El viceconsejero de Empleo, Formación e Inclusión Social del Gobierno vasco, Pablo Angulo, ha decidido dejar el departamento por su absoluta falta de sintonía con la consejera, Gemma Zabaleta. Su marcha se produce en un momento delicado, al ser uno de los altos cargos involucrados en la negociaciación de la primera gran transferencia del gabinete de Patxi López, la de políticas activas de empleo, prevista para el 1 de enero.
El cese de Angulo, que ya se ha despedido de sus compañeros, es el tercero en la consejería en apenas dos semanas, ya que el pasado día 6 dejó su puesto la directora de Inserción Social, Piedad Arbaiza, y ayer mismo anunció su salida la responsable de prensa, Eva Monente. Prueba, según las fuentes consultadas, del enrarecido clima que se vive en el departamento y que no ha cesado desde su creación, con diferencias que han llegado a trascender entre varios altos cargos.
Angulo, que trabajó con el nacionalista José Ángel Cuerda en la Alcaldía de Vitoria en la década de los noventa y es uno de los independientes a los que con tanto ahínco ha intentado atraer el Gobierno socialista como seña de identidad frente a los treinta años de ejecutivos nacionalistas, apenas ha aguantado cinco meses en su puesto. Sociólogo, profesor de la Universidad de Deusto y procedente de la agencia de innovación Innobasque, a la que ahora regresará, llegó a Lakua en mayo, a la par que Zabaleta. Pero entre ellos no ha habido química personal y las relaciones se han ido deteriorando, según admiten personas próximas a los dos protagonistas. Hasta el punto de que en las últimas horas, y de mutuo acuerdo, han decidido que Angulo deje el próximo martes el cargo, donde le sucederá Javier Ruiz, responsable de Drogodependencias en la Administración que compartieron PNV y PSE hace quince años.
El nuevo Inem
Tanto la consejería como colaboradores de Angulo se esforzaron en atajar la impresión de que su relevo afectará negativamente a la negociación de la transferencia de las políticas de empleo, que los peneuvistas cifran en 400 millones de euros y los socialistas, en 300. El departamento subrayó que su participación en las conversaciones estaba siendo «secundaria», aunque lo cierto es que se encargaba de la reorganización del Servicio Vasco de Empleo, Lanbide, que deberá integrarse con las oficinas de la red del Inem cuando éste se traspase y que es una de las piedras angulares de la nueva competencia; al menos, una de las más visibles.
Si, en cualquier caso, el papel de Angulo era relevante y ambas partes descartan un trasfondo de diferencias de índole política en su dimisión, ¿por qué no se ha esperado al próximo enero, una vez concluida la transferencia, para formalizar el cambio y así no dar pábulo a los rumores ni dejar un flanco desprotegido a la oposición? Porque «no había ningún 'feeling', sino todo lo contrario, y era necesario poner fin ya a un ambiente nocivo para todos; mejor ahora que luego», dijo a EL CORREO un conocedor de la situación. Fue, concluyeron gráficamente medios gubernamentales, «una falta de encaje, como si Angulo, que se quería ir porque no se sentía respaldado, representara el hambre, y Zabaleta, que ya no tenía confianza en él y de hecho quería que se fuera, las ganas de comer».
Otras fuentes sindicales apostillaron que el en la práctica ya ex viceconsejero no se había ganado en estos meses la complicidad de la patronal vasca ni de las centrales, ya que a su juicio no valoraba «adecuadamente» el papel de los agentes sociales.
La consejería insistió en que el cambio «no supone» una pérdida de confianza en personalidades independientes para sustituirlas por gestores más próximos a postulados del PSE y, por tanto, más comprensivos con una forma de funcionamiento ligada a la disciplina partidista, como apuntan algunos medios. Al contrario, enfatizaron, esa apuesta «sigue muy vigente».