La imagen del lehendakari durante estos seis meses ha oscilado entre dos extremos. Entre las críticas que recibió la ya famosa foto en 'Vanity Fair' y los elogios de su discurso en la escalinata del Ayuntamiento de Bilbao tras el asesinato de Eduardo Puelles. Unas alabanzas que, en todo caso, no fueron pronunciadas por las fuerzas abertzales, que tacharon aquel pronunciamiento de partidista.
El asesinato del inspector del Cuerpo Nacional de Policía el pasado mes de junio -apenas un mes después de que el lehendakari hubiese tomado posesión de su cargo- fue un punto de inflexión para Patxi López. Sus palabras, calificando a Puelles como «uno de los nuestros», fueron acogidas con satisfacción por parte de las asociaciones de víctimas, que observaron un cambio radical respecto a lo vivido en la época de Juan José Ibarretxe.
En este medio año en Ajuria Enea, López ha intentado reforzar su imagen de 'hombre de Estado'. Con más o menos acierto. Durante los primeros meses de gobierno, el jefe del Ejecutivo protagonizó una intensa agenda fotográfica, con una sucesión de reuniones con empresarios, sindicatos y agentes sociales.
La mayoría de ellas fueron protocolarias. Una primera toma de contacto sin apenas contenido. Por su despacho pasaron desde Xabier de Irala y Mario Fernández en representación de la BBK a Ainhoa Etxaide, secretaria general de LAB.
Tras el asesinato de Puelles, la exposición mediática de López bajó varios grados. Tantos, que el PNV le acusó de estar de vacaciones mientras la crisis golpeaba a la ciudadanía vasca. El descanso que se había tomado el lehendakari en Andalucía -una semana- se vio abruptamente roto por el asesinato en Mallorca de dos guardias civiles.
Minar su credibilidad
Un día antes, un comando etarra había hecho explosionar una furgoneta bomba frente a la casa cuartel de Burgos. El Gobierno vasco estuvo representado en la ciudad castellanoleonesa por Isabel Celaá. Ante la ausencia de víctimas mortales, López optó por no suspender sus vacaciones. El asesinato de los agentes del instituto armado le hizo cambiar de planes y desplazarse hasta las islas Baleares.
El mensaje de un lehendakari inactivo lanzado por el PNV se vio reforzado por la fotografía de 'Vanity fair', que el propio Gobierno ha calificado como un error y a partir de la cual se han medido mucho más sus apariciones públicas. En el seno del Ejecutivo se piensa que el principal objetivo de los jeltzales es minar la credibilidad de López como lehendakari para desgastar al conjunto del gabinete.
Lo cierto es que el líder del PSE ha optado por un perfil discreto en algunas cuestiones, como el secuestro del 'Alakrana' o la negociación del 'blindaje' del Concierto. Dentro del Gobierno y del Partido Socialista se considera que a López le ha ocurrido lo que al resto del gabinete, que ha cometido errores de «novato», pero que también ha estado «a la altura» y que es consciente de la repercusión que tienen cada uno de sus actos. Fotografías como las de 'Vanity', afirman, difícilmente se repetirán.