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Un juez del Supremo

BATALLITAS

Un juez del Supremo

Los magistrados y diputados que debaten sobre las hipotecas deben leer a Louis D. Brandeis, el jurista estadounidense que hace un siglo se enfrentó a la banca en defensa del consumidor

31.03.13 - 00:01 -
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Consumidores, abogados y jueces aguardan la sentencia del Supremo sobre las cláusulas suelo que se aplican en los tipos de interés variable de las hipotecas; unas condiciones que han impedido a los clientes de bancos y cajas beneficiarse de las bajadas del euríbor. A la espera de conocer la resolución, la Sala de lo Civil del alto tribunal ha adelantado que girará en torno a dos ideas. La primera es obvia: las cláusulas como las que se analizan en este caso -incluidas en unos préstamos de varias entidades financieras que fueron impugnados por una organización de consumidores en Sevilla- se considerarán abusivas cuando no haya existido transparencia en la contratación. En cambio, la segunda idea es más controvertida: aunque se demuestre que no ha habido transparencia, el banco no estará obligado a devolver lo que se ha podido cobrar de más.

Esta última conclusión se basa, según algunos juristas, en que la 'cesación' de una cláusula a partir de un momento dado, que es lo que se dilucida en la demanda colectiva de Sevilla, no tendría efectos retroactivos. Por el contrario, la declaración de 'nulidad', una consecuencia lógica de que algo se considere abusivo, es algo diferente, pues lo que se considera nulo en un contrato 'nunca ha existido' y entonces hay que reintegrar el dinero. Decenas de miles de millones de euros que figuran en los balances de las entidades financieras dependen de que en los pleitos hipotecarios aparezca una palabra u otra. De momento, parece que es la 'cesación' lo que debate la Sala de lo Civil del Supremo, entre cuyos once magistrados figura Salvador Sastre, un jurista que hasta su designación por el Consejo General del Poder Judicial, a finales de 2012, había encabezado la asesoría jurídica de La Caixa, cometido que desempeñó durante 27 años, tras haber prestado servicios en otras firmas bancarias desde los años setenta.

Lógicamente, trabajar para los bancos no es la única manera de alcanzar la cúspide de la magistratura. En 1916, el presidente estadounidense Woodrow Wilson propuso para la Corte Suprema de su país al abogado Louis Dembitz Brandeis (1856-1941), defensor de los derechos de los consumidores y los pequeños accionistas frente los trusts económicos que surgieron a finales del XIX y comienzos del XX. El nombramiento de aquel letrado, que fue el primer judío que entró en el Supremo norteamericano, generó previamente un intenso debate en el Senado, pues Brandeis, originario de Kentucky, si bien era ciertamente un profesional fuera de lo común, 'número uno' de su promoción en Harvard, se había puesto del lado de los ciudadanos.

Instalado en Boston, y simpatizante del movimiento sionista, en su haber se incluyen el desarrollo del derecho a la privacidad, la defensa del salario mínimo y la discriminación positiva de las mujeres en las fábricas, demostrando siempre en sus brillantes alegatos un conocimiento exhaustivo de la economía y las matemáticas. Enemigo del consumismo masivo, impulsó coberturas de seguros accesibles para las clases modestas porque pensaba que prevenir el futuro hace innecesarios los sistemas de ayuda pública. Analizó a fondo la relación las administraciones públicas y la empresas, lo que le permitió elaborar un modelo de contrato entre una institución y un proveedor (gas) y proponer que los concesionarios de servicios públicos solo pudieran incrementar sus dividendos si rebajaban las tarifas.

El jurista insistía en que un contrato solo es admisible si resulta ventajoso para ambas partes, un principio elemental que un siglo más tarde discuten el Congreso y el Tribunal Supremo españoles para reformar las normas hipotecarias. Cuando llegó a la Corte Suprema, no rebajó su espíritu combativo, sino que lo puso de manifiesto en cuestiones como la libertad expresión. De él se dijo que desde el presidente Abraham Lincoln, otro abogado de Kentucky como él, nadie había comprendido mejor a sus compatriotas.

Brandeis colaboró en la creación de la Reserva Federal de Estados Unidos en 1913 y de la Comisión Federal de Comercio. Los pleitos y controversias en las que intervino lo enfrentaron con la banca de inversión de su tiempo (no confundirla con la banca comercial que capta depósitos y presta dinero). La acusó de haberse apoderado de la economía, con el dinero de millones de ahorradores, controlando las emisiones de acciones que realizaban las industrias de la época. A medida que los financieros controlaban las empresas, las concentraban y organizaban monopolios en los nuevos sectores económicos generados por los adelantos tecnológicos. Era una evolución favorecida por el capitalismo desregulado, que impedía la libre concurrencia y que se materializó en los monopolios del ferrocarril, al que se enfrentó Brandeis, y de la producción de acero y energía.

La figura simbólica de aquel proceso fue el banquero John Pierpont Morgan, de la Banca Morgan. A raíz del pánico financiero de 1907 se convirtió en el pararrayos de las iras populares contra el 'trust del dinero', expresión acuñada por el congresista Charles A. Lindberg (el padre del aviador). J. P. Morgan fue uno de los citados a declarar en la comisión Pujo, creada por el Congreso de Estados Unidos en 1912 para investigar la concentración del poder financiero. Según recuerda el historiador David S. Landes en el libro 'Dinastías' (Ed. Crítica), el magnate fue sometido al interrogatorio del congresista Samuel Untermyer, un millonario especulador que quería limpiar su imagen ante la opinión pública. Morgan contestó con monosílabos y mostrando una actitud irónica que le hizo pensar que había dado un merecido al Congreso (no entendía por qué estaba allí, pues él había encabezado la ofensiva de los bancos privados para frenar el pánico de 1907, ya que entonces no existía la Reserva Federal).

Poco después de la comisión, el banquero enfermó durante un crucero por el Nilo (era propenso a las recaídas desde que era joven) y se murió sin haber sufrido ninguna enfermedad en particular. Según su médico, el agotamiento nervioso lo había debilitado. Pero su familia siempre culpó del fallecimiento a Untermyer, si bien a los historiadores siempre les quedó la impresión de que las sesiones del Congreso no sirvieron de mucho.

Los financieros de la época de J.P. Morgan invocaban el ahorro de costes, la estabilidad de las empresas y la eficiencia a fin de defender lo que, según Louis D. Brandeis, no eran sino posiciones de privilegio. El jurista demostró que el efecto de los trust era el contrario de lo que alegaban sus rectores: la ineficiencia absoluta -pues allí donde aparece un monopolio se detiene el desarrollo tecnológico- y la supeditación de la economía a intereses particulares (un problema que no se ha resuelto hoy). Acérrimo defensor de la eficiencia, Brandeis fue el primero en proclamar que esta tiene un límite a partir de determinado tamaño. Creía que era posible intensificarla a partir de lo individual.

Sus denuncias sobre la actividad incontrolada de las firmas de inversión, y sus quejas sobre los estragos que tales entidades financieras causaban en la industria, utilizando para ello los fondos de sus clientes, se plasmaron en su libro 'El dinero de los demás' (Ed. Ariel). Se trata de una colección de artículos escritos antes de 1913 y que fueron reunidos en un volumen un año después. Las ideas que se recogen en él son las mismas que inspiraron la ley Glass-Steagall, en virtud de la cual se separaron en Estados Unidos la banca comercial y la de inversión tras el 'crash' de 1929. La ley fue aprobada en 1933, un año después de que otra comisión del Senado citara a los bancos por el desastre bursátil. El heredero de J.P. Morgan, Jack, llamó "pequeño italiano de mierda" al presidente de aquella comisión, el exfiscal Ferdinand Pecora.

La prohibición de 1933 obligó a la Banca Morgan a crear una firma de inversiones aparte (Morgan Stanley). Estados Unidos la levantó en 1999, durante el mandato del presidente Clinton, merced a las donaciones del sector financiero a su campaña y a las presiones que este ejerció sobre sus colaboradores económicos. La consecuencia fue el auge inmediato de los productos derivados, que hicieron descarrilar la economía mundial cuando estalló el escándalo de las hipotecas basura y se hundió Lehman Brothers. Fue otra explosión organizada con 'el dinero de los demás' y con la aceleración provocada por un nuevo avance tecnológico: Internet.

En España se han publicado dos ediciones del libro de Louis D. Brandeis: una cuando se produjo la crisis de Banesto (1993) y la más reciente, el pasado año, con la actual crisis bancaria. Desgraciadamente, habrá una tercera edición.

Abogados y jueces deberían leer ese libro. A Brandeis, que encarna el liberalismo progresista estadounidense, lo bautizaron como el 'Robin Hood' del Derecho. Sus coetáneos lo consideraban un gran jurista y un temible adversario en el estrado no solo porque dominaba las leyes, sino porque tuvo en cuenta, como él mismo escribió, que hasta un magnate puede caer "víctima de las leyes inexorables de la humilde aritmética".

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Louis D. Brandeis, primer magistrado de origen judío del Tribunal Supremo de Estados Unidos, donde ejerció entre 1916 y 1939
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