Si el Ayuntamiento de Vitoria quiere por fin afrontar el peliagudo asunto del ruido nocturno y el horario de los bares, tendrá el apoyo de todos por diferentes motivos. Los bares porque llevan luchando por una ordenanza realista desde hace décadas y los vecinos porque saben que su cumplimiento amparará su derecho al descanso. La nueva norma quiere satisfacer a unos y a otros en un equilibrio siempre difícil, pero los afectados prefieren un marco legal claro y adaptado a los tiempos antes que el actual panorama en el que la parte más débil del problema, los residentes, no saben ya a donde acudir para dormir tranquilos por la noche, Mientras, algunos dueños de establecimientos incumplen los horarios a causa de la necesidad de sobrevivir en un momento de crisis y de incertidumbre.
«Lo que conocemos hasta ahora de la norma nos parece bien. Somos los primeros que queremos estar en sintonía con nuestros vecinos. En ello nos va el negocio», asegura Roberto Alonso, dueño del bar '2-180-B', de la Zapatería, que apuesta por el ocio responsable, en el que debe haber mano dura contra el infractor, pero ayudas a todo el que necesite un buen sistema de insonorización. «Existe un 5% o un 10% de hosteleros irresponsables que no les importa si el vecino duerme o no. A mí, me importa y me adapto. En una palabra, cumplo. Y la ordenanza debe ser inflexible con el incumplidor sobre todo si es reiterativo», añade Alonso que aspira a un cambio de calificación de su bar a pub que le permita horarios más largos.
En el otro lado de la balanza, José Ignacio Besga, presidente del Consejo Social, organismo que elaboró el informe más contundente sobre el problema y que defiende los derechos del vecino, cree que la nueva ordenanza que elabora el Ayuntamiento irá en la línea de lo que ellos han pedido. Más policías para vigilar el cumplimiento de la normativa y mayor flexibilidad para que los bares que lo deseen sean recalificados a pub. Los hosteleros deben cumplir con la hora establecida por la norma vigente para echar la persiana, y el Consistorio tiene que controlarlo. «Al principio debe haber flexibilidad por ambas partes. Los bares deben tener todas las ayudas y subvenciones necesarias para afrontar una inversión tan importante como la insonorización. Pero una vez superado esto, la normativa debe ser aplicada con rigor y exigencia mediante una mayor vigilancia», asegura Besga.
Cambio de costumbres
Desde la asociación de empresarios de hostelería, su director de gestión externa, Eduardo Ugarte, que habla de descensos en la facturación de entre el 20 y el 30% en los últimos años, también reclama ayudas a los poderes públicos para que los bares puedan hacer reformas y adaptarse a las nuevas ordenanzas. «El empresario tiene derecho a que le recalifiquen el local y prolongar sus horarios de cierre. Le va en ello el futuro porque todos sabemos que las costumbres están cambiando y que la gente sale más tarde», agrega Ugarte.
Los hosteleros recuerdan que la ordenanza es una reivindicación histórica del sector y apuntan que la Administración debe ser más rigurosa con «el ruido en la calle. El 'botellón' o la gente bebiendo fuera de los bares es un problema diferente al que no se enfrenta nadie», sentencian.
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