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El niño con el balón bajo el brazo

El Athletic, en Europa

El niño con el balón bajo el brazo

Éste es el primer reportaje de una serie de cuatro realizados por EL CORREO en la isla de Madeira con motivo de la visita el jueves del Nacional a San Mamés en la Liga EuropaUn recorrido por los paisajes que escribieron la infancia de Cristiano Ronaldo, toda una divinidad en la isla de Madeira

18.10.09 -
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Al llegar a la iglesia de San Antonio, uno de los barrios altos de Funchal, los visitantes reciben las últimas indicaciones. No van del todo bien encaminados. Deberán bajar lo que a duras penas han subido y luego girar a la izquierda. Al cabo de cien metros de cuesta, verán una callejuela que se abre a mano derecha entre pequeñas casas de una sola planta. Es la Travessa da Quinta do Falcao. «Sigan por ella hasta encontrar una casa grande de color azul. Allí al lado vivía Cristiano», les informa un jubilado.
Esta vez no hay pérdida. Los visitantes encuentran sin problemas la 'travessa', un camino sucio y estrecho en el que varios carteles advierten del peligro de una reciente campaña municipal de desratización. No tardan en contemplar la casa azul, un bello edificio antiguo que desentona entre las humildes viviendas que le rodean. Junto a ella se abre un pequeño solar bien asfaltado en el que aparcan media docena de coches. Las vistas de Funchal cayendo sobre el mar son magníficas. Hace tiempo que la casa natal de Cristiano Ronaldo fue derruida y todo indica que se levantaba allí mismo y que era como todas las demás: blanca y pobre, con tejado de uralita y ventanas llenas de sol, flores y ropa tendida. Un vecino no tarda en confirmarlo. Ha visto a los periodistas merodeando y se acerca a ellos. Sabe lo que buscan.
-«Sí. Aquí mismo estaba la casa de la familia de Cristiano Ronaldo. Junto a la mía»-, dice.
Adelino Augusto Andrade es albañil e hincha del Benfica. Hace mucho tiempo que no ve a la gran estrella del Real Madrid, pero guarda un cariño muy especial a aquel 'menino' al que era imposible ver sin un balón bajo el brazo.
-«Era un buen rapaz. Estaba todo el día jugando al fútbol. Tenía una afición enorme. Ya ve usted cómo chuta el balón con las dos piernas. Eso es porque estaba todo el día practicando, aunque fuera contra la pared», recuerda. «Me alegra mucho todo lo que ha podido hacer por su familia».
Efectivamente, Cristiano Ronaldo ha tenido que hacer mucho por su familia. Y es que con el jugador portugués, uno de los héroes modernos, se cumple la tradición antigua de la estrella de fútbol que sale de una cuna muy humilde y se forja en una infancia de estrecheces. Su padre, Dinis Aveiro, trabajaba de jardinero municipal y colaboraba como utillero en el club Andorinha. El alcohol le llevó a la tumba con 54 años años, víctima de una insuficiencia hepática. Su madre, Dolores, limpiaba y cocinaba en casas ajenas. No era fácil sacar adelante a cuatro hijos. El mayor, Hugo, se enganchó a las drogas como otros chicos del barrio. La primera cura de desintoxicación se la pagó su madre a duras penas. La segunda y definitiva ya corrió a cuenta del pequeño de la casa, que a los doce años abandonó el hogar familiar y se trasladó a Lisboa, a la academia del Sporting. Allí lloró durante meses cada noche, al acostarse, pensando en los suyos.
La carrera de Cristiano Ronaldo desde que fichó por los leones es de sobra conocida: del Sporting de Lisboa pasó al Manchester United, donde se consagró a nivel mundial hasta obtener en 2008 el FIFA World Player, y del Manchester al Real Madrid el pasado verano tras el pago del mayor traspaso de la historia del fútbol: 96 millones de euros. Su ascenso fulgurante al estrellato ha sorprendido a todos, incluidos sus paisanos de Madeira y sus vecinos. A algunos, sin embargo, más que a otros. Francisco Afonso, por ejemplo, siempre confió en que aquel niño delgado y menudo al que sus compañeros llamaban 'avispa' llegaría lejos.
Todo un carácter
Los visitantes, tras abandonar la Travessa da Quinta do Falcao, necesitan de una buena caminata rompepiernas y de varias indicaciones más o menos precisas para encontrar, en el número 30 de la calle Camino de San Antonio, el domicilio del primer entrenador que tuvo Cristiano Ronaldo. Maestro de Primaria jubilado en la escuela Laranjal y gran aficionado al fútbol, Francisco Afonso recuerda con nostalgia aquella época. Eran otros tiempos.
-«Entonces tenía que ir casa por casa convenciendo a los padres para que llevaran a los niños a jugar al fútbol. No era el caso de Cristiano, porque como sabe su padre trabajaba en el Andorinha y fue él quien le apuntó. Pero a muchos otros, sí. Y mire ahora. Ahora todos los padres llevan a sus hijos a los clubes a ver si les sale una estrella»-, se ríe.
Afonso entra en casa y sale al cabo de unos segundos con una fotografía en la que se le ve junto a Cristiano sosteniendo la Bota de Oro que el delantero del Real Madrid ganó en 2008. El maestro no oculta la admiración que siente por él.
-«Era un niño 'brincalhao' (travieso) que sólo pensaba en el fútbol. Recuerdo que, al principio, jugábamos partidos de tres contra tres. Él lo daba todo. Era tremendo en ese sentido. Fuera del campo era muy bromista, pero dentro se transformaba. A veces reñía con los compañeros cuando hacían algo mal. Sólo quería ganar»-, recuerda.
Las huellas del ídolo
Ese carácter, unido a un talento que el propio jugador se encargó de pulir entrenado más que nadie, ha sido decisivo para que Cristiano Ronaldo haya llegado a donde ha llegado, que en el caso de Madeira es el cielo de los dioses. La isla está llena de huellas que delatan su presencia, aunque lo cierto es que el futbolista para muy poco por la casa que compró a su madre en Livramento, un buen barrio de Funchal. Pero Cristiano, como una divinidad, está en todas partes y, sobre todo, en aquellos lugares que forman parte de su biografía.
Es el caso del Club Nacional, en el que el jugador del Real Madrid estuvo dos temporadas antes de saltar al continente por 25.000 euros. Los hinchas del equipo albinegro lo consideran uno de los suyos y todavía celebran el día venturoso en que el padrino de Cristiano Ronaldo, Fernao Sousa, decidió que su ahijado jugara en el Nacional en lugar de hacerlo en el Marítimo, el primer club de la isla. Haber sido una de las cunas de Cristiano es, de hecho, uno de los grandes motivos de satisfacción del club de Choupana, que ha bautizado con el nombre del jugador el estadio de hierba artificial que se levanta junto al estadio de Madeira. En él juegan los equipos de las categorías inferiores del Nacional.
Y qué decir del viejo Andorinha. El club, fundado en 1925, ha prosperado mucho en los últimos años. Tiene nueve equipos y el senior ha subido este año a Tercera. Del viejo campo del Liceo en el que correteaba el hijo de Dinis Aveiro ha pasado a unas nuevas instalaciones en el Camino do Riberinho, en la parte alta de San Antonio, muy cerca del estadio del Marítimo. La entrada al campo la preside una gran fotografía de Cristiano Ronaldo con la camiseta del Manchester United. «Es el mejor. Es nuestro orgullo. Felicidades al FIFA World Player 2008», se lee.
También en el bar se recuerda a Cristiano Ronaldo. Y no sólo en las conversaciones de los presentes que, en vísperas del partido entre Portugal y Hungría, cerveza Coral en mano, discuten sobre las posibilidades de su selección y sobre las causas de la sequía goleadora de CR7 (ahora CR9) con el equipo nacional. Encima de la máquina de tabaco, en un panel de corcho, los visitantes descubren dos pequeñas fotografías descoloridas pero de gran valor informativo. La primera corresponde al primer carnet que el jugador más caro del mundo tuvo como futbolista federado en 1994. La segunda es la de un equipo formado del Andorinha aquel mismo año. Cristiano es el último por la derecha de la fila superior. A su lado se encuentra su padre, un hombre alto y bien parecido, con barba. Su hijo sentía por él una devoción invencible.
El amigo de Dinis
A las siete de la tarde, como bien decía el maestro Afonso, el campo del Andorinha está lleno de niños, de padres y de sueños casi imposibles. La campaña de captación de jugadores y socios -«Una 'andorinha' (golondrina) no hace primavera» ha sido su bonito lema- parece haber tenido éxito. Los visitantes buscan por las instalaciones a viejos conocidos de Cristiano Ronaldo. No hay muchos, pero sí uno muy especial: Rui Alberto da Silva.
-«Lo tuve muchas veces en mis brazos»-, dice, luciendo orgulloso una gran sonrisa desdentada.
Rui Alberto da Silva, utillero del Andorinha, era íntimo amigo de Dinis Aveiro. Trabajaron juntos durante años. Como Adelino Augusto Andrade, también él recuerda a Cristiano siempre con un balón bajo el brazo y se alegra de la buena vida que el jugador ha podido dar a su familia; de que Dolores viva ahora como una reina y viaje en jet privado, de que Hugo regente una empresa de pinturas, de que Elma dirija en Lisboa la marca CR7 y Katia se haya arrancado en una voluntariosa carrera como cantante bajo el nombre artístico de Ronalda.
Rui Alberto da Silva acompaña a los visitantes hasta el pequeño campo de fútbol 7 que se levanta al final de las instalaciones. Les quiere enseñar algo. Es un gran cartel con el retrato en blanco y negro de su amigo Dinis Aveiro y un pequeño texto que él no sabe leer pero le han dicho que dice una gran verdad: «Un hombre simple que con el éxito de su hijo Cristiano Ronaldo, la gran estrella del fútbol mundial, en lugar de cambiar su forma de estar en la vida, mantuvo siempre los mismos hábitos, las mismas amistades y el mismo amor por el club de su corazón, el club de fútbol Andorinha».
Anochece sobre Madeira. Monte abajo, Funchal ya está brillando. Rui Alberto no puede evitar un gesto de melancolía. Han pasado cinco años desde la muerte de Dinis, pero no deja de echarle de menos. Y eso que era del Benfica y él se ha desvivido toda la vida con los dragones del Oporto. Pero le falta su amistad. Le faltan las bromas y los juramentos durante el trabajo, las confesiones, los tragos...
-«Pienso mucho en él. Es triste que no haya podido ver a dónde ha llegado su hijo», se despide.
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El niño con el balón bajo el brazo
Un grupo de niños del Andorinha de Funchal, el primer club en el que jugó Cristiano Ronaldo, al término del entrenamiento. Todos sueñan con seguir los pasos de su ídolo.
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Adelino Augusto Andrade siempre recuerda a Cristiano con el balón bajo el brazo.
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Francisco Afonso, el primer entrenador de Cristiano.
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