Los vecinos de la Embajada de Brasil en Tegucigalpa están desquiciados. La noche se convierte en día con potentes focos y las serenatas, las marchas militares y canciones que hablan de hombres rastreros impiden conciliar el sueño. Sufren de rebote el hostigamiento de las tropas destinado a minar la resistencia del presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, y sus acompañantes huéspedes de la sede diplomática desde hace justo un mes.
El método es el mismo que utilizó EE UU para vencer la resistencia del dictador panameño, el general y presidente Manuel Antonio Noriega, cuando se refugió en la Nunciatura de la Santa Sede tras la invasión de Panamá en diciembre de 1989. Se entregó el 3 de enero de 1990. En esos trece días, los soldados ponían a todo volumen música rock, y la primera canción fue 'Welcome to the jungle', del grupo Guns N' Roses. Supuestamente, pretendían molestar a Noriega, que odiaba ese género musical. A Zelaya le ponen a Paquita la del Barrio, una cantante mexicana que dice horrores de los hombres.
En su defensa salió el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien calificó la situación de «preocupante». Durante una sesión del Consejo Permanente en Washington, que debatió sobre la crisis hondureña, afirmó que la hostilidad seguía en Tegucigalpa, así como «los ruidos nocturnos y las manifestaciones».
Ruy Casaes, embajador de Brasil ante la OEA, calificó de «tortura» las maniobras del gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti por romper la quietud nocturna e impedir el descanso con ruidos de cornetas y la imitación de gritos de animales. Además, la recogida de basuras es tan irregular que provoca criaderos de moscas y mosquitos, y la falta de higiene causa diarreas generalizadas entre los inquilinos de la Embajada.
Guerra de nervios
Varias televisiones han mostrado imágenes y sonidos que vomitan potentes altavoces. En los primeros días, también emitían por el día sonidos irritantes difundidos por aparatos de alta frecuencia. Edgard Garrido, fotógrafo de Reuters que ha convivido en la legación, da fe de ello. «Por las noches, los soldados hacían sonar sus escudos antidisturbios. Se convirtió en una guerra de nervios. Piedras golpeaban el techo mientras el himno nacional de Honduras sonaba desde un poderoso equipo en las cercanías».
Zelaya estimó que su presencia en el país aceleraría la vuelta a la normalidad constitucional. La realidad demuestra que los días corren y la solución negociada se aleja. En cualquier caso, las comisiones del derrocado mandatario y de Micheletti regresaron ayer a la mesa de diálogo tras seis días de interrupción.