Un hombre de 47 años fue detenido ayer en Madrid, tras haber matado a cuchilladas a sus padres, de 83 y 77 años, en su domicilio del distrito de Fuencarral. El parricida, que sufre un grave trastorno mental, intentó suicidarse clavándose el cuchillo en el torso, los brazos y finalmente en la garganta, antes de ser detenido por agentes de la Policía.
El crimen se produjo a primera hora de la mañana. La comisaría de Fuencarral recibió una llamada en la que un vecino alertaba de que había dos cadáveres en una vivienda y que dentro se encontraba un individuo en actitud «muy agresiva», que estaba bañado en sangre y tenía evidentes problemas psiquiátricos.
Al inmueble acudió una patrulla de la Policía que identificó los cuerpos sin vida de Jorge P. B., de 83 años, y Sheila P. P., de 77, un matrimonio -ella de origen irlandés- que se había establecido en Madrid hace treinta años.
Confesó el doble crimen
Junto a los cadáveres se encontraba el menor de su hijos, Andrés, que estaba sentado y tenía un cuchillo en la mano. El hombre, aquejado de esquizofrenia, se había infligido varios cortes por los que sangraba abundantemente; sobre todo, por el que se había hecho en la tráquea. El individuo, que se encontraba muy alterado, reconoció haber matado a sus padres y fue trasladado de inmediato al Hospital de La Paz, donde ingresó en estado muy grave.
Los vecinos confirmaron que el detenido estaba sometido a medicación y vivía con su familia. Su madre se ayudaba con un bastón para andar porque tenía un problema en los huesos, mientras que su padre, un antiguo profesor de la Universidad de Salamanca, se desplazaba en silla de ruedas. También tenían otra hija que no residía con ellos.
Hasta ayer, Andrés se había comportado de manera «correcta» y pasaba el tiempo reparando un coche utilitario que aparcaba delante de casa. La madre había puesto al vecindario al corriente de la enfermedad mental que sufría su hijo. «El hombre parecía normal, saludaba si le decías buenos días», aseguró ayer una inquilinas del inmueble.
Otra vecina comentó, sin embargo, que el estado del parricida había empeorado en los últimos tiempos. Según su versión, tenía días en los que parecía una persona corriente y otros «en los que se le notaba trastornado». Sin embargo, nunca había protagonizado altercado alguno en el barrio.