En todas las catástrofes, como la ocurrida ayer en Palma, hay lugar para los dramas personales y también para los testimonios de supervivientes a los que la vida ha querido dar una segunda oportunidad. A veces, ambas experiencias se mezclan como en el caso de la familia de colombianos que ocupaba el primer piso, formada por Luis Alberto, su mujer, sus dos hijos y el yerno. Luis Alberto, de 55 años, salvó la vida porque se entretuvo jugando una partida de parchís en casa de unos amigos. Su hija, Paula, también puede contarla; en su caso, tuvo una pelea con su marido y se fue de la casa. Sin embargo, no pueden congratularse de su buena suerte: Luis Alberto ha perdido a su esposa y madre de Paula, y a un hijo, Pablo Andrés. La chica, además, ha quedado viuda.
En un hospital balear también se encuentra una mujer que llora la muerte de su marido y su hija pequeña, una adolescente de 15 años. La hermana mayor regresó de inmediato de Barcelona, donde estudia.
Ayer, los vecinos y conocidos de las tres familias afectadas recordaban entre lágrimas a las víctimas y se lamentaban por una tragedia que «podría haberse evitado» «A Pablo Andrés le había pasado de todo, hasta sobrevivió a un acuchillamiento en Colombia», recordaba una amiga de uno de los jóvenes colombianos fallecidos, apodado 'el Buitre'. «Han muerto como animales», se lamentaba esta mujer.
Su opinión coincidía con la de otros muchos residentes, que criticaron la «dejadez» de las instituciones ante la «degradación del barrio». La dueña de un bar cercano, que lleva casi cuarenta años residiendo en la misma calle, sostiene que «caían constantemente trozos» del edificio, en el que cada vez «aparecían más grietas», sobre todo en los bajos, deshabitados y que antaño acogieron un negocio de lechería.
Otros vecinos añadían que el «precario estado» del inmueble -edificado con muros de piedra arenisca de tipo marés, una construcción típica de la zona- había empeorado a raíz de las intensas lluvias caídas en las últimas semanas en Palma. «Esto se veía venir, era cuestión de tiempo», apuntaba otro residente, que aún no se ha recuperado del susto. «Oí un estruendo terrible y al salir a la ventana no vi más que polvo», recordaba.