Apenas diez meses después de haber estado por última vez en Vitoria con motivo del 140 aniversario de la Cruz Roja, los Príncipes de Asturias han regresado este martes a la capital alavesa para inaugurar una lavandería industrial propiedad de la sociedad foral Indesa S. L. Unas instalaciones que, sin embargo, se alejan de lo común por su destacado componente social al emplear a personas con discapacidad. Un edificio ya a pleno rendimiento, ubicado en Júndiz, muy cerca de las instalaciones de Mercedes y cuyo impulso público ha sorprendido gratamente a Don Felipe y Doña Letizia [fotos]. Además del diputado general, Javier de Andrés, que ha ejercido de anfitrión, el acto ha congregado al alcalde de Vitoria, Javier Maroto, al consejero de ASuntos Sociales, Juan María Aburto y al delegado del Gobierno en Euskado, Carlos Urquijo, entre otros. En el exterior del centro, unas decenas de personas y trabajadores de empresas en crisis se han manifestado con pancartas.
El servicio de lavandería se venía prestando bajo el manto de la Diputación foral desde hace tres décadas, aunque las instalaciones antiguas nada tienen que ver con las recién estrenadas en Júndiz y en las que trabajan 35 operarios. Esta moderna infraestructura -la mayor del país salvo una existente Madrid- ha costado 7,7 millones de euros: 3,6 el edificio y 4,04 la maquinaria. Con todo, se ha convertido en una de las grandes inversiones forales de los últimos años. De hecho, Ramón Rabanera (PP) la ideó, Xabier Agirre (PNV) la impulsó y ahora De Andrés (PP) la ha ejecutado y puesto en marcha.
Sus Altezas, al entrar en la llamativa nave -el rojo, el verde y el azul predomina en su tejado-, se han topado con un amplio vestíbulo que sirve de acceso a los vehículos que transportan la ropa sucia, una media de 3.500 kilos cada día. Desde allí se redistribuyen los sacos de prendas mediante unos chips inteligentes. Todo el proceso está informatizado.
Hasta 70 trabajadores
Hasta el más mínimo detalle está controlado al centímetro en el proceso: separación de las prendas, túneles de lavado (hay dos), calandras (la ropa entra mojada y sale secada y planchada)... Máquinas que son el paraíso de cualquiera y que el heredero ha podido supervisar. Eso sí, también hay prendas, sobre todo pantalones o chaquetas, que se planchan a mano, «con su rayita y todo», apuntan fuentes forales.
Sorprende también cómo la maquinaria está distribuida en función de un proceso de producción que tiene un alto componente higiénico, ya que se han instalado sistemas de aire y control (como los quirófanos) para que la zona limpia, donde trabaja el grueso del personal, no se vea afectada por partículas del área sucia. En cuestión medioambiental, el edificio permite utilizar el agua de lluvia para el lavado.
El Instituto Foral de Bienestar Social (que gestiona 17 residencias y 8 centros ocupaciones), Osakidetza (hospital psiquiátrico, ambulatorios...), colegios, el Ayuntamiento de Vitoria o distintas empresas privadas o asociaciones son clientes de la lavandería a la espera de inminentes incorporaciones como la del hospital Txagorritxu, que permitirá duplicar la capacidad actual de ropa tratada hasta los 7.000 kilos al día. Se esperan también nuevas contrataciones. De hecho, la cifra estimada de trabajadores una vez se llegue al potencial de los 12.000 kilos/día ronda los 70.

