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«Pinta mal, ya no es cuestión de dinero»

Apresamiento del 'Alakrana' | Hablan los vecinos y los familiares

«Pinta mal, ya no es cuestión de dinero»

El desembarco de los marinos sacudió Bermeo. Sus habitantes culpan «al Gobierno y a Garzón»

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«Ahora sí que se han puesto las cosas feas». Era el sentir general, ayer, entre los vecinos que se arremolinaban en el puerto de Bermeo. El desembarco de los tres tripulantes del 'Alakrana' cayó como una losa en la localidad marinera. Después de 36 días de tensión, se desayunaron con un giro incierto del secuestro, «aunque previsible», a juicio de algunos. La gente de mar no podía disimular su desazón. «Tengo malas, muy malas sensaciones», confesaba Juan Arenaza, 'Txiki', como conocen en el puerto a este patrón ya jubilado.
«Han hecho muy mal cogiendo a los dos piratas y trayéndolos a España. Nos esperábamos que ocurriera algo así, porque desde el momento en que les metieron en la cárcel y le dieron publicidad al asunto, era cuestión de tiempo que hicieran algo malo». 'Txiki' faenó muchas millas en aguas africanas y «entonces solucionábamos las cosas de otra manera. Nos arreglábamos allí. Pedían dinero, se lo dábamos, pero no se detenía, ni se traía a nadie para aquí. Eso ha sido un error muy grande. Tenían que haberse callado y negociar con ellos», insiste.
¿Qué hacer ahora? «Lo primero es devolverles a Somalia y después arreglar el asunto del dinero», opina. El pueblo está inquieto «porque estamos muy unidos y cuando le pasa algo a uno, nos pasa a todos los demás», así que los ánimos empiezan a estar ciertamente caldeados. Opinan que «el Gobierno se ha dormido en los laureles» y son muy críticos con la extradición de los piratas. «Lo que tenían que hacer es coger a Garzón, llevarlo en un helicóptero y que solucione allí la papeleta. Tanta prueba médica y tanta historia, mira la que ha armado», comentaba Blas Olarra en uno de los bares del puerto, con la mirada fija en la televisión.
La preocupación por los marinos secuestrados y sus familias ha calado en cada rincón de Bermeo y detrás de la barra del bar conocen el sentir general. «Todo el mundo tiene el asunto en la cabeza», comenta Elisabeth Guinea, hostelera del puerto. «Los somalíes tienen que comer y hacen lo que haga falta para conseguirlo», recuerda. «Ahora bien, en lugar de mandar tanta ayuda militar a Irak y a otros países, que protejan primero a los de aquí. Para que un arrantzal, hombre hecho y derecho, pida llevar soldados a bordo, algo tiene pasar. No creo que les agrade llevar al Ejército con ellos porque sí».
En la cofradía de Bermeo los ánimos estaban especialmente sensibles. «Esto es una venganza y ahora sí que se ponen las cosas mal», lamentaban. A juicio de muchos, la situación está derivando en un peligroso juego de represalias «y eso no puede ser. Ellos ven amenazados a los suyos y contraatacan. ¿Si hacemos nosotros lo mismo con los somalíes que trabajan aquí? Sería el cuento de nunca acabar», considera Francisco Prado. Él no tarda en apuntar la dirección que debería seguir el Gobierno. «'Martín martín' y se acabó, que es lo que terminan haciendo siempre».
En el bar del frontón, patrones en activo, jubilados, vecinos y allegados de quienes se encuentran en el Índico cruzaban opiniones. «Los piratas ya avisaron de que si no liberaban a los suyos, iban a empezar a tomar otras medidas», recuerda Aingeru Astui. Pero no tienen claro cómo interpretar la extradición y sus consecuencias. «En una negociación, nunca se sabe si encarcelarlos era una estrategia para forzar las cosas. No sabemos cómo discurren las conversaciones allí, pero no tiene buena pinta». ¿Soluciones? «Las hay, pero ninguna es políticamente correcta», apostilló Astui.
«Un pellizco»
Le escuchaba atento Juan García Goitia, patrón de los primeros buques bermeanos que faenaron en África en los años cincuenta. Él dice sentir «un pellizco» al pensar en el rumbo que han tomado los acontecimientos. «No hay derecho. Hace un año, desde el secuestro del 'Playa de Bakio', ya estaban diciendo los marineros que hacía falta subir soldados, meterles un poquito de miedo a los piratas. ¿Qué han hecho en un año? Nada», se responde a sí mismo. «Y ahora también han empezado tarde a moverse». García Goitia se fue a la mar con 13 años, «y hasta que me jubilé», y se enerva con determinadas manifestaciones. «No oigo más que tonterías, como la ministra que les reprochó que faenaran allí. ¿Adónde van a ir? ¿Donde no hay pescado?». Como el resto, se «olía que iba a ocurrir algo así, pero a agricultores y pescadores nunca nos ha tenido en cuenta el Gobierno», reprende.
Los bermeanos se ponen también en la piel de los familiares de los rehenes. «Están abandonados. El Gobierno no les está ayudando», reprocha José Antonio Aguirre. «Además, no debían haber traído a los piratas. Tenían que haber pagado y luego, con ellos en casa, ya verían lo que hacer. Pero ahora el asunto tiene muy mala pinta, porque ya no es sólo cuestión de dinero». Algunos no tienen tan claro esto último. «Vete tú a saber lo que pretenden. Igual resulta que les importa un cuerno lo que les pase a los dos detenidos y lo que quieren es sacar un montón de millones más», apunta un íntimo amigo de los armadores que están negociando el rescate. «Igual les tienen como un comodín. Si no, ¿por qué sale el padre del somalí diciendo que el chaval es mayor de edad?», insiste.
Este vecino conoce de primera mano cómo discurre la negociación. «Hablo con ellos un día sí y otro no, y están desquiciados porque los piratas cambian continuamente de parecer. Al principio, pedían dinero, pero ahora están con la historia de que devuelvan a los detenidos a Somalia y cambian cada día de versión».
Negociación «para largo»
Desde su punto de vista, «esto tiene pinta de ir para largo. Una cosa que podía haberse solucionado en 10 días, se ha complicado sobremanera con la extradición de los dos asaltantes, porque ahora todo es mucho más complicado que pagar un rescate», repite.
En el pueblo aguardan alguna maniobra que desenquiste el secuestro, pero también piensan y temen por el resto de buques. «Mientras no dejen subir militares a bordo, por mucho que intenten protegerse, será como ir con tirachinas», compara José Antonio Agirre. Pero uno de los más inquietos ayer en el frontón era Elorduy, patrón en activo que recientemente ha vuelto a puerto tras faenar en el Índico. «Yo no entiendo nada. Resulta que está la Armada custodiando el barco, ¿y los piratas consiguen llevar a tierra a tres marineros?». No ocultaba su hartazgo. «No sé qué le pasa al Gobierno».
Pero, al margen del modo con que están manejando el asunto, reprueba la política preventiva. «Por poner un ejemplo, nosotros llevamos en el barco unas boyas con GPS incorporado. Resulta que alguna vez nos las han robado sin saber lo que eran. En ese momento, tenían a los piratas perfectamente localizados por satélite. ¿Crees que han ido a por ellos?».
Elorduy desconfía de la versión de los hechos que ha llegado a España. «Dicen que los han entregado a las familias de los detenidos, pero sólo quieren presionar. Allí no hay ninguna familia. En Mogadiscio es todo piratería y contrabando», describe. Este marino piensa más allá y cuestiona «qué va a pasar con ese barco si van llevándoles a todos a tierra. Le van a robar todo». Claro que, a la vista del cariz que ha tomado la situación, la mayoría piensa que «eso es lo de menos. Que hagan lo que tengan que hacer y les traigan a casa cuanto antes».
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