Adolfo Mato es el tío de Fito, el líder de los Fittipaldis, el músico bilbaíno que pone las entradas a la venta y se las arrancan como si quisieran robarle la púa de la guitarra. El hombre que dobla conciertos por la expectación que genera mamó la música, entre otros familiares, de su tío Adolfo, un vitoriano nacido circunstancialmente en Vigo con residencia actual en Castro Urdiales.
Podría parecer que su mérito se ciñe a ser hermano de la madre de Fito. Pero no. Adolfo se ha labrado su propia historia, con vaivenes como repartidor de vinos y cervezas, amplias etapas de comercial y delegado para firmas de máquinas recreativas y líder del grupo Esos, un cuarteto entregado a las vastas praderas de los sesenta. Un tipo muy agradable en la distancia corta, «amante de los retos y aventurero», empeñado ahora en organizar un concierto que deje la taquilla íntegra en la Asociación contra el Cáncer después de perder a Jorge, el batería, hace cuatro meses por la maldita enfermedad.
De madre «gran cocinera», Adolfo trabajó en el Río Verde, bar familiar de la calle Benito Guinea. De ahí que bautizara a uno de sus posteriores grupos como Green River. «Estudié en los Coras. Llegué a cuarto y no hice la reválida. No es que fuera mal estudiante, pero tampoco me gustaba». La mili le envió a Ceuta, donde vivió tranquilamente «de ciclista», o sea, el soldado que llevaba las órdenes a la Comandancia o anunciaba noticias luctuosas a la Península por telegrama. Hasta que a punto de licenciarse le sorprendió la Marcha Verde. «Acojonado. Ahí estaba yo con el cetme junto a un guardia civil para proteger unos depósitos que los marroquíes amenazaban con volar».
De vuelta a la capital alavesa, repartió carne, vinos (Las Campanas y Gurpegui), cervezas (Oro y Skol) hasta fluir a su mundo laboral, el que lo mantiene ahora como delegado para Euskadi y Burgos, las máquinas recreativas. «El negocio todavía es bueno, pero no tanto como antes porque ahora está mucho más controlado», relata.
Adolfo colocó nada menos que quinientas tentaciones de frutas y destellos en el País Vasco para una firma valenciana que no había asomado el morro por aquí. Este hombre sería capaz de suministrar polvorones en el desierto o helados en el Polo.
Padre de Miriam, que ya le ha hecho abuelo, y de Aitana, una niña de su segunda y actual esposa, Adolfo se reconoce apasionado por la música desde siempre. «Empecé a los 16 años con 'Los Astros'. Después, 'Green River', una etapa bonita porque sonábamos muy bien. Siempre con la música de los sesenta y conciertos por Vitoria, Bilbao, Salamanca, Zamora...».
Esos, su actual cuarteto, interpreta a Los Brincos,
Fórmula V, Módulos, Lone Star, La Década Prodigiosa, Beatles, Archies, Adamo, Creedance y Shadows para formar un repertorio de 42 canciones. El grupo nació por la insistencia de unos amigos para que Adolfo asistiera a la cena anual de los músicos en honor de su patrona, Santa Cecilia. «Nos falta un guitarra», le dijeron Kike, Charli y Jorge. Y Adolfo rasgó las cuerdas.
Desde entonces, actuaciones en Danok, Círculo Vitoriano, Word Music, Molley Malone, el Rock Star del BEC, Torrelavega, Zamora... «Todo esto sin representante, todo lo busco yo. Pero hacemos el 'hobby' que nos encanta y lo bueno es que nos llevamos de maravilla».
_¿Qué me dice del sobrino?
_Se iba hasta a cagar, con perdón, con la guitarra. Lo que me ha sorprendido es su capacidad para componer. Debía ser algo que tenía dentro. Está ya a otro nivel, pero te puedo asegurar que no se ha endiosado para nada.
El líder de los Fittipaldis se crió en el barrio bilbaíno de San Francisco y luego se adentró en barrios-jungla de Madrid donde muchos entran y algunos no salen. Lugares turbios y literarios que desatascan el sumidero de la creación.