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Las canciones se convierten en accesorios imprescindibles de las pasarelas
11.10.09 -

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La moda tiene su particular ritmo. Se ve, se palpa y hasta se puede escuchar. Porque suena. A todo volumen y con estilos diametralmente opuestos. De forma violenta, como cuando Jil Sander echa mano del desasosegante trip hop industrial de la banda de Bristol Portishead para vestir sus minimalistas colecciones, o recuperando éxitos de los años cuarenta, como acostumbra Rubin Singer, un modisto que echó los dientes junto a Bill Blass y Óscar De la Renta antes de su estreno en solitario.
El creador neoyorquino suele ambientar sus pasarelas con clásicos como 'Boogie Woogie Bugle Boy' de las Andrews Sisters y el 'Fever' de Peggy Lee, cuando no 'samplea' la voz de Frank Sinatra. No sólo eso. Cuenta que la inspiración le surge de caminar por las calles de Manhattan escuchando canciones en su iPod. Christina Aguilera es una de las fijas en su reproductor y 'Candyman', uno de sus temas favoritos. «Ahí es cuando la colección comienza a materializarse», reflexiona.
La música como germen del proceso. Antonio Miró bucea en los acordes del guitarrista belga Django Reinhardt para dar forma a sus sobrios diseños y la vizcaína Alicia Rueda impregna sus creaciones con el estilo que nunca ha traicionado: el rock duro y alternativo. De gente como Linkin Park, Muse o Glasvegas. Suenan siempre en sus desfiles. Las bandas sonoras marcan la puesta en escena de todas las pasarelas. La elección está muy bien calculada para evitar riesgos, transmitir estados de ánimo y las claves de comercialización. «La música es el lazo de la caja», expresa Custo. «Un accesorio más», según Rueda. «Desde hace ocho años la música la mezcla e incluso compone la artista plástica y 'dj' Begoña Muñoz. Me conoce a la perfección», subraya el bilbaíno Ion Fiz. Nadie escapa a su influencia, pese al riesgo de desviar la atención del objetivo prioritario -los diseños- y secundario -las modelos-.
Baño de glam
Las pasarelas se dan un baño de glam. Grandes como Chanel y Gucci recurren con asiduidad a David Bowie y Queen. Lógico. Glam viene de glamour y aquella época de comienzos de los 70 fue quizá el momento en el que más cerca estuvieron los mundos de la moda y la música. Los artistas se vestían y maquillaban de formas excesivas y fantasiosas.
Marc Jacobs, el creador más influyente de los últimos diez años, vuelve a dar una lección al frente de Louis Vuitton al adentrarse en los territorios de la clásica contemporánea -con el estonio Arvo Pärt ofreciendo piezas minimalistas con vocación trascendente-, la vanguardia -de la mano del holandés Thom Willems- y americana de distintas generaciones y estilos en combinación alegre, desprejuiciada y panorámica. Así, ambienta sus líneas con Cat Power, modelo de tantas cantautoras modernas, rescata el clásico de Lou Reed -'Walk on the wild side'- modernizado con la base del 'Tom's diner' de Suzanne Vega, sin olvidar el temazo 'When we refuse to suffer', de Jonathan Richman.
Menos ecléctica, Prada pone a caminar a sus maniquíes al ritmo de la poetisa del electropop de vanguardia, Anne Clark, el pop electrónico de Circlesquare y el jazz espacial y pasado de rosca de John Hill, de quien recupera joyitas perdidas -'Green Gold' y 'The emptiness Cries'- que hablan del origen extraterrestre de la vida en la Tierra. Jean Paul Gaultier, cerebro de Hermès, exhibe su alma transgresora con el mayor símbolo del punk de finales de los 70: The Clash. Quién les iba a decir a los apóstoles del punk anticapitalista que acabarían siendo el altavoz de las adineradas clientas ocupando las mejores localidades del 'front-row'. Tampoco se queda atrás Dior, que baila con 'Deep In Vogue', el himno del mánager de los Sex Pistols, Malcolm McLaren. Un tema pensado ex profeso para los desfiles.
Más allá de superventas como U2, con los que Burberry Prorsum estiliza sus presentaciones para la defensa del proletariado fashionista, y Kanye West, al servicio de Balenciaga, sorprende el mal rollo que Raf Simons transmite a sus seguidores con la angustiosa 'Machine Gun', de Portishead, y la caña que Calvin Klein mete con las guitarras que asuelan en el 'Velvet' de The Big Pink. Para tranquilidad siempre quedarán las melodías que Hilfiger encuentra en George Michael y Dsquared2, en Cole Porter. Corrientes al margen, la música y la moda desfilan de la mano para todos los modistos.
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