A nadie le amarga un dulce y mucho menos un regalo. Aunque la emoción del momento quede a veces desvirtuada al descubrir el objeto en cuestión. Sobre todo cuando el obsequio se hace y se recibe a ciegas. Interés, intriga y sobre todo sorpresas fueron las notas predominantes ayer tarde en la plaza de los Fueros. El escenario elegido por la asociación de comerciantes de Gasteiz On para celebrar uno de los actos más rompedores dentro de su campaña navideña.
Se trata del juego conocido como el amigo invisible, que ayer unió a 310 personas, desconocidas entre sí, a través de un obsequio. Una iniciativa pionera con la que el colectivo consigue que Vitoria figure en el libro Guinness de los récords, ya que «no hay registrada ninguna otra de estas características, que sea en concreto del amigo invisible. Sí que existe algo relacionado con regalos de Santa Claus, pero así nada», recalcaron.
«Ha sido una manera de llamar la atención y hacer algo diferente, innovador, para dar salida a regalos que tienes repetidos o que no te gustan, con un toque entretenido», animaba al principio la gerente de la agrupación, Esther Unceta, quien recordaba que el único requisito era que se encontraran en buen estado, envueltos y que fueran fácilmente transportables.
Exigencias que cumplieron Alba López y Sarai Blanco, ambas de trece años, tras entregar un jabón y una radio con forma de Coca-Cola, respectivamente. «Venimos por pasar una tarde entretenida, a ver qué nos toca», deseaban junto a su amiga Sandra Martín, quien descartaba regalar «la Nintendo que me trajo el Olentzero». La improvisación también estuvo presente en más de un caso. María del Carmen Casado no lo dudó a la hora de utilizar el papel de regalo para envolver la bufanda que llevaba al cuello, mientras su nieto, Samuel Rodríguez, se dejaba su paga «en un estuche comprado en los chinos. Es que pensaba que sólo repartían chocolate, no sabía lo de los regalos, y al verlo, he decidido dar alguna cosilla», reconocía la abuela.
Aciertos y desatinos
Para Susana Pérez, el dilema consistía en cuál sería la elección más acertada. «He incluido unos guantes, un broche y una piruleta, por si acaso le toca a un niño, para que le guste», detallaba, encantada con una actividad «muy bonita, para que no digamos que en Vitoria no se hace nunca nada».
La constante afluencia de participantes se prolongó durante una hora, amenizada con chocolate caliente, música ambiente y coreografías infantiles. A las siete de la tarde comenzó el momento más esperado, el de las sorpresas. Y vaya si las hubo. En bloques de diez, los asistentes desfilaron por el escenario para seleccionar el paquete, a su juicio, más atractivo.
Aunque las elecciones no siempre fueron acertadas, como demostró la cara de estupor de Andoni Álvarez, de 11 años, al desenvolver un femenino bolso entre las risas y bromas del público. Mientras, su madre, Marisol Vega, entusiasmada con un muñeco de la rana Gustavo. «Va a ser para mi hijo. Te toque lo que te toque está bien, al final se trata de relacionarse y divertirse. A mi novio le han dado un juego de princesas, pero creo que se lo quedará, porque tiene una hermana pequeña a la que le gustará».
Claro que para los inconformistas siempre quedaba la opción de la repesca, para probar suerte de nuevo. Ahí acabó, entre otros, un cuadro que recibió Marina, la guía de jamones que le tocó a Alba o el despertador de Sarai. «No nos gustan mucho», justificaban. Y es que ya se sabe que los obsequios a ciegas, como las citas, tienen su riesgo.