Pealpack Internacional es una empresa moderna radicada en Zalla. En Pealpack fabrican embalajes flexibles, envoltorios, cosas así. Digo que es una empresa moderna porque se llama Pealpack y no Embalajes Bolumburu o Envoltorios El Sardinita, que serían, creo yo, nombres más apegados a la tradición. Lo que ocurre es que en el mundo empresarial moderno manda la innovación. Esto el lehendakari Ibarretxe lo vio muy bien. Hasta pensó en crear una especie de Nobel del asunto. Sin duda, el premio inaugural debería haber sido para el visionario que pensó que lo primero que había que hacer para triunfar era ponerle a la empresa un nombre que sonase anglosajón. ¿Funeraria Peláez? Quita, quita: The Ultimate Sunrising S.L.
Otra de las cosas que distingue a las empresas modernas es que, cuando las cosas se ponen feas, piden ayuda a la Administración. Esto lo hace también el hombre moderno, que ha entendido con gran rapidez que la subvención es un derecho humano. Pero no nos despistemos. A Pealpack la cosa de los embalajes no terminaba de irle bien y en 2006 el Gobierno vasco le dio una ayuda de 1,5 millones de euros. El dineral debía destinarse, por supuesto, a la innovación, un concepto irresoluble. Digamos que uno acaba de innovarse hoy y mañana ya está necesitando urgentemente una buena innovación.
Lo extraño es que el Gobierno vasco le dio todo ese dinero a una empresa que, por lo visto, no presentaba sus cuentas con la deseable regularidad y mantenía además cierta propensión a coleccionar embargos. Son los incrédulos acreedores los que lanzan ahora al cielo una pregunta inquietante: si en Pealpack no pueden devolverles a ellos lo suyo, ¿cómo se las van a arreglar para reintegrar a las arcas públicas todo el dinero que les han prestado? El caso, en fin, es curioso y significativo. Más aún si miramos alrededor de Pealpack, a Las Encartaciones, una comarca que se desindustrializa por momentos y en la que hay empresas a las que se les inyectan ayudas que parecen funcionar a modo de puntilla.