28 grandes fotografías, 6 planos, 6 dibujos y un retrato del arquitecto Olaguíbel conforman la exposición que desde ayer hasta el día 11 de enero se puede disfrutar en un espacio público que los vitorianos utilizan desde hace poco más de doscientos años: la balconada de San Miguel. Una selección de excelentes imágenes actuales de Quintas fotógrafos y antiguas de los Archivos Municipal y del Territorio Histórico trasladan al visitante por la memoria sentimental de esta plazuela creada por el genio universal de Olaguíbel. El objetivo es rescatar estos 468 metros cuadrados de explanada que han estado infrautilizados a pesar de ser decorado y escenario central de dos de los símbolos locales del vitorianismo como son la Virgen Blanca y Celedón.
La importante reforma llevada a cabo durante 2009 -que ha costado 779.000 euros- ha acabado con los graves problemas de aislamiento y dilatación del pavimento que sirve de techo para las viviendas y los negocios de Mateo Moraza. Las filtraciones y los desplazamientos de las losas de granito eran una queja permanente de los vecinos y afectaban a este conjunto monumental.
«Era una oportunidad de oro para volver la vista hacia este mirador que es el epicentro de tres de las plazas más bellas que se pueden contemplar: la Virgen Blanca, la de España, entre las mejores del mundo, y la del Machete, y de un paseo cubierto que mira al Sur, el de Los Arquillos, originalísimo», explicó el arquitecto Ramón Ruiz-Cuevas, gran estudioso de la obra de Olaguíbel. Le acompañaban el celedón Gorka Ortiz de Urbina y el gerente de la Agencia para la Revitalización Integral del Casco Histórico, ARICH, Gonzalo Arroita.
Ruiz-Cuevas utilizó un símil para revalorizar el sentido de arquitectura universal de la balconada que se estudia como un ejemplo en las universidades europeas. La comparó a los propileos de Atenas, el acceso occidental a la Acrópolis, donde están el Partenón, el Erecteion o el santuario de Artemisa. «Como esa puerta da acceso a la ciudad alta ateniense, la balconada, entre escalinatas y templos, también es la entrada natural a nuestra ciudad gótica y Olaguíbel se sirvió del estilo neoclásico para diseñar esta arquitectura que dio a Vitoria el salto a la modernidad», añadió.
Reconquista
«De la misma forma que Olaguíbel permitió a Vitoria conquistar la llanura a través de plazas, espacios y edificios, ahora nos toca volver a reconquistar el Casco Viejo desde el Ensanche», explicó Ruiz-Cuevas.
Los tres paneles de la exposición recorren precisamente los hitos históricos de la balconada desde su creación a finales del XVIII y explican cómo se salvan con cinco niveles los 22 metros de pendiente entre el centro de la plaza de España y el Campillo.
«Nos hemos acostumbrado a ver y valorar el casco antiguo como una ciudad gótica, pero hay una Vitoria neoclásica que tiene una importancia tremenda que tenemos que rescatar y enseñar», subrayó Gonzalo Arroita, que animó a los vitorianos a disfrutar de la nueva balconada y de Los Arquillos con su recién estrenada iluminación .
Gorka Ortiz de Urbina, por su parte, enseñó sus credenciales de vitoriano enamorado del casco medieval y empadronado en él. «Mi hija va a una guardería en este barrio y creo que cada vez hay más y mejores servicios, aunque yo vivo ahora a 16 kilómetros», confesó celedón-Ortiz de Urbina.