El último superviviente. Así podría rebautizarse la línea 15 de Tuvisa que, desde hace seis años, atraviesa las estrechas calles del Casco Viejo pese a las críticas que arrastra por el camino debido a su escasa rentabilidad. «Algunas veces he llegado a hacer yo solo el recorrido completo», reconoce Juanjo Ladrón de Guevara, uno de sus tres conductores. Sin embargo, éste no ha sido motivo suficiente para apartarlo de la carretera y ni siquiera la reordenación de los urbanos ha logrado pararlo.
Los vitorianos podrán seguir subiéndose al microbús del Casco Viejo «como siempre» aunque en el teléfono de información municipal se comunicaba que ayer era su último día en funcionamiento. La realidad es que el 15 no sufre cambio de horario ni de itinerario y los usuarios «lo agradecen. Muchos llevan bastante tiempo asustados preguntándome si desaparece». Ana María Díaz de Guereñu, de 75 años, es una de las viajeras que utiliza esta línea a diario para llevar bolsas de comida a su hermana octogenaria que reside junto a la catedral de Santa María. «Imagínate subir todo esto por esas cuestas. Nos quedábamos por la mitad», comenta.
«Algunos no podrían hacer este camino a pie y muchos son personas mayores que si cogen un taxi todos los días no llegan a fin de mes», advierte Ladrón de Guevara por Correría, donde debe realizar una parada junto al centro de salud. Las consultas por la mañana en el ambulatorio suponen la principal fuente de pasajeros y el chófer los llama ya «por nombre y apellidos». «Nos da mucha conversación. Es más majo que las pesetas», suelta Trinidad Redondo apoyada en sus muletas. El «señor Pascual» habla de cualquier tema, «desde la muela hasta de mi prima», pero siempre en «mi asiento» junto a la ventana.
«Un bien social»
Estas charlas podrían tener los días contados. La línea ha sobrevivido al renovado mapa de los urbanos -en un primer momento se planteó eliminarla- pero su desaparición definitiva podría llegar cuando se «instalen los ascensores del Casco Viejo», u otros accesos mecánicos, explica Toño Seijo, presidente del comité de empresa de Tuvisa.
«Este autobús no se mantendrá por ser rentable o no, sino porque es un bien social», advierte su dicharachero conductor mientras busca alguna cara conocida en la próxima parada.