Tomás Ruiz Fernández, 'Tomasín', uno de los presos más sanguinarios de la historia reciente de España, pasó 32 de sus 55 años de su vida entre rejas. Era apenas un veinteañero cuando ingresó por primera vez en la cárcel de El Dueso, a mediados de los 70, tras ser condenado a 16 años por el atraco a una joyería de Reinosa. Llevaba cumplida la mitad de la pena cuando, a los 31 años, salió con un permiso de siete días y ya no regresó a dormir a su celda. La fuga le duró apenas tres meses, pero aprovechó bien el tiempo para saldar viejas cuentas pendientes: en abril de 1986 era detenido como autor de cinco asesinatos. Fue juzgado por cuatro de los crímenes, cometidos en Cueto y Mogro. En el quinto, contra un homosexual, no pudo demostrarse su implicación.
Los homicidios y la posterior detención de 'Tomasín' conmocionaron a la sociedad española y abrieron un debate sobre la idoneidad de conceder el segundo grado a determinados reclusos. Nadie se explicó entonces cómo delincuentes catalogados como «muy peligrosos» fueran excarcelados para disfrutar de permisos penitenciarios. 'Tomasín' estaba considerado por los psiquiatras de El Dueso como un individuo «de carácter explosivo» y con una «personalidad psicopática de carácter irreversible».
Sus dos primeras víctimas fueron una prostituta, María Violeta Puente, de 25 años, y su compañero, Sixto Franco, de 30, ambos heroinómanos. Según quedó demostrado en el juicio, el 2 de febrero de 1986, 'Tomasín' -junto con Francisco José Hidalgo, 'Butati', y otros dos compinches-, recogieron a la pareja con el pretexto de llevarles a comprar droga. Sin embargo, los condujeron hasta un descampado de Cueto y les acribillaron a balazos. El móvil, al parecer, estaba relacionado con el atraco a la joyería.
Pero 'Tomasín' aún tenía más asuntos pendientes. Al día siguiente, ambos delincuentes se reunieron con dos individuos, Pedro Grande y Miguel Moreno, que supuestamente se habían apropiado de parte del botín. Les trasladaron en una furgoneta hasta la localidad cántabra de Mogro donde, tras darles una paliza, les dispararon varios tiros. Después, quemaron el vehículo con los dos cadáveres dentro.
El 2 de abril de 1986, apenas tres meses después de su fuga, el enemigo público 'número uno' de Cantabria era detenido por la Policía en un bar de Laredo. 'Tomasín' se divertía en La Bolera cuando el dueño del local le instó a que se fuera, por jugar con «demasiada violencia» a los bolos americanos. El delincuente se negó a marcharse, ni siquiera cuando los camareros cortaron la luz del local. 'Tomasín', entonces, sacó su revólver y amenazó a los empleados y clientes del establecimiento. Intentó disparar el arma, pero se le encasquilló, momento que aprovecharon varias personas para reducirle y retenerle hasta la llegada de la Guardia Civil.
Muerte al delator
El juicio, celebrado en la Audiencia de Santander en 1988, levantó una expectación sin precedentes. Tomás Ruiz fue condenado como autor de dos delitos de asesinato y otros dos de homicidio a penas que sumaban 88 años de prisión. A 'Butati' le cayeron 82 y a un tercer compinche, Artemio Alonso, 46 años, por cómplice. En el banquillo debería haber estado un cuarto acusado, Agustín Fernández Callejo, 'Tino', pero fue asesinado poco antes en la cárcel alavesa de Nanclares por varios presos. Al parecer, no le perdonaron haber sido el delator de 'Tomasín'.