
A Aris se le escaparon las lágrimas en su despedida. / Tele 5
Cara le ha salido la experiencia de entrar en Gran Hermano a Aris Alonso, al menos por ahora. El joven vizcaíno fue expulsado ayer de la casa de Guadalix de la Sierra, donde había ingresado tras pagar la suma de 69.100 euros, que el programa entregó a la Cruz Roja. La audiencia le dio la espalda y votó masivamente para sacarle del reality de 'Tele 5' (58% de las llamadas y mensajes enviados). Cada día que ha pasado en el plató, le ha supuesto una factura de 9,800 euros al vecino de Derio, que prefirió 'comprar' una plaza en el programa a adquirir un piso con su novia.
Sin embargo, lo peor no fue alejarse de las cámaras y sus compañeros... Lo más duro vino después, cuando entró en los estudios de la cadena y tuvo que soportar las humillantes palabras de una Mercedes Milá que volvió a ejercer, de nuevo, de juez suprema. Con la severidad de una madre que reprime a un hijo descarriado, la veterana presentadora acusó a Aris de ser un manipulador, "un abraza-farolas" y de haber utilizado Gran Hermano como plataforma para labrarse una carrera en el 'Salvame'. "Te has equivocado", le reprochó. "¿Para qué has venido a este programa?", le llegó a espetar.
No quedó ahí la cosa. Milá perdió los papeles cuando recordó el incidente que Aris, adiestrador de perros, tuvo con Pepe (también nominado esta semana) por el cachete que el bailaor le dio a la mascota de la casa. El joven de Derio reaccionó de manera fulminante y vehemente contra su compañero, al que acusó de tener la mano muy larga. "¿Tú te crees que somos idiotas?", le soltó la periodista. "¿Piensas que no hemos visto las imágenes?", afirmó negando que hubiera habido violencia alguna hacia el can. "Has utilizado de manera asquerosa una palabra sagrada, porque el maltrato es otra cosa", añadió.
"Fuiste a malmeter"
El linchamiento catódico al que fue sometido el vizcaíno no acabó ahí. Milá dio paso a la hermana del sacerdote de la casa que, poco más o menos, le llamó judas, por haber traicionado supuestamente al sacerdote. "Él te abrió los brazos nada más entrar, sólo hablaba bien de ti, y tú fuiste por detrás a malmeter", le ametralló.
Antes de acabar la gala, las lágrimas brotaron de los ojos de Aris. Pese a todo, el joven, campeón de Euskadi de taekwondo, aseguró que la experiencia ha merecido la pena. "No me arrepiento de nada; he sido yo mismo y no un estratega, como mucha gente que hay en la casa", afirmó. Consideró que su expulsión no fue justa. "Mi vida no ha sido justa y sigue sin serlo", se dolió. "Sé perder, tengo deportividad y me voy de aquí con la cabeza alta porque sé que la gente que me quiere está ahí fuera".
Ahora queda por ver si Aris logra recuperar la inversión realizada, en el tránsito de plató en plató que suele suceder a la expulsión de la casa de Guadalix.