Un mensaje de texto enviado por el abogado Miguel Zulaica desde su teléfono móvil anunció al presidente del Alavés, Fernando Ortiz de Zárate, la noticia por la que venía suspirando más allá de lo que recuerda su memoria. Aunque la daba por hecha, el apresurado 'sms' remitido desde el Palacio de Justicia a Mendizorroza le confirmó la aprobación por parte de los acreedores de un convenio capital para la pretendida regeneración económica de una entidad nonagenaria ahogada por morosa. Los que llevan años esperando a cobrar lo que les corresponde y el Alavés les debe acababan de renunciar por mayoría a la mitad de su deuda y de aceptar el cobro del resto del dinero, 12,5 millones de euros entre 218 acreedores, en cinco pagos anuales.
Ortiz de Zárate se alivió así poco antes de encontrarse por primera vez a solas con el diputado general de Álava, Xabier Agirre, al que estrechó la mano en el Palacio de la Provincia sabiendo ya que el Alavés, con el imprescindible guiño de la casa que visitaba, la Diputación, le había dado minutos antes un curioso mordisco a su débito sin apoquinar ni un euro. Fue una cita nada casual, sino forzada por los avatares. Una coincidencia en día y con una hora de margen respecto a la junta de acreedores medida y necesaria, precedida de un cruce de desconfianza, torpeza y dimes y diretes que enturbiaron la relación entre dos instituciones llamadas a entenderse.
Tan feliz, Ortiz de Zárate lució sonrisa al entrar y salir de la casa de todos los alaveses. «Es un día importante. Se ha dado un paso crucial para la viabilidad del Alavés. La Diputación ha dado también ese paso. Es de agradecer», reconoció el dirigente deportivo a EL CORREO después de su reunión privada con Agirre, cuyo consejo de gobierno había aprobado el lunes la adhesión foral a la propuesta de quita y espera albiazul.
El saneamiento del Alavés se pone pues en marcha. A razón de algo más de dos millones de euros en cada uno de los cuatro primeros años y de tres el quinto y último, la sociedad del paseo de Cervantes ya sabe lo que tiene que pagar, aunque por ahora desconozca cómo lo va a afrontar. Se las tendrá que ingeniar para asumir el desembolso. No hacerlo y recibir la sola denuncia de un acreedor insatisfecho le conducirían a una disolución que ayer esquivó con un primer regate. «Ahora nos toca dar los pasos a nosotros, ir a la ampliación de capital -de tres millones de euros- y meter dinero en la tesorería. A ver hasta dónde llegamos», aseguró Zárate.
En cuestión de semanas, el Alavés tendrá que abonar el primer millón de la deuda rebajada, una cantidad destinada a satisfacer el crédito privilegiado. El presidente espera cubrirla «con la venta de acciones» que arrancará a partir del 18 de noviembre. También confía en la respuesta del alavesismo a la llamada de auxilio. «La gente está más sensibilizada» que en las dos anteriores oportunidades de que disfrutó para hacerse con títulos del Alavés, en la conversión en sociedad anónima deportiva en 1996 y en la oferta pública lanzada por Gonzalo Antón en 2004. «El que compre ahora una acción sabe que es dinero para la tesorería del club, una ayuda», sostiene el propietario del 51% del capital social.
Renuncia a la mayoría
Insiste en que está «dispuesto» a perder su mayoría accionarial si la réplica del aficionado contribuye a la «socialización» del Alavés. Por ahora, asegura Ortiz de Zárate, en este sentido ni ha recibido «la llamada directa de algún inversor interesado» en acudir a la ampliación ni tampoco se ha puesto a buscar socios. Quizás, una o las dos opciones sean su válvula de escape si falla la entrada de pequeños accionistas.
Al presidente le llenó «de satisfacción» su vista con Agirre, por lo que desveló. Sirvió, según explicó a este diario, para «aclarar malentendidos y situaciones anormales» y se postuló para ser él en el futuro «el único interlocutor del Alavés con la Diputación. Todas las pegas y asperezas de antes se han eliminado», celebró el directivo, que las achacó «a una mala comunicación» anterior.
Del diputado general arrancó, según su versión, el compromiso de restablecer en breve el convenio entre el Alavés y la Diputación anulado durante el mandato de Dmitry Piterman. «El consejo de diputados lo va a incluir en los presupuestos y serán las Juntas Generales las que deban aprobarlo. Pero creo que no habrá problemas», adelantó Zárate. Si se ajusta a los deseos del club y a la cantidad recogida en su plan de viabilidad, la subvención foral debería rondar el millón de euros anual. También queda pendiente la venta de Izarra a la Diputación por 5,7 millones, otro ingreso esencial para el porvenir del Alavés.