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El maestro de la humildad

ÁLAVA

El maestro de la humildad

El Ayuntamiento nombrará a Eduardo Madinaveitia, profesor de Geografía e Historia, hijo predilecto de Vitoria

25.01.10 - 02:51 -
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'Mens sana in corpore sano' es la frase que mejor define a Eduardo Madinaveitia Bengoa (Vitoria, 24 de marzo de 1918). El Ayuntamiento, a petición del equipo de gobierno, acordará hoy concederle el título de hijo predilecto de Vitoria a este profesor de Geografía e Historia, un hombre del que tantos alumnos han aprendido valiosas lecciones en centros como Corazonistas, Marianistas, Vera Cruz, Ursulinas y en los institutos Federico Baraibar y Ramiro de Maeztu, donde pasó una larga etapa.
El año de su nacimiento, Antonio Maura fue elegido nuevo presidente del Gobierno español y transcurría en Europa la I Guerra Mundial. Precisamente, fueron los conocimientos históricos y el interés por la cultura general lo que marcó la carrera del profesor. El maestro realizó sus primeros estudios en los colegios de Corazonistas y Marianistas de la capital alavesa, y después se licenció en Filosofía y Letras en Zaragoza. Más tarde obtuvo la Cátedra en Historia.
Sobrino del antiguo alcalde, escritor y catedrático Herminio Madinaveitia, su hermano Ramón -ahora fallecido- también se dedicó a la enseñanza, pero en la rama científica. Estuvo casado con Merche Villacián, vicealcaldesa de Vitoria y diputada en el Congreso, que antes fue su alumna. Pese a ser más joven que él falleció hace varios años. Al igual que Eduardo, también fue profesora de Geografía e Historia y durante algunos años presidió la Caja de Ahorros Municipal de Vitoria.
Todos los que han tenido la ocasión de conocerle coinciden en un mismo adjetivo a la hora de describir su carácter: educado. Extremadamente correcto y fundamentalmente humilde, sus colegas y alumnos evocan su bonhomía y condescendencia.
Griego clásico y euskera
Pero ante todo, es la modestia lo que mejor caracteriza a Eduardo Madinaveitia, quien al conocer la noticia de su nombramiento aseguraba, en un tono totalmente respetuoso y cortés, que «estos reconocimientos no son necesarios». Esas buenas formas que tienden cada vez más a desaparecer en la sociedad actual las sigue poniendo en práctica a rajatabla. Por ejemplo, cuando coincide con alguien en sus paseos diarios por la Senda. El ejercicio físico forma parte de su rutina actual. Aficionado al deporte y al alpinismo -«siempre ha estado en buena forma y casi nunca se ha puesto enfermo», explica su hermana Pilar-, Eduardo acude diariamente a misa en El Carmen y camina después 8 kilómetros desde Vitoria hasta Lasarte. Un constante ritual que le permite conservar una excelente salud a sus 91 años.
Su sobrino, también Eduardo, estuvo entre sus discípulos cuando el Instituto Ramiro de Maeztu ocupaba el edificio del Parlamento Vasco. «Es una gran persona. Domina varios idiomas, desde el griego clásico al francés. Sigue dando cada día grandes caminatas y haciendo traducciones de obras literarias. En una ocasión me comentaba que se encontraba realizando una traducción de Aristóteles del griego al euskera. Aunque acabé siendo de Ciencias, la base cultural que adquirí en el instituto fue excelente, y en ello tuvo mucho que ver mi tío Eduardo», rememora. «Como profesor aparentaba ser muy duro, pero después era un pedazo de pan», agrega el director general técnico de la empresa Zenith Media.
«Bueno y conciliador»
El profesor de Historia Ernesto Villapún, que coincidió con él en el instituto Ramiro de Maeztu, le recuerda como «un hombre bueno, muy conciliador, condescendiente y educadísimo, tanto que llama la atención. Ya no queda nadie a esos niveles», constata, añadiendo que «uno se alegra de que reconozcan la labor del profesorado, que no suele ser muy estimada». Alberto Bagazgoitia, profesor de matemáticas y responsable del Centro de Orientación Pedagógica en Vitoria, fue alumno de su hermano Ramón Madinaveitia y destaca «su amabilidad y discreción. Ha colaborado con todo el mundo, aunque huye del protagonismo. Me llamaba la atención su increíble caligrafía, con letra gótica, y la dibujaba a la perfección. Los mayores siempre han tenido buena letra, pero la suya destacaba», detalla.
Culto, amable, autodidacta y llano. Así era y sigue siendo Eduardo Madinaveitia, que se convierte en hijo preferido de Vitoria, la ciudad que le vio crecer y donde mamó a través de generaciones de estudiantes sus valiosos conocimientos de Historia, Geografía y Letras. Aunque el maestro insiste en que «sobran todas estas distinciones», Vitoria guardará en la memoria su más valiosa lección: la humildad.
Medallas de Oro
Además, el Ayuntamiento de Vitoria ha decidido hoy, por unanimidad, otorgar la Medalla de Oro de la ciudad, a título postumo, al escultor Eduardo Chillida y al arquitecto Luis Peña Ganchegi, autores de la plaza de los Fueros.
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Eduardo Madinaveitia, en una instantánea tomada durante un reciente viaje a Argentina. :: EL CORREO

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