No lo esperaba, pero el Premio Nacional de Narrativa le ha llegado a Kirmen Uribe (Ondarroa, 1970) en el momento adecuado. Así lo ve él mismo. «Hay veces que lo necesitas para seguir. Es como un 'te quiero'». Y eso que su libro 'Bilbao-New York-Bilbao' todavía no tiene editor en castellano, tras el abandono del proyecto por parte de uno de los grandes sellos. Pero el problema se solucionará y todo indica que el libro llegará a las librerías en breve. En su primera incursión en la novela, Kirmen Uribe busca una nueva forma de contar y eso es precisamente lo que ha interesado al jurado para concederle el premio. «Es una novela que arriesga mucho y creo que es esto lo que han valorado», señala el autor de 'Mientras tanto dame la mano', su primer gran éxito. Y parece que el riesgo ha merecido la pena, ya que ayer obtuvo el Nacional de Narrativa que otorga el Ministerio de Cultura, después de ganar el de la Crítica.
El vuelo entre la capital vizcaína y la ciudad de los rascacielos es la excusa de un escritor (él mismo) para contar la historia de tres generaciones. La de su abuelo, en la preguerra, y en la que aparecen artistas como Aurelio Arteta, los hermanos Zubiaurre, etc; la de sus padres, en los años del franquismo, tiempos dedicados al trabajo; y finalmente su generación, retratada dentro del avión.
Autor multimedia, le gusta combinar poesía con música, artes plásticas y demás. «Los artistas debemos probar todos los soportes a nuestro alcance», precisa Kirmen, que también colabora habitualmente con EL CORREO.
-Este es su año. Primero el premio de la Crítica en euskera y ahora el Nacional de Narrativa por 'Bilbao-New York-Bilbao'.
-Eso parece. Pero 'Bilbao-New York-Bilbao' no es una novela convencional y tenía mucha inquietud por saber cómo resultaba. El libro es un juego entre el lector y yo, y éste acaba descubriendo que no soy fiable. Hay espacios en blanco que el lector tiene que llenar. La estructura de la novela es diferente, me gusta romper géneros. Pero los premios y los lectores han confirmado, tanto en euskera como en castellano, que la apuesta que había hecho, el trabajo de cuatro años, ha servido.
Un año muy bonito
-Podríamos decir que Patxi López, que eligió su poema 'Maiatza' para jurar como lehendakari, le da suerte, le ha convertido en el autor vasco de moda.
-(risas). Sí, tal vez. Lo del poema fue un detalle y puede ser que me haya dado suerte. La verdad es que ha sido un año muy bonito.
-¿A qué se debe la atracción que siente la nueva generación de autores vascos por Nueva York?
-Nosotros en el País Vasco vivimos en una comunidad muy pequeña, y aunque es fronteriza y en ella conviven diferentes lenguas, sigue siendo muy pequeña. A mi generación le atrae Nueva York por ser uno de los centros del mundo globalizado. Desde pequeño me ha llamado mucho la atención la literatura americana, su música, el cómic, el cine. Yo cuando voy allá me siento libre. Es un momento en que me siento yo mismo, me despejo mentalmente.
-Sin embargo, los 'americanos' tradicionalmente no caen demasiado bien en Europa.
-En mi generación no tanto. Personalmente siempre he sido bastante pro-americano. Por supuesto que me gusta Europa y el crisol de culturas que durante miles de años ha ido preservando, pero en Estados Unidos he aprendido mucho, sobre todo en Nueva York. Se trata de una ciudad muy abierta, donde he visto a las personas y a las lenguas convivir; donde las diferentes ideologías se entremezclan. Paul Auster decía en una entrevista que en Nueva York la gente se esfuerza por convivir. Y eso es lo que echo en falta aquí.
-¿Nueva York es el espejo donde cree que Euskadi debiera mirarse en ese sentido del respeto entre culturas y lenguas?
-Sí, y de una forma muy abierta. Creo que estamos dando pasos en este sentido. Quiero pensar que los escritores de mi generación ya lo ven así, que ven a la diversidad de lenguas como algo natural y que contemplan la convivencia entre ellas sin problemas, con normalidad. Y que además creen en esa convivencia.
Comunicación oral
-Los premios los está recibiendo por una novela; sin embargo, usted es fundamentalmente poeta. ¿No le supone un cierto punto de amargura que esa faceta esencial sea menos reconocida?
-Como autor, soy las dos cosas y desde luego no pienso dejar de escribir poesía. La poesía me sirve para reinventarme, para reírme de mí mismo. Me vale para estar con el lector. Ese contacto directo con el público, aunque haya veinte personas en una sala, lo valoro mucho y esto es algo que no tienen los novelistas. Los americanos lo llaman 'la palabra hablada', poetas que sólo hacen recitales, incluso que no publican libros. Lo oral siempre va a estar vivo y siempre vamos a necesitar la cercanía que implica. No ligo lo oral con lo tradicional, sino con las necesidades de cada individuo, y esto es algo contemporáneo.
-De ahí su gusto por juntar poesía con música, proyecciones, etc...
-La poesía vive en todas partes, en Internet, en una canción... Yo soy un desobediente y me gusta probar, romper con los géneros. Cuando preguntan si ha llegado la muerte de la novela digo que no, que todavía le quedan miles de formas por desarrollarse.
-En los blogs y foros de EL CORREO ya han aparecido las primeras críticas e interpretaciones a su premio.
-¡Cuánta envidia, qué mala es la envidia! Lo importante es que la traducción al castellano de mi novela también funcione. Por tanto, ni caso.