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11.10.09 -

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D esde la confirmación de los primeros casos en Norteamérica, tanto la OMS como los servicios sanitarios de todo el mundo nos han advertido y, finalmente, confirmado una pandemia por el virus de influenza tipo An(uevo)H1N1. Los medios de comunicación se han hecho amplio eco de la situación y se han difundido recomendaciones con las que se pretenden prevenir los contagios. Sin embargo, a estas alturas, la OMS y el resto de organizaciones sanitarias ya han tirado la toalla respecto al diagnóstico riguroso de los casos y aceptan la imposibilidad de impedir la pandemia. El caso es que parece que el mensaje principal que llega al público sea que la clave contra la gripe estival de 2009 es evitar el contagio y tener suficiente vacuna. Pero, ¿es esto así o ya hemos sido expuestos y hemos sobrevivido sin más? Afortunadamente, parece que ya se han comenzado a difundir las impresiones de los que, habiendo padecido la enfermedad, pueden contarlas. Por cierto, son la inmensa mayoría. ¿Quién no conoce a alguien más o menos próximo que ha padecido un síndrome gripal este verano?
El servicio de Vigilancia Epidemiológica del Departamento de Sanidad y Consumo del Gobierno vasco facilita unos puntuales informes semanales con los casos detectados por la red de médicos centinelas y sus confirmaciones laboratoriales. Estos informes demuestran que el 99% de los casos de gripe de este verano han sido causados por el nuevo tipo de virus AnH1N1. Además, indican que la inmunidad frente a H1N1 en la población vasca, al igual que se ha observado en otros lugares del mundo, puede ser relativamente alta. Así, se observa que, a partir de 25 años de edad, la tasa de ataque (proporción acumulada de casos en el conjunto de la población) cae al 20% de la que se registra entre los 0 y los 24. Asumiendo que todos hemos estado expuestos a niveles similares de infección, se puede deducir que 4/5 de la población mayor de 25 años no se ha infecta do y que se debe probablemente a que tiene un cierto grado de inmunidad o resistencia.
En mi opinión, haber confirmado la infección por H1N1 de todos los casos habría transmitido confianza en la levedad de la infección entre la población. Para mí, la cuestión no es tanto curar a los enfermos actuales, algo en lo que nuestro sistema sanitario es excelente, sino en aprender sobre los mecanismos de transmisión de las enfermedades y sobre cómo distinguir bien entre diferentes infecciones. En medicina veterinaria está muy claro que lo importante son las poblaciones y así, en los meses pasados se realizaban pruebas de unos 30 euros más gastos de toma y envío de muestras a terneros que valían 60 o 100 euros para saber si cada uno de ellos estaba infectado o no de lengua azul en menos de 24 horas. Una irónica comparación entre el manejo de las infecciones humanas y animales fue publicada hace unas semanas en 'Deia' ('Vacunemos a toda la población', Jon Arruti, 5-8-2009). En esta situación de pandemia humana, sin embargo, sólo sabemos que alrededor de un 1% de la población vasca ha sido infectada por AnH1N1, pero no sabemos si cada uno de nosotros en particular ha sido infectado o expuesto.
Como he dicho, hay evidencias claras de que las infecciones por H1N1 dejan al que las sobrevive una inmunidad de por vida. En consecuencia, ¿no será mejor, si no se tienen factores de riesgo, dejar que las cosas sigan su curso normal y que si nos tenemos que infectar, nos infectemos? Vivir en una burbuja es imposible y hay algunas infecciones que hay que pasar para vivir en grupo. Si esta gripe es incluso menos grave que la estacional ¿lavarnos y desinfectarnos las manos cinco veces al día, no podrá crear otro problema por falta de sensibilización del sistema inmune a antígenos comunes? Hay que recordar que infección y enfermedad no son sinónimas. La infección puede ser completamente subclínica y proporcionar una inmunidad de por vida sin que el individuo pierda su buen estado de salud. Si en lugar de vivir aterrados por la posibilidad de infectarnos, sabemos que tenemos defensas y que ya hemos pasado la infección porque un laboratorio lo ha confirmado, ¿no actuaría cada paciente como demostración palpable para el resto de la población de que no es necesario colapsar la parte más cara del sistema sanitario que es la asistencial?
Por otro lado, es de agradecer en este caso que se haya evitado culpabilizar a la ganadería y sus productos. Efectivamente, si denominar a la pandemia gripe porcina es un error, también lo es denominarla gripe A, ya que de este tipo son la inmensa mayoría de las gripes y especialmente las que afectan a los animales. Por ello, yo prefiero llamarla gripe estival de 2009. Esta desvinculación, sin embargo, parece haber hecho olvidar el carácter zoonótico de los virus de influenza. Aunque el virus actual tenga una clara especificidad por la especie humana y no requiera actuaciones inmediatas en las poblaciones animales, sería importante dedicar algunos recursos y tener en cuenta los conocimientos veterinarios en el tema. Lo mismo que se prevén ya las necesidades futuras para manejar la enfermedad clínica en los humanos, es necesario vigilar el grado en que el virus puede alcanzar a las poblaciones animales y mantenerse en ellas. Lo que quedó de la alerta de influenza aviar, la vigilancia de las aves, cubre bien ese reservorio y sabemos las cepas que circulan en él. Sin embargo, este sistema deja al descubierto a los porcinos y a otras especies de mamíferos domésticos. ¿Hay que recordar que el sida A salió de los simios y el SARS de las civetas, que la fiebre Q se acantona en algunas especies de rumiantes o que,la tuberculosis digestiva infantil tenía su origen en la leche cruda de vacas y cabras enfermas?
En definitiva, si las profecías de catástrofes tenían como objetivo asustar a la población para llevarlas a acciones socio-religiosas determinadas, hoy día tenemos herramientas para informar a la población de los conocimientos científicos más avanzados y de la gravedad e inminencia de los riesgos que les pueden amenazar y afectar su vida diaria. Nuestra sociedad tiene los recursos para atender las emergencias, pero también para anticiparse a ellas y planificar medidas para el futuro. La epidemiología, la ciencia que estudia las enfermedades en las poblaciones, proporciona las herramientas, pero frente a una medicina humana focalizada en la curación, tiende a estar infravalorada e infradotada. Cuando, como en este caso, se trata de una zoonosis o enfermedad transmitida entre el hombre y los animales, también la epidemiología veterinaria tiene mucho que aportar. Si la sociedad quiere adelantarse a los problemas de salud futuros no puede conformarse con un 50% de confirmación de los casos de síndrome gripal que parece ser la regla en todo el mundo. Es necesario saber si los casos clínicos, eficientemente detectados y tratados, son infecciones por AnH1N1, por otros tipos de influenza, otros virus respiratorios o si son causados por alguna bacteria como Coxiella, por poner un ejemplo de zoonosis especialmente estudiada en la CAPV. Además debe extremarse la vigilancia de las enfermedades en los animales domésticos y silvestres. La CAPV tiene las infraestructuras básicas de conocimientos e instalaciones, pero es necesario que se les encomiende la misión y se les dote de los recursos adicionales. Sería una lástima que la sociedad vasca perdiese esta oportunidad de sensibilización social para adelantarse una vez más y mejorar su capacidad de prevenir algunos riesgos zoonósicos e infecciosos en general.
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