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El hombre que sabe demasiado

su extradición, a debate

El hombre que sabe demasiado

31.03.13 - 00:01 -
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No lo verán en un restaurante famoso, ni dando un paseo por el centro de Madrid. Sería una locura. Un suicidio, tal vez. Vive en las afueras de la capital en un piso franco del Cuerpo Nacional de Policía, con cuatro agentes destinados a cubrirle las espaldas las 24 horas del día. Delgado, moreno, afable, silencioso y extremadamente inteligente, el hombre que sabe demasiado se llama Hervé Falciani y con ese ejército de guardaespaldas está pagando la acción por la que pasará a la historia: reventó el anonimato de 130.000 cuentas de la banca HSBC Private Bank de Ginebra y puso a disposición de varios países europeos los nombres y operaciones de importantes defraudadores fiscales. Para las autoridades helvéticas es un ladrón y un espía; para el resto del mundo, un héroe que ha puesto en solfa al todopoderoso sistema financiero suizo y su sacrosanto secreto bancario. Ahora trabaja con agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales y de la Agencia Tributaria. Su información sobre los españoles que tratan de ocultar sus fortunas en Suiza, una de las mayores bolsas de fraude jamás descubiertas, es oro puro. Por eso su vida no tiene precio. O sí.

El final de esta historia se juega mientras usted lee este texto. En territorio vigilado. Hervé Marcel Daniel Falciani, un ingeniero informático nacido en Montecarlo hace 40 años, aguarda escondido en un 'agujero' secreto a que la Audiencia Nacional decida sobre su futuro: Suiza reclama su extradición por sustraer información, violar el secreto comercial y el secreto bancario, pero la Fiscalía española se opone. Las fuentes policiales consultadas por este periódico cuentan que Falciani cambia de domicilio con cierta regularidad entre los pisos francos reservados para los testigos protegidos. Muy pocos agentes conocen su paradero. ¿Por qué? Hay serias sospechas de que detrás de las cuentas que copió en un disquete durante dos años están, entre otros, las grandes redes de blanqueo de capitales, las mafias mejor organizadas, el narco mexicano y hasta organizaciones terroristas como Al-Qaida. Como no es una lista pública, poco importa que estén, sino que ellos piensen que están. Desde Colombia hasta China, África, Rusia… todos los que en ese periodo de tiempo movieron en la banca HSBC dinero procedente del crimen organizado tienen una razón para ver a Falciani muerto.

Cada semana comparece en el juzgado, pero su principal labor se teje en las reuniones que mantiene con policías, agentes tributarios y 'espías' del CNI. Falciani «es un hombre valiosísimo para España», confirma el presidente de los inspectores de Hacienda, Ramsés Pérez Boga, aunque de él apenas se habla de forma oficial. En esos encuentros, el ingeniero informático desgrana los nombres, las operaciones y el modus operandi de los defraudadores en Suiza, un recorrido por las catacumbas del sistema financiero que ya ha dado frutos: hay más de 8.000 franceses, 7.000 italianos, 2.000 griegos, 1.500 ingleses, otros tantos de EE UU... y no menos de 2.000 españoles. Ha puesto en evidencia a un club muy selecto: dicen que para abrir una cuenta en el HSBC hay que poner encima de la mesa más de un millón y medio de euros. Además de delatar a los titulares de fortunas opacas -se sospecha que ha tenido un papel fundamental al poner en claro algunos movimientos de la 'trama Gürtel', la presunta red de corrupción política vinculada al Partido Popular-, transmite sus conocimientos sobre cómo se mueven miles de millones a espaldas del fisco.

Venta de información

Cómo llegó a convertirse en la gallina de los huevos de oro de las haciendas de varios países es un enredo complejo y apasionante. La historia comienza en 2006. Falciani era un joven ingeniero, experto en computación, salido del prestigioso instituto Sophia Antipolis de Antibes, cerca de Niza. Llevaba seis años trabajando en la sede de HSBC en Ginebra, en el departamento de seguridad informática. Por la pantalla de su ordenador pasaban miles de depósitos de ciudadanos y empresas extranjeras que huían de los impuestos de sus respectivos países. Así que durante dos años se 'bajó' a su portátil datos calientes de 130.000 cuentas con un rastro preciso de movimientos, cantidades y nombres de 80.000 titulares y 20.000 empresas. Se habla de 25.000 ficheros en tres gigas de espacio. Hasta que decidió pulsar el botón rojo.

El 4 de febrero de 2008 da el paso definitivo. Falciani usa un pasaporte falso y bajo la identidad de Ruben al-Chidiack se planta en la sede del Banco Audi de Beirut. Le acompaña Georgina Mikhael, una compañera de trabajo de origen libio, y se presentan en nombre de una sociedad denominada Palorva. Según la versión facilitada por la Asociación Suiza de Banqueros (Swissbanking), Falciani trata de vender sin éxito los datos a cambio de una enorme suma de euros. «Su objetivo era conseguir dinero, no luchar contra Al-Qaida, como él dice», declaró posteriormente a 'Le Monde' su propia cómplice.

En mayo saltan las alarmas y la Swissbanking envía una alerta denunciando una operación de espionaje económico. En diciembre, Falciani y su compañera, ya identificados en Suiza como los agentes que se presentaron en Beirut, son detenidos, interrogados y puestos en libertad, un impás que el informático aprovecha para refugiarse en su casa de Castellar, en la Costa Azul. El país helvético emite una orden contra él por robo de datos, vulneración de secretos y espionaje, pero ya es tarde. Falciani, que tiene pasaporte italiano y francés, sabe que Francia no extradita a sus nacionales. El 20 de enero de 2009, la policía de Niza registra su casa y encuentra su portátil. La bomba acaba de estallar.

En esos ficheros, los agentes hallan información de 8.000 empresas y ciudadanos galos, de los que hasta el momento han logrado recuperar 1.200 millones de euros. La prensa francesa publica que en esta lista figuran Lilianne Bettencourt -una de las principales accionistas de L'Oréal-, y la heredera de Nina Ricci. Luego los datos de Falciani viajaron a Italia. Allí se habló de la implicación de Valentino, Renato Balestra, Giovanni Bulgari y la mujer de Flavio Briatore. Han conseguido recaudar en impuestos impagados 570 millones de euros. La información puso sobre la mesa la existencia de una zona de sombras sembrada de sociedades pantalla y testaferros. En 2010, los datos aterrizaron en España.

Cuenta de la Guerra Civil

La primera lista ibérica de Falciani incluye a 659 evasores españoles con dinero negro en Suiza. En lugar de tramitar las inspecciones -temen que cualquier tribunal pueda considerar ilícito el origen de la información-, el Estado envió una carta de aviso a los afectados, notificando la información existente sobre ellos e invitándoles a presentar una declaración complementaria: lo que debían con el recargo de una sanción. Cumplieron 293 y solo trascendió el nombre de Emilio Botín y de otros miembros de su familia, como su hija Ana. No habían declarado 900 millones depositados en el HSBC entre 2005 y 2009. Pagaron 200 millones de euros y explicaron que los fondos correspondían a una cuenta abierta por el padre de Emilio Botín durante la Guerra Civil.

Hervé Falciani no había puesto hasta entonces un pie en España. Eso no ocurrió hasta julio de 2012. Llegó por mar, en un barco procedente del puerto de Sète, en el distrito de Montpellier. Casualmente (o no), la Policía lo identificó en un control rutinario y lo detuvo en virtud de la orden cursada por Suiza. Esta vez, el experto en seguridad informática no viajaba con pasaporte falso, sino con el suyo. En ese momento, quedó en manos de la Justicia española y fue encarcelado en la prisión de Valdemoro (Madrid).

En la cárcel se reúne con representantes de la Fiscalía General del Estado, de la Unidad de Delitos Económicos y del CNI. El asunto es gordo. Falciani asegura que España podría embolsarse 10.000 millones de euros con su información. Está dispuesto a todo, según las fuentes policiales consultadas, con tal de no ser extraditado. Abandonó la cárcel el 16 de diciembre, un día antes de lo acordado por razones de seguridad, protegido con un chaleco antibalas y una numerosa escolta. Desde entonces no se le ha vuelto a ver.

Casi nada le pone nervioso, salvo la posibilidad de volver a Suiza, donde lo persiguen por delitos contra el servicio de inteligencia económica, sustracción de datos y violación de secretos comerciales y bancarios. Tiene a su favor que esas acusaciones no constituyen una infracción en España, que favorece la denuncia de cualquier tipo de evasión fiscal. Para salvarse, cuenta con el letrado Joan Garcés, asesor de la ONU y antiguo colaborador de Salvador Allende. En esa liga de altos vuelos se juega un partido que parece ganado. La Fiscalía ya ha resaltado en sus informes la colaboración de Falciani con las autoridades españolas y precisa que no hay pruebas de que su intención de vender los datos al mejor postor fuera algo más que un impulso inicial, algo que además él niega. La encargada de decidir sobre su futuro es la Audiencia Nacional, aunque la última palabra la tiene el Gobierno, que también puede oponerse al proceso. Parece que no hará falta. El próximo 15 de abril tendrá que volver a mostrarse en una audiencia pública en San Fernando de Henares (Madrid). A petición de la defensa, está citado, entre otros, el fiscal francés Eric de Montgolfier, que colaboró con Falciani y ha pedido la información que se envió en su día al juez Ruz en relación con el Caso Gürtel. A nadie se le escapa que el descubrimiento de los 22 millones de euros que guardaba en Suiza el extesorero del PP, Luis Bárcenas, tiene mucho que ver con él.

Es probable que consiga mantenerse fuera de los tentáculos de Berna, pero la vida de Falciani, casado y con un hijo, no volverá a ser la misma. Si queda libre, tendrá que subsistir con una nueva identidad, tal vez en EE UU. Sabe mejor que nadie que su cabeza tiene y tendrá un precio.

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Hervé Falciani, en una imagen tomada en Niza en 2009./ AFP

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