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«Tenemos miedo, están muy agresivos»

apresamiento del 'alakrana'

«Tenemos miedo, están muy agresivos»

El patrón del 'Alakrana' ruega al Gobierno «por compasión» que devuelva cuanto antes a los dos detenidos a Somalia. «Los piratas siempre nos han humillado, pero ahora nos escupen a la cara»

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A pesar de que las últimas noticias del armador son algo más esperanzadoras, el desánimo ya ha calado hondo entre la tripulación del 'Alakrana'. Ayer, día en que vencía el plazo de tres días dado por los piratas para empezar a aniquilar a los marineros «de tres en tres», el patrón, Ricardo Blach, transformó sus peticiones en ruegos, y lanzó una desesperada súplica al Gobierno para que acceda a extraditar a los dos piratas detenidos en España y «poder salir de este infierno». «Que tengan un poquito de compasión, aunque sea un poquito y manden cuanto antes a esos dos a Somalia. Si no, no hay nada que hacer», reconoció en su angustioso llamamiento.
Completamente desmoralizado, el patrón admitió que los arrantzales se han sentido hasta ahora «abandonados» por el Gobierno español y que no albergan mucha confianza en que la reunión mantenida ayer por el embajador de Kenia, Nicolás Martín Cinto, y el primer ministro somalí, Omar Abdi Rashid Ali Sharmarke, sirva para algo. «Aquí mandan las milicias y el poder del ministro es similar al del concejal de mi pueblo», comparó.
«Ellos siempre quisieron el dinero y a esos dos», subraya Blach. A los hombres del 'Alakrana, después de 38 días viviendo en condiciones inhumanas, temiendo morir a manos de unos «críos de 20 años», drogados y armados hasta los dientes, les cuesta creer que el Gobierno y las autoridades diplomáticas no sean capaces de «ponerse de acuerdo para salvar 36 vidas». A estas alturas, se sienten «engañados» aunque, tras las últimas gestiones del ministro Miguel Ángel Moratinos, parece que «todo funciona mejor».
«Lo tienen muy fácil para liberarnos. Ellos nos lo dicen, que cuando vengan esos dos, nosotros pagamos y nos vamos», indicó. Porque no les vale con que sus compinches sean puestos a disposición de las autoridades de Kenia. «Les quieren libres», asegura. La tripulación desconoce los términos de la negociación, si han acordado una cifra o no; sólo saben que «el problema» son los bandidos presos.
Patadas en las costillas
Entretanto, las condiciones de vida en el barco son cada día peores. «Estamos muy mal, cada vez estamos peor, más apagados», transmite con un hilo de voz desde la sala de timón donde permanece encerrado junto con el capitán del atunero, Iker Galbarriatu, y los piratas. El resto de la tripulación está en cubierta «con las puertas exteriores cerradas»; por eso, Blach tampoco puede confirmar si los tres marineros que fueron desembarcados han vuelto al 'Alakrana'. «Pueden haber subido, pero no les hemos visto».
El hecho de que les dejen atender algunas llamadas no es un gesto de humanidad, ni mucho menos; los piratas son conscientes del poder de los medios de comunicación y lo interpretan como una forma de presión. Sus captores no son tan 'benévolos' cuando tratan de comunicarse con sus familias.
«Están cada vez más nerviosos, porque toman constantemente una droga que se llama 'kat' y que les pone muy agresivos. Nos someten a todo tipo de amenazas y tememos por nuestras vidas». Hasta ahora han aguantado el tipo por no angustiar a sus familias más de lo necesario, diciendo que estaban bien, que el trato era bueno, pero ya no pueden más. «Siempre nos han tenido humillados, pero es que ahora nos escupen a la cara», relata.
«Ya no tenemos agua potable y a estos (los piratas) les da igual. Hay veces que el camarero trae la comida y los piratas se la quitan y la tiran al mar». Ese día ya no comen. Otras veces no les dejan ni ir al baño. También tienen que aguantar las agresiones por parte de sus captores, que son como «animales, no saben ni leer». «Sólo por preguntarle a uno de ellos qué número es éste (el del teléfono que contesta) recibí varias patadas en las costillas». Lo único positivo es que, a pesar de la distancia, hasta el 'Alakrana' ha llegado el calor y la solidaridad de las miles de personas que se manifestaron el sábado en Bermeo y Vigo. «Nos hemos enterado de que tenemos mucho apoyo en España. Que sigan así porque nos hace mucha falta».
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