El Alavés explotó ayer las evidentes diferencias de calidad entre dos plantillas de diferente dimensión para mantener la racha en Mendizorroza y sumar la cuarta victoria consecutiva en el paseo de Cervantes. El Compostela ejerció de amable invitado para dejar atrás el bofetón de Ferrol y recuperar la sensibilidad en la cara gracias a uno de esos triunfos tan necesarios como obligados. En otro partido desigual, los chispazos albiazules apuntaron a una setencia temprana no ejecutada por falta de puntería para dar paso después a las habituales lagunas, la incertidumbre y una posterior resolución cómoda que vuelve a acercar el liderato.
Quizás una de las conclusiones claras de las ocho primeras jornadas es que éste Alavés disfruta con la velocidad y los espacios, como los ayer concedidos por un Compostela que perdió balones en zonas peligrosas, y se atasca en las tareas combinativas. Una situación común en el mundo del fútbol, pero que los grandes de cada categoría deben resolver si quieren vivir con holgura en la cima clasificatoria. Ayer, a la escuadra albiazul volvió a faltarle temple y posesión para controlar el duelo tras el 1-0 y sólo en acciones aisladas logró abrir brecha en el marcador cuando los temblores acechaban Mendizorroza.
Con cinco novedades
Entre las bajas y las decisiones técnicas, el Alavés se plantó sobre el césped con cinco caras nuevas. Neru se estrenaba en la titularidad y Mesquita regresaba al once. Romerito, Ruano y Óscar Martínez también volvían. Todo para mitigar las obligadas ausencias de Cuesta, Carrión, Bouzas y Guereñu, así como la suplencia de Igor Martínez. Con un centro del campo en cuadro, Pereira ni siquiera convocó a Fran Moreno, en lo que se antojó un mensaje bastante claro.
El técnico albiazul dibujó un 4-1-4-1, con Romerito por delante de los centrales. Diego Segura y Geni, éste bastante desubicado, trataban de ayudar en la creación. Pese a los numerosos cambios, el Alavés mantuvo una fisonomía similar a la de anteriores citas. Ese juego atropellado, pero con pegada. Un equipo que, de nuevo en casa, encontró rápido la ventaja, obra de Ruano pero facilitado por Óscar Martínez, de lo más entonado en el arranque albiazul.
Otra vez se extendió por las gradas la sensación de placidez, de una superioridad manifiesta ante un rival blando, pero a falta de rúbrica adecuada. También cierta insistencia en agradar a base de un excesivo virtuosismo en las inmediaciones del área. Diego Segura, activo pero al que se le niega el gol en este inicio de campaña, rozó el 2-0, igual que Rico en la misma acción.
Tampoco se quedó Mendizorroza sin la ración de arbitraje grotesco. Primero con una ensalada de tarjetas y más adelante con un Del Río Ayete al que alguien debería pedir explicaciones por mantener al visitante Jimy dos minutos fuera del campo. Perdió una bota tras ser pisado por un albiazul y el colegiado, que constantemente le mirada, le negó la entrada al césped hasta que se le antojó. Inaudito.
El Alavés comenzaba ya a acunarse en el triunfo ajustado cuando el Compostela desperdició su única ocasión clara. El aviso en el arranque de la segunda mitad no debió llegar a oídos albiazules. Cada vez más plano y sin recursos para sacar la pelota con claridad ante un adversario que adelantó líneas por necesidad, el cuadro de Pereira se atascaba. Otra vez sin capacidad para manejar los tiempos. Ni posesión de balón ni sentencia al contragolpe. Muchas dudas.
Penalti, 2-0 y expulsión
Otra pillería, esta vez de Diego Segura al robar un balón al central, acabó con el tobogán de emociones. Penalti claro, expulsión de Jimy y gol de Rico desde los once metros. Por si había dudas, el ex jugador de la Cultural bordó el tercero cuatro minutos después en una falta perfecta a la escuadra del portero Castro, uno de los más entonados del frágil Compostela.
Pereira había movido el banquillo, aunque el duelo se rompió por otros costados, casi siempre circunstanciales y ligados a la calidad individual. El choque sirvió, eso sí, para el debut de Vicente Moscardó que, pese a alguna pérdida de balón, apuntó buenas maneras en una posición clave, el medio centro. Ahí queda mucho trabajo para hilvanar el juego alavesista y encolar así un equipo donde hasta ahora el pegamento ha agarrado con bastante firmeza en defensa y ataque, mientras la zona ancha parece aún despegada. El camino hacia un conjunto aún más solvente puede pasar por ahí.