Neus Monllor, catalana de 28 años e investigadora de la Universidad de Girona, participó la semana pasada en el aula de ecología organizada por el CEA en colaboración con la Fundación Zadorra. Se trataba de reflexionar sobre el futuro de la agricultura en Álava.
-¿Quiénes serán nuestros baserritarras del futuro?
-Hay una serie de jóvenes que quieren renovar tanto el sector agrícola como ganadero. Sus explotaciones son más pequeñas. Usan prácticas sostenibles y ecológicas. Utilizan la venta directa y sus fincas no están tan mecanizadas ni capitalizadas.
-Eso suena a tiempos remotos.
-En el modelo actual de agricultura cabe ya poca gente y sus costes económicos y ambientales son tremendos. Lo que está surgiendo no es multitudinario, pero sí es una respuesta más coherente a la situación actual.
-¿Usted ha estudiado los casos de Cataluña y Canadá?
-Y ha sido una sorpresa comprobar cómo en territorios tan diferentes están pasando cosas parecidas. Las explotaciones modernizadas en los últimos años, capitalizadas y muy productivas, tienen su sitio, pero en ambos países hay un grupo emergente de jóvenes que reivindica otro modelo.
-¿Y esto ocurre en otros países?
-Llevo tres años estudiando para mi tesis doctoral este fenómeno y puedo decir que es global. Se está rehaciendo todo lo que destruyó la llamada revolución verde de los años sesenta con sistemas muy mecanizados e industrializados en la producción y la comercialización. Sus repercusiones ambientales las estamos sufriendo. No se trata de volver a la agricultura de los años cincuenta o veinte. Se aprovechan todos los nuevos adelantos tecnológicos e internet, pero con otro tipo de agricultura.
-¿Piensa que es positiva la imagen de Michelle Obama cultivando sus verduras en la Casa Blanca?
-Esta señora lo relaciona con la producción directa de alimentos y la comida sana. Es lógico que se quiera enseñar que la leche no nace en un tetrabrick ni las lechuga salen del frigorífico. El nuevo campesino reivindica este tipo de valores.
-Usted ha entrevistado a 50 agricultores en Canadá y a 50 en cataluña para su tesis doctoral. ¿Cómo es el perfil del nuevo campesino?
-Son jóvenes vocacionales de procedencia tanto urbana como rural. Hasta el 73% tienen preparación universitaria. Pero el 80% no ha estudiado temas agrarios. Hay más mujeres que hombres y hacen el esfuerzo de elaborar un plan de empresa.
Rentabilidad
-¿Qué es un plan de empresa?
Es una herramienta fundamental. Venden directamente en los mercados o a través de internet e identifican sus productos. Cultivan en un 80% ecológico. Obtienen el sello homologado o consiguen un certificado amparado por sus propios clientes. Sus explotaciones son de horticultura, siempre libres de fertilizantes y en ganado, prefieren el ovino.
-¿Veremos el entorno de Vitoria rodeado de huertas como plantean el CEA o la Fundación Zadorra?
-Me gustaría verlo y creo que es posible. En Toronto se están planteando una idea muy parecida. Hay un anillo verde y desde hace años se trabaja en la creación de huertos. Es un magnífico puente entre el campo y la ciudad. Además de una fuente de alimentos es un banco de experimentación sobre el ocio y la educación.
-Pero la duda es si será rentable.
-No es una tarea sencilla. La gran barrera es poder acceder a la tierra. La rentabilidad está en función de ese punto de partida. Hace falta imaginación. La venta directa es una de las claves. Otra es que son campesinos visibles.
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