¿Qué te gustaría sacar de tu mochila de vida? Con esta pregunta para la reflexión arranca el curso de habilidades sociales que imparte Eugenia en el centro Ehunate, el nuevo local de la asociación Bizitza Berria ubicado en Zaramaga, en el que toma parte un grupo de indigentes. En esta ocasión, los participantes abordarán el concepto de la autoestima durante hora y media porque «más tiempo se hace pesado», explica esta dicharachera mujer. El taller -el único que necesita inscripción previa- forma parte de la última apuesta de los impulsores del hogar Betoño que arrancó a principios de este mes, y que incluye cinco actividades de «carácter formativo-ocupacional» dirigidas a los 'sin techo' que el colectivo ha recogido en las calles de la capital alavesa.
Ehunate o 'las cien puertas hacia la solidaridad' se inauguró en verano con un doble objetivo: realizar una primera intervención con los indigentes que se acerquen e impulsar su aprendizaje en diferentes áreas. «Hay que motivarles para que haya un cambio en su vida», argumenta Sergio Hinojal, psicólogo y director del centro mientras recorre las nuevas instalaciones. Hasta allí acuden la veintena de usuarios de Betoño -el hogar cuenta con un total de 24 plazas- que se han animado a probar suerte en alguno de estos talleres «voluntarios» impartidos de lunes a viernes, en diferentes horarios, por los propios trabajadores del centro. Eugenia ha comprobado que «les cuesta arrancarse, pero luego se sueltan y deben aprender a respetar tiempos, opiniones...», comenta antes de recibir a los alumnos.
«No es una caja mágica»
El trabajo en equipo resulta fundamental en todos los cursillos. Además de las clases a cargo de esta educadora de calle, los indigentes pueden elegir entre manualidades, relajación, entrenamiento cognitivo para quienes se hallan en un estado «más deteriorado» o empleo. Este último supone el primer paso en el largo camino de encontrar un puesto de trabajo, «algo básico y fundamental» para su desarrollo, a juicio de los impulsores de Bizitza Berria. «No todos los que pasan por Betoño -el pasado año atendió a 53 personas y 11 finalizaron el proceso- tienen como objetivo trabajar y hay algunos que incluso están completamente incapacitados para ello», advierte Hinojal. Por delante de sus ojos han pasado «casos muy dramáticos», como aquel ciudadano que sobrevivió a un accidente donde perdió a toda su familia, y ha comprobado que su centro «no es una caja mágica del que la gente sale perfecta».
Sin embargo, su ilusión por «cambiar el mundo persona a persona» se mantiene intacta. Los 'sin techo' pueden permanecer en el hogar «el tiempo necesario porque queremos que se recuperen por completo, ni siquiera nos desentendemos de ellos cuando salen de Betoño», aclara. Las labores de acompañamiento continúan incluso en el piso de emancipación estrenado hace cinco meses en el barrio de Arana con capacidad para seis ciudadanos. La vivienda está ocupada hoy por tres usuarios «preparados para hacer una vida autónoma».
Y para facilitar su incorporación a la sociedad, el colectivo piensa ya en la puesta en marcha de nuevos cursos. La informática se presenta como la próxima meta -ya cuentan con cinco ordenadores- pues «la brecha digital no puede suponer un motivo más de exclusión».