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Un cambio de sólidos cimientos e imagen endeble

POLÍTICA

Un cambio de sólidos cimientos e imagen endeble

El PSE cumple seis meses en el Gobierno vasco asegurado por la firmeza de su pacto con el PP, pero con serios problemas de descoordinación

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Patxi López cerraba el acuerdo presupuestario para 2010 con Antonio Basagoiti este pasado lunes, certificando la solidez del pacto firmado por el PSE y el Partido Popular. No habían pasado ni 24 horas cuando el consejero de Economía, Carlos Aguirre, y el Departamento de Transportes se hacían un lío público sobre si el proyecto de la 'Y' avanzará o se detendrá el año que viene en un clamoroso ejemplo de descoordinación interna. Durante sus primeros seis meses de vida, el Gobierno «del cambio» se ha levantado como un edificio de firmes cimientos al que le aparecen constantes 'humedades' que afean su fachada y complican su venta.
Este próximo jueves hará medio año desde que el Parlamento vasco invistió a López como lehendakari. Un Ejecutivo acechado por la crisis económica y por los embates del PNV. Los socialistas han hecho de la deslegitimación del entorno etarra una de sus principales banderas, han logrado normalizar las relaciones con otras instituciones -como la Justicia-, han encontrado en temas «no previstos» en la agenda, como el secuestro del 'Alakrana' o la construcción del nuevo San Mamés, sus flancos más débiles y han sufrido evidentes problemas de imagen.
El Gobierno del PSE nació con varios 'pecados' de origen. El primero, que su lista no fue la más votada en las elecciones del 1 de marzo. Lograron los mejores resultados de su historia, pero se quedaron con 25 escaños, cinco menos que el PNV encabezado por Juan José Ibarretxe.
Ante su evidente situación de minoría, el PSE tuvo que buscar un socio. Y su único billete para Ajuria Enea lo tenía el Partido Popular. Retornar a las coaliciones con lehendakari del PNV estaba descartado. Pero la alianza con los de Basagoiti no era gratuita. El primer peaje que tuvieron que pagar los socialistas fue el chirrido que este acuerdo provocó en buena parte de sus votantes. López se aliaba con el grupo al que en campaña electoral acusó de haberle sentado en el banquillo -el PP presentó la denuncia contra López y Rodolfo Ares por reunirse con Batasuna-, con el que aseguró que no iba a pactar y con el que el PSOE vive un encarnizado enfrentamiento en el resto de España. Una encuesta del 'Euskobarómetro' confirmó que era la entente menos deseada por la sociedad vasca.
Las dos circunstancias fueron aprovechadas por los nacionalistas para poner en cuestión la legitimidad del nuevo Gobierno y hablar de «golpe institucional» fraguado en Madrid. Para reforzar sus tesis, argumentaron que López se había beneficiado de la ilegalización de Batasuna. El lehendakari, sostienen, gobierna contra la «mayoría social» del país. Por ahora, los puentes que algunos miembros del PSE querían ir tejiendo con Aralar o EB son una quimera.
A esto hay que sumar las acusaciones de frentismo, amplificadas por la moción de censura en Álava y la ponencia que la dirección del PSE llevó al congreso socialista a primeros de octubre. Un documento en el que se apostaba claramente por trasladar ese acuerdo con el PP a las municipales y forales de 2011, que luego fue barnizado.
El mal menor
La acusación de depender del PP ha sido el precio a pagar para lograr el «cambio» y una estabilidad que, salvo hecatombe, permitirá a López aguantar los cuatro años de legislatura. Porque la alianza con los populares se ha demostrado sólida y, por ahora, a salvo de la guerra existente fuera de Euskadi. Dos meses antes del Pleno de Presupuestos -se suele desarrollar a finales de diciembre-, el Gobierno de López ha certificado la aprobación de sus Cuentas públicas para 2010, algo que nunca consiguió Ibarretxe, obligado siempre a apurar las negociaciones con la izquierda abertzale o con el PSE o a esperar carambolas de última hora. Ni Rodríguez Zapatero ha logrado tanta tranquilidad.
El lehendakari ha manifestado esta misma semana que el PP se ha ganado su condición de «socio preferente». En plena crisis económica, con un cierre significativo de empresas y el consiguiente incremento del paro -en Euskadi supera ya el 11%-, los socialistas sortean la principal prueba de fuego a la que se enfrentan todos los gobiernos sin demasiados contratiempos.
Además, han logrado rebajar esa imagen de frentismo al firmar con la propia formación jeltzale un acuerdo de estabilidad para ayuntamientos y diputaciones, que puede extenderse incluso a las Cuentas del Ejecutivo autónomo. Este pacto de estabilidad fue una iniciativa de los nacionalistas, pero el PSE también quiere rentabilizarlo. El mismo jueves, durante la presentación pública, el portavoz socialista, José Antonio Pastor, destacó que la firma del documento demuestra que su partido está «en el centro de la política vasca». Un intento de recuperar la transversalidad elogiada en campaña electoral, que quedó aparcada tras el pacto con el PP.
Algo parecido ha sucedido con el 'blindaje' del Concierto Económico. Los socialistas vascos apostaban por reforzar las normas fiscales vascas. Pero se trata de un tema que 'suena mal' al conjunto del PSOE. Sin embargo, este punto fue puesto por el PNV como una precondición 'sine qua non' para aprobar los Presupuestos de Zapatero. Y el PSOE tragó. Los jeltzales han conseguido aparecer como el único partido capaz de defender los intereses de Euskadi. Pero el PSE ha salvado los muebles. El 'blindaje' se ha conseguido con un lehendakari socialista y, además, el escenario alternativo -que la propuesta no hubiese salido adelante- sí era calificada como «desastrosa» para los intereses de López. Al final, el mal menor, y el convencimiento de que quien ha salido tocado de este debate ha sido Antonio Basagoiti.
Pero no todo es color de rosa. Algunos miembros del PSE admiten que el problema del Gobierno no es tanto de gestión, como de imagen. Según su análisis, las cosas se están haciendo «razonablemente bien», aunque la crisis está generando un grave problema de liquidez -la recaudación fiscal cae cerca del 20%- que, a su vez, provoca un «enorme sentimiento de impotencia al no tener recursos para hacer lo que queremos», tal y como señalaba en privado un alto cargo del Gobierno hace escasas semanas.
El peligro más evidente, afirman en el PSE, es que la crisis se prolongue en el tiempo. Aunque los problemas financieros no estén desgastando por ahora al Gobierno, un descenso continuado del empleo y de la recaudación acabaría por dañar la calidad de los servicios públicos. Y eso si erosionaría la credibilidad del Ejecutivo. De ahí que el 74% del Presupuesto para 2010 esté destinado a gasto social.
Sin embargo, también hay puntos menos 'brillantes'. En no pocas ocasiones se han dado muestras de falta de coordinación, de no conocer todavía los engranajes de la Administración autónoma y de estar a la defensiva. El último ejemplo se vivió esta misma semana, cuando Carlos Aguirre anunció que las obras de la 'Y' ferroviaria se verían afectadas por el recorte presupuestario. Transportes tuvo que emitir una nota de urgencia para matizar sus palabras. Aguirre protagonizó otro estrambótico episodio a mediados de octubre, cuando afirmó que el Gobierno era partidario de congelar los salarios de los funcionarios cuando a escasos metros el viceconsejero de Función Pública ofrecía a los sindicatos una subida del 0,65%. «El riesgo de tener independientes», afirma con ironía un miembro del PSE.
Episodios como los del 'Alakrana' o la construcción del campo de San Mamés tampoco han ayudado a consolidar la imagen del gabinete socialista. La reacción inicial del Gobierno vasco a la captura del atunero bermeano -sobre todo, su apoyo a la negativa del Ejecutivo central de incorporar militares en los buques- fue criticada por parte de las familias de los pescadores. Tras esos reproches, López se reunió de manera discreta con los familiares para expresarles su apoyo.
Pero el rapto del 'Alakrana' también sirvió para que el Ejecutivo mostrase cierta candidez política. Los ayuntamientos donde residen los pescadores afectados convocaron una manifestación para pedir su liberación. La consejera Pilar Unzalu acusó a los alcaldes de «utilizar políticamente» a los arrantzales. El problema es que entre los firmantes estaba Sestao, gobernado por el PSE. La titular de Pesca tuvo que matizar su declaración.
San Mamés también se ha convertido en una 'patata caliente'. En este tema, el Gobierno vasco ha atravesado por varias fases: del «no sabe no contesta» pasó a descartar financiarlo. Pero Basagoiti lanzó un órdago y amenazó con no aprobar el Presupuesto del PSE si no había dinero público para el nuevo campo. Días después, López estrechaba la mano del presidente del Athletic y daba su visto bueno a una operación plagada de enredos.
En el partido, estos «desajustes» se minimizan. «Nos ha tocado lidiar contra la mayor crisis económica en décadas y cambiar 30 años de gobiernos nacionalistas. ¿Que hemos cometido fallos? Seguro, somos novatos, pero sólo es ruido», concede un dirigente socialista.
La última palabra la tienen los ciudadanos. Las próximas elecciones son en 2011. Hasta entonces, sólo encuestas. Y, a veces, el ruido puede ser tan ensordecedor que impide oír lo importante.
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