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Victoria en la Eurocámara

A la pequeña Victoria Cerioli la hemos visto crecer en el Parlamento Europeo desde que su madre, la diputada italiana Licia Ronzulli, la llevó por primera vez al trabajo hace dos años y medio

22.01.13 - 00:09 -
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Victoria Ceroli cumplirá tres años en agosto. Es una niña con una carita muy dulce y ya hay quien le augura un futuro prometedor en la arena política. Se sienta obedientemente con su madre en la butaca número 762, aunque a veces es un poco trasto y ocupa la de al lado, revuelve con los auriculares, se los pone a su osito de peluche, levanta la mano cuando no es su turno… Todo por sentirse partícipe de la votación de las cuentas comunitarias, pongamos el caso, de los Veintisiete. Como Pedro por su casa, en algunas fotos se la ve subir y bajar las escaleras de la gran sala, parlotear con el iPod y utilizar sus lápices de colores mientras su madre, Licia Ronzulli, quien la viste con un gusto impecable, quizá porque sabe que la niña atrae los focos de los fotógrafos en cada sesión plenaria en Estrasburgo, participa en los debates. No es difícil adivinar quién se lo pasa mejor.

A la pequeña Victoria la hemos visto crecer en el Parlamento Europeo desde que tenía 44 días de vida. A las seis semanas de venir al mundo su imagen se publicó en las páginas de periódicos de medio mundo y ahora que se mueve como una lagartija seguimos viéndola siempre que las agencias envían a los medios fotografías de ella. No suelen pasar más de dos o tres meses hasta que conocemos un nuevo perfil de la chiquilla, cada vez más crecida y madura. En las últimas instantáneas la observamos mucho más rubia que de pequeñita y con el pelo más rizado, además de un saber estar chocante para una niña de su edad. Ella y su madre se han convertido así en todo un símbolo de los derechos de las mujeres.

Licia Ronzulli, de 37 años, es una política italiana natural de Lombardía y eurodiputada desde junio de 2009. Empezó trabajando de enfermera en un hospital italiano y en 2003 fue nombrada responsable de la coordinación de los profesionales de la salud en Milán. Desde 2005 es voluntaria del proyecto Sonrisa en el Mundo, con el que cada año viaja a Bangladesh para trabajar con niños en situación de pobreza y enfermedad. Su marido es Renato Cerioli, también entregado a la política. Ronzulli aplicó la máxima de “hechos, no palabras” el día que decidió llevarse por primera vez a su única hija al trabajo.

Curiosamente, en el Parlamento de Estrasburgo las mujeres electas no tienen derecho a baja por maternidad. Era septiembre de 2010 y esta política adscrita al partido conservador del exprimer ministro Silvio Berlusconi y del Partido Popular Europeo (pertenece a la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales y a la Delegación para las Relaciones con los países de Asia Meridional, además de a la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de) quería dar visibilidad a una problemática compartida con otras muchas mujeres: las dificultades para compaginar el trabajo con la maternidad.

Así que se llevó a Victoria consigo. Allí le dio el pecho, la durmió, la atendió… mientras trabajaba. La imagen despertó mucha ternura. Licia Ronzulli con ayuda de un fular sostenía a su bebé mientras leía y pasaba las hojas de un informe. Ese día se debatía una propuesta sobre la igualdad entre hombres y mujeres presentada por la comisaria Viviane Reding, la misma que sacó los colores a Sarkozy por la expulsión de los gitanos. Nadie se atrevió a criticarla. Es más, en aquella sesión se llevó una sonora ovación por parte de la Eurocámara. La niña, dormida, ni siquiera pestañeó. "No fue un gesto político, fue ante todo un gesto maternal. Quería pasar más tiempo con mi hija y recordar a la gente que todas las mujeres no tienen esa oportunidad", explicó Ronzulli.

"Es muy raro, hemos hecho muchísimo trabajo en el Parlamento Europeo y la Prensa no se ha interesado nunca por ello. Pero desde que voy con mi hija al hemiciclo todo el mundo quiere entrevistarme", contó a un periodista. Así es. Desde entonces se la lleva siempre y trabaja con ella sentada en sus rodillas, hasta el punto de que Victoria es ya un rostro familiar en la Eurocámara y parece una eurodiputada más. La más joven, claro. No se pierde una sola sesión. En palabras de Licia Ronzulli, "pienso en todas las mujeres que no pueden conciliar su vida profesional con su vida familiar. Incitamos a las mujeres a estudiar y a tener un trabajo interesante, pero al final tienen que elegir entre su vida profesional y su vida privada. Las mujeres no tendrían que elegir".

¿Cuántas querrían imitarla y llevarse a sus hijos al trabajo aunque sea de forma ocasional cuando, por ejemplo, se ponen malitos, se alían todos los elementos y no tienen con quién dejarlos? ¿Existe acaso una ley que lo prohíba? ¿Recibirían un aplauso de sus jefes y compañeros o más bien se ganarían más de un reproche o una amonestación? Cierto es que el trabajo de eurodiputada no es el mismo que de conductora de autobús, por ejemplo. El ambiente es más tranquilo, seguro y controlado, y Licia Ronzulli tiene la facultad de no perder de vista a la pequeña Victoria. Por otra parte, llevar un bebé al trabajo genera ruidos, olores y algún desorden, porque no es un sitio donde haya juguetes, pañales y biberones suficientes para mantenerlo tranquilo. Dirán muchas madres que eso de llevarse al peque al trabajo lo hacen todas alguna vez, sólo que escondiéndolo o dejándolo en la cafetería de enfrente con su madre o con su hermana, y que el símbolo que de verdad se necesita es que eso mismo lo haga un hombre.

Al parecer, entre los colegas de Licia Ronzulli están los que la apoyan y les gusta ver a una niña en la Cámara, pero también son muchos los que piensan que la diputada debería confiar su hija a una guardería. Lo que no ha trascendido nunca es qué piensa de su pupila Silvio Berlusconi, tan poco dado como fue en sus mandatos a promover cualquier normativa de corte social. Quién sabe, igual participa de la devoción que en Italia se profesa a la figura de la 'mamma'. Es de suponer que Victoria Cerioli pronto empezará el colegio y por tanto dejaremos de verla en las fotos que llegan de Estrasburgo. Entonces sí, nos olvidaremos de la niña eurodiputada.

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