El cambio en el equilibrio de fuerzas políticas hizo ayer posible lo que durante años parecía una quimera. El Parlamento vasco mostró su voluntad de que la selección española de fútbol y la Vuelta ciclista a España regresen a Euskadi después de cuatro y tres décadas de ausencia, respectivamente, como signo de «normalidad». No era la primera vez que la Cámara abordaba propuestas de este tipo, que hasta ahora habían sido tumbadas por una mayoría nacionalista que ya no existe. Las iniciativas salieron adelante, en la Comisión de Cultura y Juventud, con el aval del PSE, el PP y UPyD -estos dos últimos grupos las habían impulsado- y el rechazo del PNV y Aralar.
El debate volvió a poner de manifiesto la profunda brecha que separa a nacionalistas y no nacionalistas cuando los sentimientos identitarios están como telón de fondo, sobre todo en el caso del fútbol. La invitación a la Federación Española para que cuente con Euskadi a la hora de decidir las sedes de «las próximas citas» de las selecciones nacionales -incluidas las femeninas o las categorías inferiores- desembocó en una lucha dialéctica entre los partidos. La proposición insta al Departamento vasco de Cultura a apoyar el regreso de 'La roja', cuando son los clubes quienes deben comunicar su deseo de albergar encuentros internacionales a través de sus federaciones territoriales.
Gorka Maneiro (UPyD) defendió sua propuesta como un síntoma de «normalidad, no de españolidad». Una parte de la ciudadanía -apuntó- «no puede expresar libremente sus sentimientos» porque sólo puede asistir a los partidos de las selecciones vascas. «Se trata de sacar del armario en el que está metida a gran parte de la sociedad no nacionalista», esgrimió.
La selección española de fútbol no juega un partido en el País Vasco desde el 31 de mayo de 1967. Fue ante Turquía en San Mamés, el estadio que el combinado ha pisado en seis ocasiones con un balance de cuatro empates y dos victorias.
El PNV rechazó la iniciativa y reclamó la oficialidad de las selecciones vascas. Su parlamentario Peio Iparragirre hizo hincapié en que «es responsabilidad» de la Federación Española la organización de los partidos. En cuanto a la Vuelta, aseguró que su grupo «no se opone» a que recorra Euskadi. «Si es por el ciclismo, ahí estaremos; pero si se quiere mezclar ciclismo y política, ahí no vamos a estar», señaló tras recordar que la ronda está en manos de una empresa privada, por lo que «no es labor del Parlamento decir por dónde debe pasar».
Aralar fue más allá. Su portavoz, Mikel Basabe, admitió haberse reído cuando el texto cayó en sus manos: «Mientras lo leía, me parecía escuchar a Manolo 'el del Bombo' o Matías Prats padre detrás del micrófono. Me alegró la mañana». A renglón seguido, abogó por impulsar un partido entre la selección vasca de fútbol y la española porque «sería la mejor aportación a la normalidad» al ofrecer al público la posibilidad de animar al equipo que considere oportuno. Maneiro le contestó que «una parte del país -en referencia a Euskadi- no se puede enfrentar a España».
El PP y el PSE prefirieron no entrar en el cuerpo a cuerpo con los nacionalistas. El popular Carmelo Barrio se limitó a calificar la iniciativa como «adecuada» y a recordar que numerosos futbolistas vascos «han jugado siempre en la selección española con absoluta normalidad». La socialista Cristina Laborda invitó a todos los partidos a «dejar de lado los juicios sobre presuntas intenciones» y a pensar sólo en el fútbol, el ciclismo -dos especialidades repletas de «prestigiosos deportistas vascos- y en sus aficionados.
«Salida y llegada»
En el caso de la Vuelta, la propuesta aprobada pide a la organización que Euskadi sea «llegada y salida» de alguna etapa, e insta a los diferentes estamentos ciclistas a dar los pasos necesarios «de la mano de las instituciones». Según recordó Barrio, la prueba no transcurre por el País Vasco desde que en 1978 recalara en San Sebastián. De nada sirvió que ciudades como Bilbao pidieran que la ronda pasara por el País Vasco. Todas recibieron un 'no', en gran parte por el temor a un atentado de ETA.
En septiembre, el Gobierno vasco ya movió ficha para que la ronda española regresara a Euskadi. La consejera de Cultura, Blanca Urgell , se reunió con la dirección de la Vuelta en Talavera de la Reina y mostró su «voluntad» de volver a acoger la prueba. Los organizadores tomaron nota, aunque descartan esa posibilidad a corto plazo. La amenaza terrorista, que obligaría a blindar todas las carreteras por las que circulara el pelotón, es el principal factor de disuasión.