Los ertzainas que investigaron el asesinato de un hombre de 58 años en junio de 2009, concluyeron que, tras mantener relaciones sexuales, el joven acusado usó una pesa forrada con tela para golpear a su víctima en la cabeza, que luego con esa misma pesa le estranguló y finalmente le asfixió con una almohada.
Hoy han declarado los testigos en la segunda sesión del juicio con jurado que se sigue en la Sección Primera de la Audiencia de Bizkaia contra el joven argelino de J.B.A., de 22 años, para quien la fiscal pide una pena de 17 años por un delito de asesinato con ensañamiento y la acusación particular, en nombre de la familia del fallecido, solicita 18 años o, en su caso, 13 años por un delito de homicidio.
El ertzaina que dirigió la investigación del caso ha explicado que el informe forense describía que el cadáver presentaba unas lesiones que podían estar hechas con una de las cuatro pesas que fueron halladas en el domicilio de la víctima del barrio bilbaíno de La Cruz y, en concreto, la que había aparecido junto al cadáver, que presentaba desgarrada la funda que era de tejido de color fucsia.
Así, sobre el informe forense, los agentes concluyeron que tras propinarle con esa pesa un golpe en la cabeza que lo tumbó, el joven colocó cada una de sus rodillas sobre los hombros de la víctima y que la estiró para apretarle el cuello contra el suelo, al tiempo que con una almohada le tapaba la cara. Luego, según ha seguido recordando el agente que tomó declaración al joven en la comisaría, el inmigrante se fue de la casa y dijo que mientras salía escuchó a la víctima "gemir" pero no supo "si era de placer o de dolor".
Los agentes centraron la investigación en el joven porque las huellas digitales y la de una pisada de una zapatilla de deporte, le situaron en ese domicilio. Una vez en comisaría, el arrestado, que "no estaba nervioso", sino "normal", explicó que la víctima le paró por la calle y le invitó a su casa y que una vez allí mantuvieron un forcejeo en el que, según reconoció, le dio "varios empujones y un rodillazo en la cara" cuando el hombre le propuso mantener relaciones sexuales.
"Todo muy revuelto"
El ertzaina ha expresado su convicción de que finalmente consumaron el acto, si bien el joven solo reconoció haber eyaculado después de que la víctima le palpara. Un agente de la policía científica ha explicado cada una de las evidencias recabadas en el domicilio, que estaba "bastante revuelto", y ha destacado que el armario del dormitorio donde ocurrió el crimen "había sido registrado", todas sus puertas habían quedado abiertas y se habían sacado de su interior papeles y otros objetos que habían quedado desordenados.
En el dormitorio los ertzainas recogieron una camiseta interior y las fundas de dos almohadas con manchas de sangre, que también apreció salpicada en varias paredes y en la moqueta, así como fluidos seminales en colchas y sábanas. Además, hallaron en el lavabo del cuarto de baño un cuchillo de cocina que posiblemente había sido lavado allí.
Otro de los ertzainas ha contado que tras el crimen varios vecinos relataron que sabían que la víctima era homosexual y que solía recibir en su piso a jóvenes de origen magrebí. Los miembros del jurado han escuchado hoy a los agentes y han observado con detalle cuando el agente les ha mostrado las evidencias del caso, por ejemplo las pesas o las almohadas con sangre, en un juicio que continuará mañana.