llanada. Rápidamente, los generales de Napoleón dan una contraorden para adelantarse a los planes ingleses y cambiar su despliegue que, según la nota de Nina, conocían los hombres de Wellington al que también se le ve junto al General Álava y su cuartel general preparando el combate. La protagonista está en un calabozo de Vitoria –la parroquia de San Miguel cumplió esa función- donde la visita Diego-André, el espía francés. Ella le cuenta que sus camaradas han mordido el anzuelo y que todo se había preparado para que los franceses descuidaran los flancos. Recuérdese que el gran éxito estratégico de Wellington al plantear la batalla, algo que se estudia en la historia militar, es convertir la Llanada en una tenaza atacando por las laderas de los montes de La Puebla y los montes de Vitoria y por la sierra de Badaia y Araca para cortar a las tropas francesas la retirada lógica por el Camino Real, entonces, la carretera de Arlabán. Una bomba cae sobre el calabozo, algo que históricamente no ocurrió, y finalmente Nina se encuentra con Diego en el hospital (la entonces parroquia de San Ildefonso) de donde salen juntos cantando con final feliz por lo visto. Una escena anterior muestra a un hombre que representa a España (también a la ciudad que ve como su opresor se tiene que marchar al galope) y que ha roto las cadenas.

Según Maroto de las Heras, existe suficiente información y documentos como para afirmar que durante la Guerra de la Independencia hubo una auténtica red de informantes y espías en todos los ejércitos y entre la población civil. Así lo recoge el que fuera jefe de los espías españoles, Andrés Cassinello en su libro ‘El servicio de Información en la Guerra de la Independencia’. Pero eso es asunto para otra historia vieja.

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