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Mi iPhone 3G ya no recibe mensajes de WhatsApp

TELEFONÍA MÓVIL

Mi iPhone 3G ya no recibe mensajes de WhatsApp

Los móviles más avanzados hace cuatro años fueron diseñados con fecha de caducidad para no admitir actualizaciones

18.01.13 - 12:58 -
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Pánico y alarma en los móviles de segunda generación. Cuatro años después de salir al mercado, el iPhone 3G, un terminal adelantado a su época y diseñado para consumidores de alto standing, parece destinado a convertirse en puro escombro tecnológico. WhatsApp, la aplicación de pago más descargada en la tienda española de iTunes a lo largo de 2012 -superando las ventas del localizador de radares y el popular juego 'Angry Birds'- dejó de funcionar en el teléfono a finales de diciembre y los usuarios afectados están en pie de guerra.
La reciente actualización del servicio de mensajería gratuita e instantánea no puede instalarse en el teléfono inteligente de Apple porque éste no soporta sus nuevos requisitos técnicos. Esta renovación del software, que facilita el envío de textos y la transmisión de imágenes, vídeo y audio, relega al olvido a todos los dispositivos que no cuentan con un determinado sistema operativo, en concreto, una versión 4.3 o superior. De este modo, el iPhone 3G, que solo alcanza hasta la 4.2.1, queda fuera -frente a Android o BlackBerry-, en lo que respecta a esta herramienta de comunicación que ha desplazado a un segundo plano a los mensajes cortos, los tradicionales 'sms' de pago.
Conocido en las redes sociales como Javifrechi, este fanático de "todo lo relacionado con Apple y su cacharreo" ha canalizado las quejas de los afectados a través de Twitter. "La culpa la tiene WhatsApp porque ha modificado el software y ha ignorado la posibilidad de conservar una aplicación paralela para los dispositivos que ya no se pueden actualizar", responde a las reclamaciones. Como la coyuntura económica no concede demasiados caprichos al ciudadano, el también bloguero ofrece un tutorial para solucionar el entuerto recurriendo a un 'jailbreak', un procedimiento que elimina las limitaciones impuestas por Apple en su sistema operativo.
Por su parte, ante la ira de los clientes y la competencia en ciernes de programas como Line o Tango, WhatsApp ha recurrido al blog de su web oficial para achacar el problema a Apple por "olvidar a los iPhones antiguos a la hora de rejuvenecer la herramienta que los ingenieros utilizan para crear las aplicaciones". Mientras se jactan de «no vender publicidad» citando a un personaje ideado por Chuck Palahniuk para "El club de la lucha", reconocen que el teléfono ocupa «un lugar especial en su corazón porque fue el primer smartphone con el que trabajaron», pero no dudan en afirmar que «su ritmo de innovación paga el precio de la obsolescencia forzada». Sin pretenderlo, con estas declaraciones vuelven a poner en boga una idea que hace referencia a la planificación del fin de la vida útil de un producto para que resulte inútil e inservible después de un periodo de tiempo calculado por el fabricante durante la etapa de diseño y manufactura. En dicha tesitura, el consumidor se ve apremiado a comprar otro para reponerlo e iniciar una vez más el ciclo. En concreto, un iPhone 5, a 669 euros en la web de Apple.
Un nuevo modelo económico
El concepto, que no es precisamente moderno, se remonta a la década de los años 30. El incipiente capitalismo promovió un nuevo modelo de mercado en el que los objetos ostentaban una fecha de caducidad premeditada y se transformaban en piezas obsoletas de antemano. Por supuesto, su objetivo era el lucro económico. El empresario estudia la duración óptima para que deje de funcionar correctamente y precise de rápido reemplazo, sin que el usuario pierda nunca la confianza en la marca. Desde el punto de vista de la industria, frente a la calidad que pregona, la obsolescencia programada es una práctica generalizada con especial incidencia en los electrodomésticos y la informática, proclive a estimular la demanda sin que existan necesidades reales. Todo con tal de mantener a pleno rendimiento la rueda del consumo.
Defensores, por supuesto, no le faltan. Desde los que empuñan la bandera del desarrollo y la innovación hasta los que alegan mayores inversiones en I+D. En cambio, sus detractores hablan de "una estafa consentida" que supone, además, un peligro para la viabilidad del medio ambiente si se perpetúa el ritmo actual. La dictadura de los objetos de usar y tirar.
Un ejemplo flagrante de esta realidad reside en la falta de estandarización de baterías y adaptadores para el suministro de corriente eléctrica a los aparatos portátiles. En ese sentido, vuelve a cobrar relevancia la famosa pregunta formulada en 2002 por el holandés Eric Meijer a la Comisión Europea. El diputado del Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria denunciaba entonces que "algunos fabricantes cambiaban regularmente las clavijas entre versiones de sus propios productos sin justificación técnica".
En España, al hilo de organizaciones como Proyecto Venus, Benito Muros, fundador de OEP Electrics y presidente de la ONG contra la obsolescencia programada, se ha convertido en el pepito grillo del sector. Su sociedad mercantil fabrica las únicas bombillas led que reducen en un 90% el consumo de energía y "están hechas para durar toda la vida". Un dechado de sostenibilidad y ahorro que le ha supuesto "amenazas y descrédito en la red". A su juicio, el obstáculo es "la misma ley, pues ampara dicha práctica".
Medias para toda la vida
El laureado documental 'Comprar, tirar, comprar' -se puede visionar en YouTube o en el portal de RTVE- hacía hincapié en el máximo principio de la obsolescencia planificada: si los productos durasen muchos años, las firmas más punteras venderían menos novedades y, consecuentemente, ingresarían una menor suma de dinero. Su director, Cosima Dannoritzer, sitúa su origen en 1940, cuando la empresa de químicos DuPont comenzó a comercializar con gran éxito medias de nylon. Eran resistentes y duraderas. La firma pronto comprendió que aquello que las hacía irresistibles también era una maldición para el negocio, con las ventas cayendo en picado. De ahí que empezaran a distribuir otras que "se rompían con solo mirarlas" alterando los aditivos que protegían este material del sol y el oxígeno.
Ahora que Windows XP anuncia su inminente defunción, es una auténtica lástima que el iPhone no prodigue el ejemplo de esa bombilla centenaria de récord Guinness que, con cuatro vatios de potencia, lleva funcionando desde 1901 en el parque de bomberos de Livermore (California).
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