El consejero de Transportes, Iñaki Arriola, rompió enseguida el encantamiento. No pasaron ni dos meses desde su toma de posesión cuando aseguró que de 2013, nada. El ex alcalde de Eibar restó crédito de forma inmediata a la «fecha razonable» defendida por su antecesora, la peneuvista Nuria López de Guereñu, para la inauguración del TAV en Guipúzcoa. Ni tan siquiera le pareció sensato pronosticarlo para 2014. Arriola llevó la conclusión del ramal guipuzcoano de alta velocidad a «2015 ó 2016», una estimación que juzgó «realista» y que, pese a todo, va a requerir que el Ejecutivo ponga toda la carne en el asador para evitar que se frustre.
De estar en lo cierto y concluir el ramal guipuzcoano en 2016, habrán pasado entonces nada menos que diez años desde lo que se puede considerar como el origen del TAV actual -aunque el proyecto en sí ronda la mente de los políticos vascos desde hace décadas-. En 2006 se firmó el pacto entre el Gobierno vasco y el Estado para ejecutar conjuntamente la obra. Lo rubricaron en Madrid López de Guereñu y la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez. Estipula que el Gobierno central financia y gestiona de forma directa las obras del eje Vitoria-Bilbao, el nudo central de la 'Y' y los accesos a las capitales. El Gobierno de Vitoria, por su parte, se encarga de las obras en el tramo Bergara-Irún (76 kilómetros), que sin embargo también son financiadas por Madrid. Euskadi adelanta el dinero, pero luego pasa la factura y lo recupera.
La comparación entre ambos ramales es todavía sonrojante desde la óptica vasca. Entre Vitoria y Bilbao, Fomento ha conseguido llevar a fase de obra civil 54 de los 90 kilómetros de los que se ocupa. El balance que puede presentar Lakua es de un único tramo en obras -2,8 kilómetros, entre Ordizia e Itsasondo-, iniciado en 2008.
Al margen de él, durante 2009 no se ha avanzado sobre el terreno prácticamente nada, lo que ha motivado un serio reproche desde la Unión Europea, que vigila el cumplimiento de los compromisos en los programas prioritarios europeos como éste. Se han terminado algunos proyectos y se han licitado cuatro tramos -unos 11,4 kilómetros en total-, uno de los cuales -o quizá dos- se espera iniciar antes de que termine el ejercicio.
Transportes dice que la ralentización del ramal es un problema «heredado» de la Administración del PNV, que llegó a presupuestar 517 millones para obras en 2009 pero dejó proyectos preparados para gastar apenas 50, que es como se cerrará el año contable de la 'Y'. Sin proyectos no se pueden licitar las obras, y es ahí donde se pretende acelerar ahora el trabajo. Se quiere tener listo todo para sacar a concurso 7 tramos más en 2010 y dejar así al ramal guipuzcoano, si bien no al nivel del eje Vitoria-Bilbao, al menos encarrilado.