Las mujeres de los gobernantes son tan importantes que merecen en todo por sí solas un capítulo aparte a pesar de que no pocas de ellas permanecen apartadas de los focos deslumbrantes de la notoriedad sobre todo cuando surge una Jackie Kennedy o ahora una Carla Bruni que oscurecen a sus contemporáneas. Las señoras de los mandatarios ni están detrás ni se las espera en las fotos de familia de las grandes cumbres y los encuentros internacionales de máximo nivel porque las consortes gubernamentales mientras sus maridos discuten el rumbo del planeta y temas cruciales, se las suele llevar en grupo a un tour por las ciudades anfitrionas, a visitar museos o a participar en reuniones sobre el triste papel de la mujer en la peor parte del pastel mundial.
A las mujeres de los gobernantes no las elige nadie, sus nombres no caen en las urnas, allá donde se celebran elecciones claro; llegan con el marido en el paquete conscientes unas veces sí y otras no de la papeleta que les toca en lo más alto de la escalera del poder que han de subir y bajar aun a su pesar con especial porte y miles de ojos pendientes del equilibrio de sus tacones y el sello de estilismo particular que las define. Unas destacan y otras no. Las hay que no se ven jamás, no se da razón de sus actividades y parece que no existen y entre estas algunas tejen asuntos en la sombra y muchas se convierten en una sombra nada más.
En el presente, a primeras damas en ejercicio sólo las conocen en su pueblo pero dado que vivimos en un poblachón enorme y global e intercomunicado podemos saber que Miyuki Hatoyama, esposa del primer ministro japonés, es una apasionada de la espiritualidad. Experta en alimentación macrobiótica confiesa que hace una veintena de años viajó a Venus en un platillo volante triangular y tuvo Miyuki la oportunidad de conocer 'en una vida anterior' a Tom Cruise, otro ser espiritual. Con todo, asesora a Yukio su esposo sobre su imagen en carne mortal.