Este domingo, el muy glorioso Club Deportivo Mirandés se enfrentará al Palencia y luchará como sabemos que es capaz de hacer para sostener su privilegiadísima posición en Segunda División B. El 19 recibirá al Sestao y el 26 volverá a Bilbao para medirse con el Athletic B. Mientras, aún queda alguna bufanda oficial (de las pirateadas, ninguna) de la semifinal de la Copa del Rey en la tienda del club, en la calle Estación. También en Tamy Complementos, comercio elegido por el Athletic para distribuirla igualmente.
En otro terreno de cosas, el alcalde de la villa a la que Alfonso VI otorgó su fuero en el año 1099 y Alfonso XIII nombró ciudad en 1907, ha propuesto al club rojillo para pregonero de las fiestas que el 12 de septiembre se celebrarán, como cada año, en honor a la Virgen de Altamira que lleva defendiendo a los mirandeses de enemigos e invasores desde el siglo XIII.
Fiestas grandes solo superadas, quizás, por la fabulosa romería que durante el fin de semana que precede a Pentecostés honra a San Juan del Monte, fiesta intensa, alegre, montaraz, disfrute de propios, extraños, peñas, cuadrillas y charangas. Hay quien opina que ha sido el Mirandés y su gesta en la Copa del Rey lo que ha puesto a la ciudad burgalesa lindante con La Rioja, Castilla y Euskadi en el mapa y en los telediarios. Otros recuerdan que ya estaba en los mapas desde 1864 cuando la creación de las líneas ferroviarias Madrid-Irún y Tudela-Bilbao la convirtieron en un imprescindible nudo ferroviario donde todo era posible.
Cruce de caminos
Fluían las mercancías, se desarrollaba el comercio y la industria y gentes de todos los lugares del país iban, pasaban, venían... Pero mucho antes de la fundación del Mirandés (1927) y de que Charles B. Vignoles proyectase (1862) la estación, Miranda existía. Más que existir: en el Bajo Medievo era ya punto vital en las comunicaciones entre Castilla, Vascongadas, La Rioja y Francia y todas las mercancías que hacia el Norte iban o de allí venían debían pasar obligatoriamente por su puente y tributar en la villa.
De Miranda han dicho cosas terribles («si vas a Miranda, mírala y vete; que si mala es la tierra peor es la gente»), pero la verdad verdadera es la que reza el cartel de bienvenida a la entrada del lugar: «Os recibimos con los brazos abiertos». Orgullosa de ser lo que es y como es («Brinda por Miranda, brinda por lo tuyo» es el eslogan del chacolí autóctono ‘Término de Miranda’), Miranda pasea por las orillas del Ebro y cruza el puente construido en tiempos de Carlos III por Francisco Alejo de Aranguren para adentrarse en el Casco Viejo donde, entre bares y casas historiadas, hay otro club de fútbol que pelea como un jabato.
Miranda, a dos horas de tren de Donostia, 35 kilómetros de Vitoria y 80 de Bilbao toma hojuelas compradas en la pastelería Bornaechea (Estación) y en Semana Santa, el zurracapote preparado en el bar Madrid (2 de Mayo) y en Las Manuelas (San Juan 8) y hace las compras en la Plaza de Abastos.
Miranda va al teatro en su Casa de Cultura, llena la sala La Fábrica de Tornillos cuando actúan los Mojinos Escozíos, se toma unas copas en el TitBitCafe y espera a que el fin de semana saquen los bollos de chorizo en la Panadería La Moderna de la calle Santa Teresa. Aún no se ha borrado el gran mural de la plaza de Cervantes y hay una Vespa retro aparcada en el Iruña, junto al kiosko de la Plaza España.
Dónde comer en Miranda: La Vasca y los anarquistas
En Miranda de Ebro se come bien en muchos sitios (La Rual, Arenal 76) pero elegimos un gran clásico: La Vasca, a la entrada del Casco Viejo, sobre una librería, en Olmo 1, t947311301. Setenta referencias tiene su bodega y una gran pasión por la caza y los hongos en su cocina, tradicional, casera y familiar. Antiguo como de tres generaciones, está más que al día en servicio y atención. Sus alcachofas con foie son impepinables y respetan las temporadas y sus productos. Otra opción bien distinta pero en rojo y negro como el Mirandés: el comedor vegetariano de la CNT, calle Vicente Aleixandre, 8. Seguro que no has tenido muchas ocasiones de alimentarte en un local tan especial.