Su viuda ha agradecido el cariño hacia un hombre "que luchó como un valiente y que murió en plenitud a los 91 años, rodeado del cariño de los suyos"
La vicepresidenta Fernández de la Vega y el jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, han asisitido al funeral, junto con decenas de autoridades políticas, militares, judiciales y académicas
El féretro ha sido trasladado por seis de sus nietos, con la marcha fúnebre de la banda de gaitas de fondo, hasta el interior de la Catedral, donde se ha celebrado la misa por su eterno descanso
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Familiares de Fernández Campo portan su féretro hasta la catedral de Oviedo, donde se ha celebrado su funeral. / Reuters I Vídeo: Atlas

La viuda del ex jefe de la Casa del Rey, emocionada en el último adiós a Fernández Campo. / Reuters

La catedral de Oviedo se ha quedado pequeña para despedir al Conde de Latores. / Efe

Momento del funeral del conde de Latores, Sabino Fernández Campo, en el que su viuda ha leído un pasaje del Libro de Isaías. / Efe

El presidente de Asturias, Vicente Álvarez Areces, la viuda de Sabino Fernández Campo, Maria Teresa Álvarez y el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo, en un momento de la ofrenda floral realizada ante el busto del ex jefe de la Casa del Rey, situado en un lateral del Parque de San Francisco de Oviedo. / Efe
Último homenaje
La viuda del ex jefe de la Casa del Rey ha acudido tras la misa de funeral y el entierro de Fernández Campo, en el cementerio de San Esteban de las Cruces, a una ofrenda floral que el Ayuntamiento de Oviedo organizaba como último homenaje al Conde de Latores.
En el acto, María Teresa Alvarez, ha colocado un centro de anturium y rosa blanca bajo el busto que el Ayuntamiento de Oviedo colocó en honor al Conde en el Parque de San Francisco en el año 1997. Flanqueada por el alcalde de la ciudad, Gabino de Lorenzo, y por el presidente del Principado, Vicente Alvarez Areces, ha recibido emocionada los aplausos de los cientos de ovetenses que quisieron brindarle el último adiós.
Al ritmo de las dos marchas fúnebres interpretadas por la banda de gaitas Ciudad de Oviedo, la viuda se ha fundido en un caluroso abrazo con los familiares, amigos y personalidades que la arroparon en este homenaje.
Apenada pero "contenta", María Teresa Alvarez ha dicho que Fernández Campo estaría "muy feliz" de la acogida que ha tenido hoy en Oviedo, su ciudad natal. "Ha sido una ceremonia preciosa y ahora la ofrenda floral en el busto. Yo creo que está muy contento y yo con una pena enorme, pero contenta", ha señalado, al tiempo que ha remarcado que que él se encargó de que no le olvidase jamás al ser enterrado en su tierra el día de su cumpleaños.
Velas, flores y los acordes del 'Asturias Patria Querida' han despedido en el centro de Oviedo al que muchos han recordado estos días como uno de los españoles y asturianos más insignes. A los pies de su imagen, una banda en la que podía leerse: 'Con cariño de tu Asturias y tu España, siempre te recordaremos'.
Cientos de personas, entre familiares, autoridades, amigos y otros ciudadanos, han despedido en la catedral de Oviedo al ex jefe de la Casa del Rey
Sabino Fernández Campo, un hombre "que luchó como un valiente y que murió en plenitud a los 91 años, rodeado del cariño de los suyos". Con estas palabras se ha expresado su viuda, María Teresa Álvarez, para agradecer en su nombre y en el de toda la familia haber recibido "tanto cariño" y una "despedida emocionante".
Los restos mortales del
conde de Latores llegaron poco antes de las 17:00 horas a la puertas del templo ovetense, donde esperaban la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa de la Vega; el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces, y el jefe de la Casa del Rey, Alberto Aza, entre las decenas de autoridades políticas, militares, judiciales y académicas que asistieron al funeral.
El féretro entraba en el templo a hombros de seis de los nietos del
ex jefe de la Casa del Rey al compás de la
Marcha fúnebre Antón el Neñu, interpretada por la Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo, y entre los aplausos de varios centenares de ciudadanos desde el exterior de la Catedral. El ataúd fue colocado a los pies del altar rodeado por varias coronas de flores, entre ellas las enviadas por los Reyes, la Infanta Elena, el Gobierno y la Fundación Príncipe de Asturias.
Al inicio de la ceremonia, concelebrada por el obispo auxiliar de Oviedo, Raúl Berzosa, y una veintena de sacerdotes, se leyeron mensajes de condolencia de la Nunciatura Apostólica y del Arzobispo castrense, Juan del Río, mientras que la viuda del conde de Latores leyó un pasaje del Libro de Isaías. Durante la homilía, el obispo auxiliar recordaba que el fallecido se definió como un "hombre de dos pasiones: España y Asturias" y ha asegurado que entre sus valores se encontraba su "meritoria labor y fecundo servicio a la Casa del Rey y a la consolidación de la propia monarquía, haciéndola más universal y abierta a todos".
Entierro en la intimidad
"Su defensa de la democracia en momentos claves de la reciente historia española, su presencia y apoyo en la Fundación Príncipe de Asturias y sus cualidades personales de lealtad, discreción, eficacia, prudencia y silencios elocuentes" también han sido citados por Berzosa antes de asegurar que la ciudad de Oviedo "se siente muy orgullosa de un hijo tan predilecto". El obispo, en una intervención plagada de referencias a palabras expresadas por el propio Fernández Campo en distintas entrevistas, ha destacado también que "su profunda humanidad" le ha convertido en un "referente moral indiscutible para todos los españoles de hoy". Pero, en su calidad de Obispo, ha resaltado por encima de todo "fue un creyente, un profundo creyente", que en alguna ocasión llegó a decir que mantenía un "diálogo frecuente con Dios", al que le pedía que le guardase "un sitio en la gloria en el que pueda ver desde allí Latores y Asturias".
Tras el funeral, en el que el Coro de la Fundación Príncipe de Asturias y el organista Adolfo Gutiérrez Viejo, interpretaron obras de Gabriel Fauré, Mozart y Bach, los restos mortales del general Fernández Campo han sido trasladados hasta el cementerio de El Salvador, en San Esteban de las Cruces, acto que se ha desarrollado en la intimidad familiar y sin la presencia de autoridades.