Abajo, a izquierda y a derecha. Éste es el movimiento de cabeza que se repitió ayer entre decenas de vitorianos que eligieron el coche para moverse por ciertas zonas de la ciudad. Primero, al apearse del automóvil, comprobaban que había una nueva línea pintada en la calzada y, seguido, al descubrir que era azul, oteaban la zona en busca de un parquímetro para asegurarse de que no iban a comenzar el fin de semana con una multa. «No teníamos ni idea de que la OTA ya empezaba aquí, pero me parece una pasada», comentaba Idoia Uriarte en la esquina de la calle Doce de Octubre. La máquina acababa de quedarse con «2,40 euros por hora y media». Para estupor de muchos, en las arterias que ya había OTA las tarifas se habían triplicado y habían extendido sus tentáculos a nuevas zonas.
Pagar por aparcar se convirtió ayer, por primera vez, en un gesto obligatorio en 14 calles de la capital alavesa, pero el estreno no fue nada caluroso. Y no sólo por la lluvia, sino por el chaparrón de críticas que obtuvo como recibimiento. «Es penoso. Pagamos por comprarnos un coche, por el impuesto de circulación... ¿qué pretenden?», se quejaba Abel San Segundo, que se había puesto al volante para llevar a su hijo a un partido en Judimendi. La respuesta era clara para Miren Ávila: «Quieren que cojamos más el transporte público, como hacen en otras ciudades, y así puede que lo consigan». A ella no le quedaba«más remedio» que moverse sobre cuatro ruedas porque no reside en Vitoria y la medida le resultaba «escandalosa», subraya.
Muchos conductores compartían su opinión y decidían mostrar su enfado en un particular acto de rebeldía: no sacar el correspondiente ticket. «No creo que hoy -la OTA funciona los sábados de 10.00 a 14.00 horas- pase nada», confiaba una pareja que corría por José Mardones para resguardarse en un portal. Y parece que tenían razón porque no había rastro de los 'oteros' por la zona.
Algunos vecinos empezaban ya a buscar las cosquillas a estos vigilantes al enterarse de que los primeros 15 minutos de estacionamiento salen gratis, un detalle desconocido para la gran mayoría: «¿Y cómo van a controlar que mi coche lleva en el mismo sitio más o menos de un cuarto de hora? ¿Van a poner a una persona en cada calle con un cronómetro o qué?», ironizaban.
Plazas libres
El desembarco de la zona azul delante de su negocio no causaba tanta gracia a Iván. «Esto se va a notar en la clientela. Un café les va a costar ahora 1,10 más los 90 céntimos de la OTA, es decir, 2 euros al día y eso a la semana es mucho dinero», calculaba junto a la barra de su bar, ubicado en Olaguíbel. Por su local han pasado las últimas semanas «muchos conocidos preocupados con el asunto porque es un robo. Yo es que me voy a aparcar a otra ciudad antes de darles un duro», recalcaba.
Quienes ya habían abierto la cartera intentaban, al menos, sacar la parte positiva a la ampliación del sistema. «Creo que hoy ha sido más fácil encontrar un hueco», admitía San Segundo junto al parquímetro de Nuestra Señora de Estíbaliz, donde a media mañana quedaban aún dos plazas libres.