Se ha convertido en un elemento más del paisaje urbano. Rápido, eficiente, multitudinario, puntual. Es el tranvía o metro ligero. El nuevo rey del asfalto en Vitoria. El próximo miércoles apagará su primera vela. Doce meses de convivencia, de conocimiento mutuo con los ciudadanos de la capital alavesa y de más de un susto. Acumula nueve atropellos. Esta mancha -«llevamos menos siniestros que Bilbao en el mismo tramo de tiempo», recalcan desde Euskotren- no empaña una comunión casi perfecta. Uno de cada tres usuarios del servicio público se monta en el 'gusano verde'.
A falta de tres días para su efemérides ya ha rebasado los cuatro millones de usuarios, lo que constituye un «éxito». Su limpieza, comodidad y puntualidad son sus mayores bazas. De hecho, una comisión estudia la implantación de nuevas líneas. ¿Cómo ha cambiado la movilidad en el interior de la capital alavesa desde su llegada? ¿Gusta? ¿Ha llegado a enamorar como prometió alguno? ¿Cuáles son sus puntos negros? Responsables, políticos y usuarios intentan descifrar estas incógnitas de un medio de transporte en clara alza... Y también de moda.
En su despacho de la Plaza de España, el titular municipal de Movilidad Urbana, Joaquín Esteban, revisa con gesto satisfecho las estadísticas del 'gusano verde'. «Se han cumplido con creces todas las expectativas», comienza. Su popularidad, además, ha ido de menos a más. En este punto, el concejal socialista, y a la vez presidente de Tuvisa, tira de datos. «En enero hubo 315.000 usuarios y en octubre íbamos por los 531.000». Es decir, un crecimiento del 68,5% en sólo nueve meses. Por cierto, el día con más pasajeros fue el de La Blanca, en el que hubo servicio nocturno como a lo largo de todas las fiestas.
Esteban, en este punto, da una vuelta de tuerca más. «Un montón de ciudadanos ha dejado el coche para su rutina diaria», analiza. Y es que, añadidos los clientes de los autobuses de Tuvisa, cuyas líneas se regeneraron hace unas semanas, el montante total de usuarios resulta de lo más llamativo. «Hasta octubre llevábamos entre ambos servicios 12.199.000 usos, lo que significa un 17,12% más que hace un año», se congratula el edil.
Lo cierto es que muchos son los barrios que lo demandan y lo disfrutan. Hasta solicitan ampliaciones. «Nos gustaría que llegara hasta el final del barrio, donde más gente mayor vive», insta Paquita San Bartolomé, de la asociación vecinal Uribe Nogales de Abetxuko.
Cuarenta toneladas
Cada convoy pesa 40,1 toneladas, mide 31,38 metros de largo -siete más que los de Bilbao-, 3,35 de alto y 2,40 de ancho. Estas dimensiones permiten que cada tranvía desplace hasta 261 personas. Visto desde otro punto de vista, cada viaje de este medio de transporte público equivale «a tres autobuses o a cien automóviles».
De Ibaiondo y Abetxuko hasta Angulema y viceversa. El centro a un cuarto de hora. «Todos los vecinos nos destacan la ganancia de tiempo», reconoce Carlos Sevillano, portavoz de la azociación vecinal Gorbeia Auzokideak, altavoz de los barrios de Lakuabizkarra e Ibaiondo y colaboradora en los reajustes realizados durante los últimos. «Pedimos que en Duque de Wellington -una de las calles más conflictivas- retrasaran siete metros la línea de detección de peatones. Creemos que fue un acierto».
Capaz de alcanzar los 70 kilómetros por hora y con preferencia en todas las intersecciones salvo una, la aguja de su marcador de velocidad «nunca» rebasa los cincuenta. «No olvidemos que sigue las mismas reglas que el resto de vehículos», recuerda Alberto Rodríguez, responsable de operación centralizada. En áreas 'calientes' como General Álava, bulliciosa arteria comercial, baja hasta los treinta.
Limpieza de fachadas
Para evitar accidentes o rebajar el riesgo, Esteban asegura que «hemos colocado semáforos en dos puntos de la calle que impide los cruces de convoyes. Asimismo, en un calco de Bilbao, varios pivotes luminosos avisan al peatón de la calle Dato de la posibilidad de poder pasar o no.
Otras peticiones, por contra, no han tenido tanto eco. Eduardo Cervera, vicepresidente de la agrupación vecinal Erdialde, del centro, chasquea los labios. «Si una comunidad de propietarios debe hacer una obra de limpieza de fachada, hay que cortar la electricidad de la catenaria por seguridad y hacerlo por la noche. Todo lógico salvo que el sobrecoste de los trabajos nocturnos lo paga el vecindario».