Hay un vino para cada instante. El frío, la barbacoa, la lubina, el cumpleaños o el otoño tienen una suerte de misteriosa equivalencia en el ámbito enológico. No hay exageración en el aserto. Habla un experto. Se llama David Seijas. Trabaja como sumiller en elBulli, el famosísimo restaurante del todavía más famoso, si cabe el apunte, gastrónomo catalán Ferran Adrià.
El vino se antoja un mundo inextricable para el profano o el simple aficionado. Seijas, todavía veinteañero, pero eminente catador, ha tomado cartas en el asunto. Ha escrito un libro: su primer libro. Se titula '110 vinos para el 2010'. La presentación tuvo lugar ayer en la librería logroñesa Santos Ochoa. No se trata, ni mucho menos, de un manual ventrudo lleno de larguísimas referencias, añadas ilocalizables y prolijas descripciones organolépticas.
El objetivo, dice, es bien sencillo: «recomendar vinos que me gustan personalmente» o, dicho de otra manera, «poner sobre papel y compartir mi pasión por el vino». Conviene advertir que la lectura del volumen no entraña la obligación de catar 110 caldos en un año o, lo que viene a ser lo mismo, una botellita cada tres días y pico. Son muy diferentes las pretensiones del sumiller.
Reniega, por cierto, de adjetivos como 'bueno' o 'malo'. No encontrará el lector sentencia alguna en esa línea. Seijas, que obtuvo el premio 'La nariz de oro' con sólo veintiséis años, afirma su respeto por todos los vinicultores: «Yo no sé hacer vino, pero sí se lo difícil que resulta hacer un buen vino».
Los capítulos del libro se cuentan por criterios de selección: 'Vinos para todos los días', 'Vinos clásicos' o 'Vinos por descubrir y para compartir después el secreto'. Incluye cada apartado una serie de referencias preferidas por el sumiller entre las miles que ha conocido en su corta, por cuestiones de edad, pero intensa carrera. Baste apuntar, a modo de anécdota, que la bodega de elBulli tiene unas 1.600 etiquetas, más otras trescientas o cuatrocientas fuera de carta.
Si se le inquiere por el capítulo 'Vinos para regalar', quizás influido por su presencia en tierras riojanas, apunta el vino El Puntido. Si se habla del apartado denominado 'de barbacoa', que refiere «vinos versátiles que se adaptan a cualquier situación», aboga por Finca La Emperatriz. Merece comentario la sección que enfrenta precio y placer: incluye vinos que cuestan de cinco a doce euros e incluyen alguna curiosidad.
Las recomendaciones en lugar de sesudas disquisiciones, narran bien la historia que llevó al autor hasta el vino. En resumidas cuentas, Seijas rehúsa todo elitismo y conversa con el lector de tú al tú. Avanza que apostará por esta línea hasta que, «quizás, algún día, tenga un viñedito y diga aquí voy a hacer yo mi vino».