
Saludo de compromiso entre Maroto y Lazcoz el 23-M, en el primer acto público de ambos tras las elecciones.
La última guinda la ha puesto el alcalde, Javier Maroto, cuando a través de una nota de prensa ha pedido literalmente al portavoz socialistas Patxi Lazcoz que “abandone su rabieta”, que asuma “los resultados electorales” que le apartaron de la Alcaldía y que entienda que su actitud “es impropia de un exalcalde”. Es sólo el último capítulo de un evidente desencuentro que amenaza con pasar factura a ambos partidos, condenados como están a entenderse al menos en el presente escenario político tanto en el Gobierno vasco (donde el PP es sostén de Patxi López) como en la Diputación de Álava, donde son los socialistas quienes dieron sus votos sin contraprestaciones al PP. En Vitoria, con un gobierno en minoría liderado por los populares, en otoño llegará el momento de tejer las alianzas de cara a la confección de los presupuestos. Y aunque lo lógico sería intentarlo con los socialistas, el PP deja abierta la puerta a las sorpresas y no niegan que en materia fiscal, por ejemplo, están más cerca de los nacionalistas que del PSE.
De momento, el PP ha elegido inesperado compañero de viaje en la más trascendental de las primeras decisiones de Maroto, la paralización del BAIC y, este miércoles, la destitución del director encargado de dar forma al futuro complejo, José Ramón Villar.
Ambos asuntos los ha sacado adelante con el apoyo de Bildu, la coalición abertzale a cuya participación en las elecciones autorizada por el Tribunal Constitucional se opusieron frontalmente los populares. En el asunto del BAIC, el PNV opta por la abstención o la crítica leve más hacia las formas que hacia el fondo; y el PSE, por la oposición frontal a su paralización, dado que se trata de un proyecto convertido en emblema propio por el exalcalde Lazcoz.
Tan mal le sentó al socialista la decisión de Maroto de paralizar el BAIC y llevar a la parcela de la plaza de Euskaltzaindia la futura estación de autobuses (concebida por el equipo de Lazcoz para el parque de Arriaga), que los socialistas no pudieron reprimir la broma en un comunicado público. “De BAI Center, a BUS Center”, señalaron. Maroto les ha devuelto la irreverencia en su último comunicado. El líder del PP le ha reprochado “su actitud de permanente rabieta, impropia de un exalcalde, y le ha pedido que abandone esa postura y colabore con los proyectos de la ciudad”. Nadie sabe hasta dónde puede llegar esta escalada. A los intentos públicos de Lazcoz de salvar el complejo (el ofrecimiento de un 'folio en blanco' para rediseñarlo, de negociar su adaptación para no perder el trabajo ya hecho), Maroto contestó con cajas destempladas. Ningún acercamiento.
Feeling, lo que se dice feeling, poco.
Javier Maroto y Patxi Lazcoz se conocen de largo. Es más veterano Lazcoz, que ya estaba en el Ayuntamiento cuando accedió a la Corporación Javier Maroto, un fichaje del exregidor del PP Alfonso Alonso a quien confió la cartera de Hacienda durante sus dos legislaturas al frente de la nave. Como se recordará, los socialistas facilitaron notablemente el gobierno de Alonso durante los primeros años, presupuestos incluidos, pero convirtieron en un infierno su segunda legislatura después de apoyar su investidura.
De todos los desencuentros entre ambos, quizá el más relevante en lo sentimental fue la posición final de los socialistas que llevó al fracaso al auditorio de La Senda planeado por Alonso y que en un primer momento había encontrado el apoyo del PSE. Muchos ven ahora, una revancha en esta decisión de Maroto respecto al BAIC, aunque los populares insisten en que los números del complejo de Lakua no se sostienen y que Lazcoz iba a “arruinar” a la ciudad con la obra.
De todas formas, basta un ejemplo de una crónica de El Correo para entender que el distanciamiento no es de ahora. Reproduce lo ocurrido en una sesión de la comisión de Hacienda de 2007, el primer año de Lazcoz en la Alcaldía. Lo narramos así: “Lazcoz también pidió al PP que fuera «a primera hora» al Ayuntamiento a trabajar, a lo que el Maroto respondió que «venimos pronto. Le veo desmedido, con muchas ínfulas y poco elegante para ser alcalde», le espetó. Una opinión que, en sentido contrario, suscriben ahora muchos socialistas sobre el regidor popular.