-Somos muy dados a hablar de la atonía cultural de Vitoria. Sin embargo, en estos días coincidirán el Festival de Teatro, Periscopio y cuatro nuevas exposiciones en el Artium.
-Nos dedicamos más a decir que la ciudad es aburrida que a ir a los sitios donde hay actuaciones, conciertos, salas... La gente más aburrida que he conocido en mi vida es la que más critica a Vitoria. Queda muy bien censurar, sobre todo por la progresía de farol. Quieren Manhattan y no lo somos.
-El futuro Plan General defenderá la idea de abandonar ya la expansión y mirar hacia adentro. ¿Comparte esta filosofía?
-Eso es el desarrollo natural. En épocas de expansión económica los planes son expansivos; cuando llega el invierno económico y la hora de ponerse la capa, la única forma de mantener cierta actividad es replegarse sobre lo ya construido.
-¿Construiría en el Sur o se erige en abogado de los montes de Vitoria?
-Hay que preservarlos a toda costa. De construir, nada.
-Hace seis años, en tiempos de bonanza económica, usted consideraba que la capital alavesa necesitaba más inmigrantes. ¿Cambia su discurso en plena crisis?
-Los inmigrantes saben dónde hay expansión o no. Aquí, y en todo el Estado, se han creado empleos en la construcción, muy adaptados para ellos pero poco estables. Ahora, con la crisis, debemos asumir que hemos atraído y dado trabajo a mucha gente, pero no hemos sabido darles un empleo sostenido.
-Álava cuenta con casi 120 menores extranjeros no acompañados; Zaragoza, que tiene el triple de población, 17. ¿Hace falta establecer unos cupos por provincias?
-Es un trabajo que debe hacerse con discreción y no crear 'efectos llamada'. Los inmigrantes saben muy bien dónde y cómo van. Un 'buscavidas' descarado no viene a Vitoria, va a Madrid o Barcelona. Pero el boca a boca funciona y saben que aquí se les han dado más atenciones. ¿Cupos por provincias? No me parece lo más acertado, pero por ello se podría empezar.