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Álava se mueve

ÁLAVA

Álava se mueve

Situada en una zona media de riesgo de terremotos, la provincia registra de vez en cuando pequeños temblores

24.01.10 - 02:43 -
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El pasado 15 de enero la localidad navarra de Lizóain, a 10 kilómetros de Pamplona, registró un seísmo de magnitud 2,5 en la escala de Richter -el de Haití ha sido de 7,3-. En la cuenca pamplonesa la tierra no deja de moverse, pero Vitoria está a cien kilómetros y aquí no se llegó a notar. Sin embargo, terremotos hay todos los días porque la tierra no deja de moverse. La diferencia con otras latitudes es que Álava no tiene grandes estructuras geológicas -fallas-. Sin embargo, la noche del 13 de agosto de 1967, miles de vitorianos se echaron a la calle ante la tremenda sacudida de sus casas. Fue el último temblor importante del que queda constancia en las crónicas periodísticas de la capital.
El colaborador de El CORREO Javier Sedano tenía 25 años y recuerda que ultimaba una crónica deportiva en la vieja redacción de la calle Dato. «Se movió el edificio y la escalera crujió. Dejé todo y salí zumbando. Me fui a mi casa. La gente salió a la calle a ver lo que pasaba. Pensé enseguida que había sido un terremoto y caminaba por el centro de la calle. En una campa del barrio de Desamparados se llegaron a concentrar 3.000 personas. ¡Menudo susto!», relata el cronista.
Lo que sintió Sedano aquella noche era la onda de un movimiento telúrico que se había cebado en la localidad francesa de Arette, a 162 kilómetros en línea recta de la capital alavesa. El 95 % de las casas quedaron destruidas. Alcanzó una intensidad de VIII y una magnitud de 5,5. Está considerado por los expertos como el último gran seísmo destructor del siglo pasado dentro de la zona Pirenaica occidental, el área de influencia de Vitoria, Pamplona y todo el País Vasco. El otro gran movimiento telúrico ocurrió el 18 de marzo de 1817. Fue de intensidad VIII también y sacudió la localidad de Arnedo -a 84 kilómetros de Vitoria-. Fue sentido en toda la mitad norte de España y el sur de Francia y ocasionó muchísimos daños. En la capital alavesa se sintió con un grado 5 en la escala Richter.
Epicentro, Álava
El Instituto Geográfico Nacional, dependiente del Ministerio de Fomento, en su página web recoge, además, quince terremotos de intensidad variable con epicentro localizado en territorio alavés y ocurridos entre 1847 y 2007. Es difícil saber cuál ha sido el más fuerte de todos porque se tienen datos basados en testimonios escritos hasta 1965 y en los sismógrafos desde entonces. El último, con epicentro en Pobes, se produjo a las 7.35 de la mañana del 26 de febrero de 2007. A muchos vecinos de Añana, Ribera Alta y Lantarón se les movió la cama aunque también hubo quien ni lo notó. La evidencia más clara la aportó Ana Isabel Ciruela, vecina de Salinas que observó dos importantes grietas en su casa y en un camino cercano. «Nos despertó un gran estruendo y como había obras cerca pensamos que se había caído la grúa», declaró entonces. Los geólogos lo explicaron como un movimiento del diapiro de Salinas, el pliegue anticlinal que ha formado el valle salado.
«La posibilidad de sufrir un gran terremoto en Álava es improbable y lejana. Estamos bajo la influencia de la falla pirenaica, que es muy activa, pero quedamos lejos y en 1967 ya hubo descarga sísmica en Arette. Tiene que pasar mucho tiempo para que se repita algo así». Así lo afirma el geólogo y profesor del departamento de Geodinámica de la Universidad del País Vasco (UPV) Koldo Martínez Torres, que ha estudiado la historia sísmica del territorio y repite un hecho unívoco. «No existe ningún edificio histórico en Álava que se haya colapsado por un movimiento telúrico», añade el experto.
El primer seísmo
Martínez Torres ha estudiado los dólmenes de la Rioja Alavesa y ha datado el primer seísmo de la historia del que existen huellas con consecuencias sobre una construcción humana. «Fue en el año 2.700 antes de Cristo y el epicentro estuvo en la falla de Pamplona. Derribó muchos de estos megalitos». Su tesis fue presentada en un congreso en Pekin.
Situados en una zona con riesgo medio, sin embargo, hay tres localidades próximas a la muga con Navarra en las que existe desde 2004 la obligación de construir las nuevas viviendas y las que se rehabiliten bajo la llamada norma sismorresistente. «A efectos prácticos no tiene incidencia porque los cálculos habituales de resistencia con los que se construye hoy en día son superiores a los que se exige en la norma. Pero hay que dejar constancia porque es de obligado cumplimiento», señala José María Ruiz, arquitecto de la Cuadrilla de Salvatierra.
«Nuestros edificios, sobre todo los modernos, aguantarían bien las intensidades de movimiento que pueden preverse en Álava. Yo estaría tranquilo», concluye el arquitecto foral, José Luis Catón.
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