La NBA levantará el telón en la madrugada de mañana a pasado. La Liga del 'show business' anuncia otra temporada teatral con cinco meses y medio de representación para el pelotón de los torpes, que se extenderá hasta junio en el caso de los más aplicados. En esta obra coral que admite a 450 intérpretes, cinco proceden de España. Pau Gasol es actor imprescindible para cualquier superproducción de Hollywood que se precie; José Manuel Calderón, un guionista sobrio que evita caídas de tensión en el texto; Marc, una estrella en ciernes a quien siegan la hierba bajo sus pies y que necesitará buscar otro decorado; Rudy Fernández, el jugador total de futuro incierto; y Sergio Rodríguez, un secundario en quien pocos reparan y se muda a Sacramento con el objetivo ¿vano? de llamar la atención.
PAU GASOL
El inventor de retos
El mayor de la saga ya ha tocado el techo del baloncesto con las dos manos. Campeón mundial y europeo en la selección, Pau extenderá mañana su dedo para decir 'sí quiero' al anillo que le proclama ganador de la NBA, 'world champion' que dicen estos americanos carentes de abuela. Su reto colectivo se ciñe a renovar el título logrado en junio frente a Orlando y argumentos manejan los Lakers para lograrlo siempre que metan en vereda al díscolo Ron Artest, un fenómeno físico y defensivo que al menor cruce de cables viene a ser un pirómano con empleo de guardabosques. ¿El individual? Él sabrá. Desde que arrasó la ACB hace nueve años con la fuerza devastadora de un huracán, Gasol I no ha dejado de crecer.
Aterrizó en Memphis como un espagueti a media cocción para vivir de su talento natural e izar a los Grizzlies sobre su chepa. Harto de perder el tiempo donde ya nada más podía alcanzar, llegó a Los Ángeles en un traspaso que Greg Popovich -entrenador de San Antonio- definió algo así como el timo del tocomocho. Pau transformó a un serio aspirante en todo un favorito. Pinchó en hueso nada más llegar frente a Boston y le empaparon con críticas sobre su blandura defensiva. La ironía desfiguró su apellido en 'Gasoft', pero no ha nacido periodista que tumbe su voluntad. Pau fue pieza irrebatible en el campeonato angelino mediante una contención científica a Howard, una bestia parda. Seguro que ya procesa datos para mejorar algunas carencias, por cierto casi invisibles.
JOSÉ MANUEL CALDERÓN
La definición de fiabilidad
El base extremeño no se merecía una campaña tan decepcionante como la que protagonizaron los Raptors en la 08-09. La mejor definición de fiabilidad que cabe hallar en el diccionario baloncestístico, el obseso por mejorar cada día -ya en los anales con su espectacular serie de acierto en los tiros libres-, el chico fuerte de ánimo indesmayable necesita más abrigo por parte de los compañeros. Así lo ha entendido la 'europeizada' franquicia canadiense, que ha mejorado el plantel con los fichajes de Turkoglu -una figura que llega de perder la final ante Gasol- y Belinelli, joven y fino proyecto de jugador importante.
Toronto mantiene a Chris Bosh, tal vez el 'cuatro' más elegante de la Liga. Y su permanencia encierra la virtud y el defecto. Flirtea con abandonar un cuadro que necesita su compromiso. Si los Raptors del año anterior andaban sobrados para incluirse en los 'play off' y su exclusión se leyó como un fiasco de campeonato, los actuales deben entrar en las eliminatorias por lo civil o lo criminal, que apuntaría Luis Aragonés.
MARC GASOL
En las llamas del infierno
Marc y Pau son hermanos y ese lazo de sangre trasciende de la vida al deporte. El pequeño en la NBA pronto empieza a padecer en Memphis la agonía que el campeón sufrió más tarde. Los Grizzlies se muestran ante la opinión pública como un club a la deriva, incapaz de encontrar las coordenadas para avistar el puerto más cercano. Abandonados de una afición que vacía el FedEx Forum por su baloncesto de improvisación y chapuza, los rectores han decidido cargar la artillería en el exterior y 'apuntalar' la zona con Zach Randolp, un superclase que repudia su talento con esa jaula de grillos que tiene por cabeza.
Malas noticias para Marc, un pívot de primer nivel en cualquier parte del mundo -Estados Unidos incluidos- que rindió por debajo de su nivel previsto en el último Europeo. Si la temporada anterior recibía la mitad de balones que por rango le corresponden, este año ya puede encargar un ventilador para paliar las llamas del infierno. A dos 'chupones' como Gay y Mayo, Memphis suma la contratación de Iverson, una estrella en declive que necesita la pelota a toda costa. Y si Randolph lanza sus veinte tiros, saquen cuentas de la basura destinada a Marc. Pau tardó seis años y medio en dejar la ciudad de Elvis. Como su hermano no salga mucho antes ingresará en el frenopático. ¿Lo bueno? Marc dura en el mercado lo que un caramelo a la puerta de los párvulos.
RUDY FERNÁNDEZ
Lástima de especialista
O la NBA cree en Rudy Fernández como el jugador total que es o, a base de limitar su baloncesto, el mallorquín terminará como mero especialista en el tiro de tres puntos. Lástima que la Liga norteamericana tienda a amputar las capacidades de sus actores por el afán por diseñar robots. El ex escolta del Joventut abandonó la ACB y dejó en los aficionados españoles la sensación de perder a un deportista completo. Era atlético, técnicamente muy bueno, corría la cancha como pocos, penetraba a la velocidad de la luz y encestaba triples lejanos. En defensa también cumplía con nota.
Pero se topó con Nate McMillan, uno de tantos técnicos que conciben el juego como un terrenito en el que cada peón debe arar su parcela y nada más. Excepto, claro está, constelaciones del tipo Brandon Roy, líder de los Blazers en la cancha. A Rudy le aguarda un futuro incierto. Tras cuajar el mejor debú de un español en la NBA, su papel fue reduciéndose a los misiles tierra-aire y ahora comparte batería exterior con un puñado de jovencitos atléticos.
SERGIO RODRÍGUEZ
El síndrome de la desfiguración
Tres cursos junto a un técnico a contraestilo deben suponer el tormento para un alma libre como la del base tinerfeño. McMillan y Rodríguez aparecerían juntos en el diccionario de antónimos. El español se precipitó al atender los cantos de sirena de la NBA cuando aún no poseía en régimen de exclusividad el timón del Estudiantes. Para ir a EE UU se debe conocer con precisión el equipo y el técnico de destino. El preparador de Portland se labró una celebridad justa por su ardor defensivo en los Supersonics y, claro, se topó con un genio de la improvisación y los ojos laterales que se quedaba clavado atrás en cada bloqueo. La consecuencia han sido tres años de amargura, miedo al error y la desfiguración de un estilo.
Si Sergio teme por cada fallo, si se le cortan las alas con las que vuela, el canario degenera en un jugador vulgar, ayuno de lanzamiento exterior e insuficiente en defensa, pese a sus evidentes deseos de mejorar. No le quedaban más salidas que el traspaso o la vuelta a Europa como un baloncestista devaluado. Y ha visto en Sacramento, equipo penoso el último campeonato, el lugar para la huida. En los Kings de Andrés Nocioni compartirá el puesto de 'uno' con Beno Udrih y el novato Tyreke Evans dentro de un estilo alegre y veloz más acorde a sus características. Para Sergio se trata de la última oportunidad, la de las lentejas.