
Whitney Houston, en uno de sus conciertos. /Agencias
Tras la triste muerte de la tan controvertida como querida vocalista británica Amy Winehouse, otra gran voz del soul contemporáneo y comercial se extingue en trágicas y precoces circunstancias: la de la estadounidense Whitney Houston. Ambas fueron niñas ilusionadas con ser famosas y, al lograrlo, comprobaron que no se les curaba la pena interior, el vacío existencial. Ambas fueron juguetes rotos en la cima de la popularidad, con decenas de managers personales, ejecutivos discográficos, asesores de imagen, guardaespaldas, secretarias y demás séquito al albur de sus caprichos, cumpliendo sus apetencias de todo tipo y regalando sus existencias de estrellas globales. No obstante, nunca se les quitaba la pena cuando se encerraban en sus habitaciones.
Las dos fueron grandes voces del soul. Amy Winehouse lo conoció desde la distancia interoceánica, y Whitney Houston lo mamó de niña, lo sintió dentro por su raza negra y le otorgó un nuevo brillo comercial que a veces frisaba peligrosamente con la blandura y la lágrima fácil, artimañas sentimentales favorecidas por la labor de sus productores y por la potencialidad de su garganta de soprano. Sin embargo, había una gran diferencia entre ambas: si bien Amy actuaba, y era, la niña mala oficial del reino, Whitney se presentaba como la mujer perfecta, la nuera que desean las madres, el espejo en que se miran las aspirantes al triunfo, un ejemplo social a través de sus fundaciones benéficas, etc.
Empero la comercialidad sobrecargada de arreglos de su cancionero (mantos de violines, trompetas rampantes orquestales, teclados subrayados…), en sus interpretaciones siempre se percibían las raíces de su banda sonora iniciática, o sea el soul y el góspel. Su madre, Cissy Houston, cantaba soul en la época dorada y trabajó para el sello Atlantic. Era la voz principal de The Sweet Inspirations, el grupo de apoyo de la gran Aretha Franklin, la eterna reina del soul. Su madre, Cissy, y su propia madrina, Aretha, han sido las dos grandes influencias de la difunta Whitney: con la primera actuaba en clubes antes de ser famosa y de la segunda asumió los patrones de la evolución sónica del soul, necesarios para seguir estando presente en la radio, en los medios.
Además, las tres, Cissy, Aretha y Whitney, de niñas formaron parte de coros eclesiales. Cantaban góspel, la fuente primordial del soul, y Cissy se dedica ahora al góspel profesionalmente. Seguro que las siguientes actuaciones que dé en su vida elevará dedicatorias y rezos al Cielo, desde donde le verá Whitney, ya feliz tras tanta pena.