Todo el mundo quiere creer que sí, pero lo más probable es que no. ¿Existe la comida afrodisiaca? Es una buena pregunta para un día como hoy, de San Valentín, el supuesto día consagrado al amor aunque cada vez se estile menos no ya celebrarlo con regalos, que la cosa no está para tales alegrías, sino simplemente acordarse de él y dedicarle un te quiero a la pareja. No soplan buenos vientos para casi nada, así que tampoco para el romanticismo.
Cuando uno piensa en comida con propiedades especiales sobre la líbido de la pareja siempre desarrolla las mismas imágenes mentales. El caviar. Las ostras. El chocolate. Los frutos rojos, las fresas o las frambuesas. El sushi, quizá. Pues bien. Ningún estudio científico ha demostrado que alguno de estos alimentos tenga propiedades claramente potenciadoras del deseo sexual. Algunos, como el chocolate, aparte de proporcionar placer en las papilas gustativas, es un intenso contenedor de energía, así que podría ser un alimento muy apropiado si a uno le espera una noche ajetreada. Pero por sí mismo, nada.
El truco, dicen los gurús de la cocina afrodisiaca, está en la ambientación. Es decir, en ponerle un lazo rojo. En vestirlo de sensualidad. Lo que se consigue, como uno puede suponer, poniendo extremo cuidado en los detalles. Una cena tranquila, en casa, con las luces bajas, con los móviles apagados, con música de Barry White sonando delicadamente en el reproductor; sin estrés, sensualmente vestidos y con una buena botella de vino, quizá un meloso vino tinto elegante y afrutado. Conseguido el decorado, cualquier alimento sobre el plato tendrá el efecto buscado, garantizan. Una ensalada de frutos rojos, un poco de marisco, un sashimi de salmón, una carne roja con foie, por ejemplo. Igual no es necesario ni dejar preparado el postre.
Fuera de casa, no es fácil encontrar restaurantes donde se trabaje el concepto de comida afrodisiaca desde una óptica gastronómica, sin caer en lo chabacano de dar nombres sexuales a los platos ('fálico cucurucho de chocolate, relleno de parfait de maracuya', se lee en la carta de un local para la cena de hoy) o en el concepto de restaurante para despedidas de soltero-a, en los que todo se reduce no ya a chocolate, sino a la 'tableta' abdominal del boy de turno. En todas las ciudades hay algún local así, poco recomendables al margen de estas desinhibidas reuniones de fin de soltería.
También hay otras opciones, en este caso entorno al vino. Un evento de cierta difusión es el que efectúa en Tenerife Bodegas Monje bajo el título de Wine & Sex, donde se puede asistir a una cena con vinos de la firma en un ambiente, garantizan, de máxima sensualidad. Quién sabe, quizá funcione. Todo sería lanzarse a probar.